miércoles, 27 de mayo de 2009

Ahora que el tiempo se detiene

(Michel Larionov)


"Igual que en la ética el mal es consecuencia del bien, en realidad de la alegría nace la tristeza. O la memoria pasada es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido"

De Berenice, Edgar Allan Poe


Ahora que el tiempo se detiene
en esta absurda ebriedad de luna,
que los espacios de mis huesos se liberan
de todo antecedente, y no soy
más que el tenue reflejo de un pétalo muriendo;

ahora que escapan las palabras
por las esquinas de mis ojos,
que tus oídos desconocen mis lágrimas
de miedo, y el valor
se esconde al amparo del abandono,

deja que mi aliento descanse
sobre el lecho de tu memoria,
consiente ahora que mi cuerpo sangre
el hastío de tu desvelo,

ahora que no encuento
cómo sobrevivir a este vacío,
de ti tan lleno

lunes, 25 de mayo de 2009

Carta a un poeta

(Federico García Lorca)


"Nunca comprenderemos

lo desconocido.

Se ha apagado mi luz.

Estoy viejo y marchito,

y no vi descender

de la rama el rocío"


(El Gusano de luz 3º, en la escena V de "El maleficio de la mariposa", Federico García Lorca)




(Homenaje a Federico, Camarón de la Isla)


Esta tarde buscaba un árbol que me cobijase del lamento de la primavera. Y pensé en tus versos. Recordé esa encina vieja de bellotas metafísicas a la que una vez suplicabas. Recordé cómo pedías que una azul melodía surgiese del fondo de su resina para aliviar tus lágrimas. Qué mejor refugio que tu poesía. Palomas oscuras surgiendo de las ramas del laurel para llevarme lejos, para borrar el negro y profundo pentágrama sin clave que trae la lluvia. Canciones para alejar el llanto, canciones para que no duela tanto querer como quiero, canciones en las que esconder el secreto de la primavera. Ay, poeta, me trajiste el alba clareando la noche y el coral de la vida abrió su rama. Ahora vengo a escribirte y no me sale la voz del cuerpo, no hay palabra que no te hayan dicho, ni verso que no hayas soñado. No hay cigarra, ni luna, ni clavel, ni guitarra, ni chopo, ni hombre, ni mujer, ni niño que no te haya besado. Pero no me iré sin darte las gracias, no marcharé al sueño sin dejar asomar tu nombre, en un susurro, Federico, no hizo falta más que tu verso caliente, y nada más, en un susurro, sólo tu verso caliente, y nada más, Federico, una enorme luz que fuera luciérnaga de otra, en un campo de miradas rotas. Dilo tú, Federico García Lorca:


MADRIGAL APASIONADO

Quisiera estar en tus labios

para apagarme en la nieve

de tus dientes.

Quisiera estar en tu pecho

para en sangre deshacerme.

Quisiera en tu cabellera

de oro soñar para siempre.

Que tu corazón se hiciera

tumba del mío doliente.

Que tu carne sea mi carne,

que mi frente sea tu frente.

Quisiera que toda mi alma

entrara en tu cuerpo breve

y ser yo tu pensamiento

y ser yo tu blanco veste.

Para hacer que te enamores

de mí con pasión tan fuerte

que te consumas buscándome

sin que jamás ya me encuentres.

Para que vayas gritando

mi nombre hacia los ponientes,

preguntando por mí al agua,

bebiendo triste las hieles

que antes dejó en el camino

mi corazón al quererte.

Y yo mientras iré dentro

de tu cuerpo dulce y débil,

siendo yo, mujer, tú misma,

y estando en ti para siempre,

mientras tú en vano me buscas

desde Oriente a Occidente,

hasta que al fin nos quemara

la llama gris de la muerte.


sábado, 23 de mayo de 2009

En la sombra

(Emil Nolde)



"Pero al mismo tiempo es todo tan fugaz. Siempre fui e inmediatamente dejaba de ser. El día transcurre a su aire y hay abismos de silencio en mí."

