De aquellos días conservo
una vasija de palabras consumidas,
olor de barro ajado sudando
ruidos de un pasado prófugo
(busco tras su eco urgente la justificación de tu existencia)
La voz helada de esas noches
me persigue en forma de nubes,
amarillas por el hierro de tus manos,
lluvia férrea tatuada en mi
memoria púrpura
(metales acuáticos, látigos de viento y tu voz oxidada en medio)
Ahora la mañana bebe
de la cuenca de mis ojos, se cuela
por mi pelo empapado, me cura
de ti y de tu risa cóncava
(lloro por asesinar tus palabras y no poder hallarte en el fango)







