lunes, 20 de julio de 2009

Saudade

(Las horas colgadas, José Hernández)



"se desprende de tu mirar el magnífico abandono de los animales adormecidos"


(De Dispersos De Milfontes, Al Berto)



La ciudad se ha fugado
del incendio que consume los estambres;
busco refugio en sus esquinas pobladas
de reptiles ciegos.

El tiempo languidece
contando las horas secas;
inmóvil, me abandono a la agonía
de un recuerdo confundido entre las piedras.

Espero la desaparición
de la sal y el sabor de la espuma,
espero la costumbre
de la herida y el color del frío.

El silencio se acomoda
sobre las calles
moribundas,
en la quietud de la noche
me emborracho de saudade.

viernes, 10 de julio de 2009

En blanco



"Después

sólo quedó el silencio
como un brazo de luz hurgando en los cristales"

(De Métodos del recuerdo, Pablo Martín Coble)



Porque pudo ser un sueño,
no confío en el ardor de mi cuerpo,
ni en el azul infinito invadiendo la cortina
del amanecer de cualquier día.

Porque pudo no ser cierto,
no escribo versos con tu nombre,
ni busco las huellas del agua
que disuelvan el recuerdo de tu imagen.

Es sencillo soñarte
con los ojos
abiertos y un libro
en blanco, ávido
de palabras de ti.

Me resguardo en el silencio de tu lenguaje,
en la duda de tu sombra, en el reflejo
de un instante sin olvido ni memoria.


sábado, 4 de julio de 2009

Incomunidade


Si hay algo de lo que no podría arrepentirme nunca es de haber comenzado este blog, porque es de los pocos lugares en los que siempre recibes mucho más de lo que das. Todos sabéis tan bien como yo a lo que me refiero, y estos dos días anteriores me han vuelto a demostrar que tengo razón. Vuestros comentarios en mi última entrada son la prueba más fehaciente de ello, y a veces pienso que decir un simple gracias no basta (sé que os basta, pero me sabe a poco). Pero de momento, es lo único que puedo decir, gracias a todos por ser y estar en mi vida.

Por si fuera poco, ayer recibí una noticia que me llenó de alegría y que no puedo dejar de compartir. En mi entrada "Quebranto" tenía este comentario:

"en portugués:
http://incomunidade.blogspot.com/2009/07/quebranto.html"

Hace algunos días, Alfaro nos hablaba de la admirable labor de los traductores y nos acercaba la traducción de un poema de Friedrich Hölderlin realizada por Leo de Mar. Yo le comenté en aquella entrada que estoy leyendo poesía portuguesa y que debido a mi escaso conocimiento del idioma sentía que me perdía mucha belleza, lo que confirma lo difícil que es el trabajo de los traductores (de la poesía, especialmente). Ella me animó a seguir, a intentar traducir algún día uno de mis favoritos (no lo he olvidado pero me da demasiado miedo).

Que alguien se haya tomado la molestia de traducir un poema mío es el mejor de los regalos. Obrigada Alberto, no lo merezco...

Estaréis de acuerdo conmigo, vivir es raro y maravilloso.

jueves, 2 de julio de 2009

27


"A mí no me extraña. Es que todo es muy raro, en cuanto te fijas un poco. Lo raro es vivir. Que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer, que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria y que de esas ganas dependa a lo mejor el destino, es mucho a la vez, tú, no se abarca, y lo más raro es que lo encontramos normal."

(Lo raro es vivir, Carmen Martín Gaite)



Me pierdo en la huellas borradas mientras sigo pisando el aire.

Se me han atragantado los años y todas las horas etéreas.


No puedo detener mi ansia de vida en medio de la locura de dátiles maduros y raíces creciendo.


Y esta realidad extraña se ha enquistado a tu paso, huérfana de ti y de mi esperanza.


Por eso, me ofrezco a ti que no estás más que en mi casa, a ti que me miras desde entonces para recordarme las palabras que olvido.

Tu mirada es rotunda en el secreto de mis sueños, pese a la crueldad de sospecharte perdida en el reflejo del desierto, al que quizás alguna vez te desterré, del que siempre vuelves con arena en los bolsillos para enterrar mis dudas.

Has probado la miel de las sonrisas y lamido la soledad de las heridas.

Tal vez, no pueda ofrecerte más juegos que el de los mordiscos livianos a una vida que no nos pertenece.

Pero no sueltes mi mano, no todavía, aún necesito tu risa para hacerme cosquillas en el ombligo.