De Un soplo de vida, Clarice Lispector



veo tus ojos posándose en la rama
y acabo mi mirada en la última
sombra del día; vértigo de horas
muertas, bajo el cansancio del alcanforero

permíteme la claridad de los abismos
al amparo del crepúsculo; vacío de ti
la fugacidad de esta añoranza
para deshacerme en la nada transparente

tu voz me abandona lenta
y detengo la palabra al borde

hazme ausencia presa en tu recuerdo

jueves, 21 de mayo de 2009

Pérdida

(Yves Tanguy)


"llueve sobre una mujer, la lluvia deja de ser lluvia, la mujer deja de ser mujer"
(De La tumba de Keats, Juan Carlos Mestre)


recibo la vileza del relámpago
cuando extirpa mi sombra,
mientras busco la vereda del camino incuestionable
en mi locura de espuma negra; abandono
la piel de mi presencia
en el recodo donde habitas, y silencio
el lamento del llanto sangriento
que lacera mis oídos

escucho ahora el ruego
del trueno, llega la luz
de la espuma transparente a mis párpados,

será que estoy fluyendo en la corriente
de mi angustia

será esta sequía de ti, naufragando en mi boca

miércoles, 20 de mayo de 2009

Tu semilla

(Georgia O'Keeffe)


"En ciertos casos, mis palabras podrían atravesar tus labios, entrar despacio en tu existencia; no lo que dicen sino las palabras mismas, su exhalación caliente como el amor"

De "Descripción de la mentira", Antonio Gamoneda




como si aparecieras en la bóveda
de mi sueño y rozaras mi pensamiento
para acallar los ruidos metálicos de cuchillos antiguos,

como si tus manos empujasen
el oxígeno con sabor de verso en mis pulmones,
y se perdiera tu claridad por algún rincón de mi abismo,

has llenado mi palabra de existencia
y tú, deshabitado, eres en mí el verbo que devoro,

de ti brotando, en ti me extingo




martes, 19 de mayo de 2009

Salvación

("Nudo Dolente", Amadeo Modigliani)


Arrastro mi existencia olvidada
de ti, en ejercicio de desarraigo feroz; clamo
la ignorancia del cálido sustento,

ayer curaste mis silencios de ojos sangrantes
y venenos mortales


vísteme hoy del frío que extravíe tu recuerdo,
y en la noche, abandónate
de mí,

vuelve a tu claridad de soles,

estoy enfermando de luz

lunes, 18 de mayo de 2009

Decir adiós


Qué extraño es quedarse sin palabras cuando querrías decirlo todo. Qué extraño, visitar los rincones que dejaron tus palabras y saber que ya no estás. Qué extraño, tener la seguridad de que sigues siendo, sin estar. Qué extraño es negarme a despedirte porque ni siquiera te he saludado. Qué extraño, llorarte en los oídos con la voz de Serrat, ensordecer con los ojos rebosando tu poesía. Qué extraño, buscarte como siempre, verte, oírte, leerte, como siempre, como cuando estabas, sabiendo que no estás. Querer despedirte y no saber cómo hacerlo es tan extraño como estar escribiendo esta despedida incoherente. Ya no estás, pero eres en todas partes en forma de necrológica y yo me pregunto quién escribirá tu epitafio, quién se atreverá a poner palabras en tu lápida. Yo, que no me atrevo ni a decirte adiós porque jamás te dije hola, me compadezco del encargado de rendirte homenaje en una frase para la eternidad. No hay palabras, Don Mario Benedetti, para decir todo lo que fuiste cuando estabas, y todo lo que eres sin estar.

viernes, 15 de mayo de 2009

Un pensamiento, un grito, una confesión

(El Poeta, Egon Schiele)

Apiádate de mí,
no te he inventado para que ocupes

esquinas de palabras decrépitas, ahora

se desbaratan las paredes que construí

en un sueño; es desvelo todo

lo que callas, lo que me desdices

ha empañado mi camino; ahora

tendré que desaparecerte.


Día te eximo de luz,

ya se ha ido el verso creado,

márchate poesía de la casa de mi soledad.


Soy cobarde ante el desconcierto

de tu belleza.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Inútil apetito

(René Magritte)




("Libre te quiero", Agustín García Calvo, cantado por Amancio Prada)



Yo quisiera morder tu alma,

si pudiera tomar sólo un pedazo
verde,
un ápice insignificante de tu suavidad,
y encerrarlo en mi boca hambrienta,
y embriagar de tu esencia mi paladar,
si pudiera acariciar las curvas de tus sueños
con mi lengua temerosa.

Yo quisiera atravesar tu sufrimiento en mi
garganta, hacer rosas de sus espinas
en mis entrañas, si pudiera
devorar tu angustia hasta deshacerla en jugos,
quisiera untar mis venas
con la sangre de tus miedos,
que mi corazón supiera devolverte
incólume la esperanza de tu vuelo.

Yo quisiera nutrir mi alma de tu alma
y vestir mis lágrimas con la sal de tu existencia,
pero quién soportaría convertirse en jaula
de la luz de tus alas.


martes, 12 de mayo de 2009

Traes

(Carmen Luna)


traes un brote de deseo

entre las manos


tirita tu corazón


cae


trizas verdes

en los pies


mi corazón

qué difícil caminar

con un sueño
entre las manos

lunes, 11 de mayo de 2009

Una noche (ésta, por ejemplo)

(David Hockney)


aplaco la cálida transparencia
de mi corazón, este corazón

que vierte rojo en las sábanas tibias

derramo la tinta en garabatos
azules, gélidos reflejos de mi
permanencia en el silencio vacuo

no viene la sombra a mis párpados,
ningún amarillo te alumbra
y callo, rota de lentitud

tiene que haber una x no resuelta
en el horizonte atezado
de restricción geométrica

el espejo ha perdido
los cristales, plata de luna fragmentada,
y callo, desbaratada en preguntas

hay noches que no entiendo
qué quiere decirme

tanta oscuridad


(últimos versos tomados de "La vida de los caracoles", de (*, nuestra dulce siseadora de sueños)

domingo, 10 de mayo de 2009

El detective y Leonor

Para Marcelo, que generosamente me prestó a su detective y sin quien no habría sido posible la historia de Leonor


(Horacio Coppola)

Debería sentirme segura a esta hora, con la calle abarrotada de gente y las luces brillando por encima del firmamento, pero después de la escena en casa seguro que me están siguiendo... y no he podido ponerme en contacto con él.

Tuvo que ser él quien entró en casa la otra noche, y ya sabrá que Agostino... Ay... cómo explicarle que ese matrimonio no fue cosa mía, cómo explicarle que mi familia estaba en deuda con ese hombre y debieron decidir entre entregar mi mano o perder la vida. A cambio de tener a mi familia a salvo, he pasado diez años de sufrimiento al lado de ese bastardo, cómo no iban a enamorarme unas cuantas cartas con promesas de liberación.

Me siento tan estúpida, debí haber acudido al detective en la primera carta y no en la 43. Qué espanto cuando mi marido me arrojó todas mis cartas a la cara, llamándome zorra mientras me tiraba del pelo como el maldito bestia que es. Mariela apareció justo a tiempo a socorrerme, un minuto más...

¿Y quién le habría dado esas cartas de no ser el Zurdo? Ahora sé que le llaman así, yo ni siquiera sé su nombre, y me había enamorado de sus palabras. Me lo dijo Agostino entre gritos y golpes:
"¡Con el Zurdo ni más ni menos, zorra! ¡Te voy a matar! ¡Voy a limpiar mi nombre con tu sangre!"
Así me enteré de su nombre, o de su apodo, o lo que demonios sea.

Y ahora corro despavorida, ensangrentada, con un abrigo de hombre cubriendo mis ropas rasgadas y apunto de desfallecer. El único sitio al que se me ocurre acudir es al despacho del detective, por Dios bendito que esté allí.


-Hola encanto, te esperaba, ¿subes?- ahí está el detective, con su pose más seductora, increíblemente a tiempo.
-¡Gracias! Eres un ángel, ¿cómo has sabido qué...-
-¡Te explico dentro! No hay tiempo que perder, ¡sube!

Sí, curiosamente, nuestro querido detective estaba allí esperando a Leonor. Y es que, desde que confirmó sus sospechas en la casa signorile, se decidió a terminar con el asunto del Zurdo de una vez por todas. Habían sido muchas las ocasiones en las que aquel despreciable había puesto en peligro la vida del detective e incontables en las que había traicionado su confianza, pero el desencadenante para urdir al fin su venganza fue Leonor, no podía consentir que el Zurdo pretendiese chantajear a la mujer que se había hecho dueña de sus sueños.

A primera hora de la mañana, después de la noche que descubrió el cuadro en casa de los Caruso (cómo resonaba en su mente ese apellido, cómo martilleaban su estómago los desgarradores celos) se entrevistó con uno de los hombres del italiano, para que le hiciera saber que tenía una información muy valiosa para él. El detective pretendía entregar a Agostino las 43 cartas que su esposa había estado recibiendo estos meses y, pese a no estar firmadas, podría demostrarle fácilmente quién era el remitente.

Todo se planeó la noche anterior, fue el destino. Tuvo que ser el destino el que quiso que Mariela fuera hija del compadre del detective. Quién, de no ser el destino, habría querido que Mariela trabajara en aquella casa sirviendo. Claramente, fue el destino el que quiso que Mariela sorprendiera al detective en su allanamiento. Y por estos juegos del destino, el detective salió ileso del lío del asalto, así fue como decidió que aquella niña no tan niña, pero que para él siempre sería la hija de su compadre, sería testigo perfecto de las i
das y venidas de las cartas secretas, además de ser la encargada de avisar a Leonor y asegurar que se pusiera a salvo a tiempo.

Por la tarde, el mismísimo Agostino Caruso telefoneó al detective para confirmar una cita privada con él la noche siguiente, no sin antes intentar averiguar de qué se trataba aquella información. Información que nuestro detective se negó a revelar de no ser en persona, en su despacho y a solas, sin secuaces ni más pistolas de las imprescindibles para garantizar una conversación entre caballeros.


Pero había un detalle que el detective no tuvo en cuenta en su plan. Sabía que el Zurdo ya había comenzado a contactar con el italiano para llevar a cabo su chantaje, pero como no podía dar a conocer su identidad aún no le había enseñado ninguna prueba, y esto le tranquilizaba. El problema era que, después de tantos años en el negocio de la est
afa, el Zurdo tenía pendiente más de una venganza, a decenas de enemigos y la oportunidad del carnicero perfecto con el Signore Agostino. Uno de estos enemigos se adelantó, y no uno cualquiera, el Chino, que también tenía algún palazo en la cabeza pendiente con nuestro detective, fue el primero en la carrera. Tras una paliza sangrienta, el Chino llevó el cuerpo inconsciente del Zurdo a uno de los almacenes del italiano, junto con las cartas manuscritas de Leonor. Por suerte, Mariela estaba en la casa y, aunque aún no había tenido tiempo de poner a salvo a Leonor, ni tan siquiera de advertirla, pudo ayudarla a huir y contactar con el detective.

(Horacio Coppola)


-¡Nos siguen!
-Tranquila, conseguiremos darles esquinazo. Voy a ponerte a salvo, encanto.
-Dios mío, ¿qué voy a hacer ahora? ¿Dónde iré? ¿Y mi familia?
-Leonor, tu familia estará bien, te aseguro que Agostino Caruso no tiene ningún interés en ellos. Se desahogará con el Zurdo y se cansará muy pronto de buscarte.
-Tú no sabes cómo es. Me iría contigo al fin del mundo si supiera que no nos encontraría, pero lo hará, y tú no mereces esto.
-No lo hará y te vendrás al fin del mundo conmigo, Leonor.

En el coche, a toda velocidad por el centro de Buenos Aires, el detective sólo podía pensar en que por una vez el amor estaba de su lado, y eso que él de amor siempre supo casi nada.

jueves, 7 de mayo de 2009

Carne poesía

(The Wave, Paul Seignac)



(Despierto, Fran Fernández)



eres la arena que tapiza
mi espalda de llagas deliciosas,
que se pierde
en mi cabello como granazón
de anhelos venideros,
eres la arena
que ensucia mi alma
de humedad infinita.


eres el agua que bautiza
mis muslos de místico azul,
que navega
por mis huecos recibiendo
el olor de mis huesos,
eres el agua
que rocía mi carne
de poesía reaprendida.


serás la ola que ahogue
mis instintos de éxtasis lozano,
que inunde
mis ángulos, hueros
antes de ti y de tu boca,
serás la ola
que vacíe mi cuerpo
de lóbregas soledades.


miércoles, 6 de mayo de 2009

El círculo

(El Círculo, Frida Kalho)


cuando el miedo me interroga,
queriendo más de mí de lo que sé,
las entrañas derraman su violencia
contenida al borde -sujeta apenas-

siento cómo se descose la urdimbre
de mi cuerpo, siento cómo exuda
mi esencia en minúsculas trazas,
añicos de mi leve consciencia

busco, a ciegas, las manos laceradas
que recojan los despojos de mí,
para remendar mis harapos de anhelos,
carne reconvertida en savia fresca

volverá dispuesta la demanda del miedo
a deshacer mi trinchera

martes, 5 de mayo de 2009

Ruego

(La morte al ballo, Felicien Rops)



Leyendo Santa Deriva, de Vicente Gallego



Palabra, luz de ayer,
que cobijaste tu secreto infinito,
tú que circunscribías mis pretensiones,
resguarda, palabra mía, el sabor
de mi llanto escrito en el horizonte.

Palabra, luz de ahora,
que arremolinas tu belleza insondable
y revelas tu maliciosa sonrisa,
tú, palabra, que remota me yuxtapones,
enjuaga ahora mis verbos gritados al aire.

Palabra, luz de mañana,
que vendrás a desbaratar el silencio,
palabra aún desaprendida que aliviarás
los temores hoy conjugados, acude
a sosegar el necesario baile de la muerte.



lunes, 4 de mayo de 2009

Domingo

"No quiero que pienses" yo
digo que no pienso en ello.

(Cómo podría olvidarlo

sin haberme muerto.)

(de Desaliento, José Hierro)


No ocurre nada y, sin embargo, un todo ensucia las paredes interiores del espacio que habito. Debería no pensar en ello, pero los cristales se han eclipsado y no me permiten mirar más allá de la luz que alguien olvidó apagar al marchar. El nombre se ha difuminado, es silencio murmurando, encerrado conmigo en este todo de nada en absoluto. Si yo fuera absoluta, sería más sencillo romper las ventanas, o si al menos hubiera absolución, podría salir por la mismísima puerta. Ah, no, pero eso no puede ser. Tengo que convivir con este calor sin una sola gota de lluvia que lo mitigue un poco, sin un solo murmullo de su nombre que alivie los incendios de silencio, que es el único que se atreve a hablar aquí dentro. Debería no pensar en ello, pero no puedo dejar que las llamas se propaguen arrasando palabras, son muy pocas las que sobreviven, qué pena que nadie se atreva a pronunciarlas.


Resisto el cruento embiste

de la hora inacabable

a duras penas.

No vendrá mi nombre malogrado

a mitigar la supurante espera.

Ni vendrá la ansiada indeferencia

a limpiar los restos de la hoguera.

En el instante preciso me libero de mí

a duras penas.

Quiera tu nombre perdonar el recuerdo

que mis huesos guardan de ti

a duras penas.

domingo, 3 de mayo de 2009

Taciturna ante ti

(Solitude, Jean Jacques Henner)


Por qué me cuesta tanto
hablarte, si tus ojos están tan llenos
de pureza que me eleva su luz por encima del alba;
y se encienden de cristales mis manos,
cuando viene el azul de tus dedos a tocar
la hondura de este cuerpo que no reconozco.

Por qué es tan difícil componer
tu nombre en el aire, si todo lo que tú eres
viene a enjuagar mi alma con azahares deshojados;
y me encandila el olor del recuerdo en las carnes,
cuando esparces la luz de tu abrazo
sobre el horizonte de este cuerpo que es tuyo.

Será que la noche me llenó la boca de silencios
para no quebrantar la eternidad de este instante
que me encamina a descubrirte.

Será que los dioses me han concedido
el don de enmudecer ante
el prodigio de amarte.


sábado, 2 de mayo de 2009

Antes de dormir

(The Tempest, Kokoshka)


apenas como la lluvia secreta de las voces,
hay alientos que sospecho cerca y
que imagino tuyos en mis manos; tú suspiras
el cansancio afuera, y me pregunto
silente, si mis ojos serán galenos o sólo vestigios

me responde el viento abrazando tu piel

en un susurro me cierras los párpados

viernes, 1 de mayo de 2009

Papá, cuéntame otra vez

(La lámpara de aceite, Miró)

Para Zen, cuentacuentos de agua y sal

"Dónde estará mi quitatiempo, ya se me ha vuelto a escapar. Ah, si fuera cierto...". Los bolsillos hacia afuera, el pelo alborotado tras la búsqueda que sus manos hacían intuitivamente como si en las mismas raíces fueran a encontrar un tesoro, los ojos perdidos en ninguna parte, y el peso de su cuerpo recordándole que era presencia latente en ese lugar. Si al menos el tiempo se apiadara de él y le diera un respiro, pero su voz le temblaba y el sudor de su frente no hacía más que delatar que su anatomía sabía lo que significaba llegar tarde al trabajo, y él necesitaba saber cuánto de tarde, con la precisión exacta del maldito quitatiempo.

"Querrás decir el reloj, papá. Pero mira cómo vas". El suspiro entre los silencios, la mirada compasiva y resignada, la paciencia apunto de claudicar, y el semblante rígido ante la triste imagen que le llegaba de un padre al que quería y al que dejó de comprender muchos años antes.

"Digo lo que quiero decir, Natalia. ¿Acaso tú miras el reloj cuando tienes tiempo? No, ¿verdad?, pues eso, quitatiempo he dicho. Ojalá se hubiera escapado por lástima hacia mí, para hacerme libre de las horas, Nati, ojalá no existieran esos cacharros que nos esclavizan y que tienen nombres engañosos. Pero qué va, debe haberse escondido para hacerme sufrir aún más, como si no fuera bastante con sólo presentirlo. Pero hija, no me mires así... te gustaba tanto llamar a las cosas por su nombre... ¿ya no lo recuerdas? "

"Era sólo una niña, ¿comprendes?, ya no creo en inventos y tú tampoco deberías hacerlo, papá, por favor. No puedes seguir arrastrando cuentos y hablando como si todo fuera verdad porque no lo es. Y aquí, que todos te conocemos, todavía tiene pase, pero es que lo haces en todas partes y nos avergüenzas, ¿no lo ves? No me mires así tú ahora, que sólo intento ayudarte. Y por amor de Dios, colócate un poco que vaya facha llevas. Toma tu reloj, son exactamente las siete y cincuenta y nueve de la mañana, entras a trabajar a las ocho, así que no, no tienes tiempo."

"Vale, hija, pero no te enfades, no llores... Anda mira, ya me arreglo, ya me voy a hacer de señor respetable, ¿vale?". Los bolsillos por dentro, el pelo reconquistando su lugar, los ojos en todas partes, y el peso de su cuerpo cada vez más pesado. Mientras tanto, su alma intentando encontrar un hueco entre las esquinas de su sombra, derrotada antes de comenzar la lucha.



Ésa fue la última vez que Natalia habló con su padre. Él nunca regresó. Ahora, dos años después, Natalia comenzaba una carta sin destinatario y con un remite difícil de definir:

"Sí, papá, lo recuerdo. Recuerdo el quitatiempo y al malvado brujo que decidió ponernos cadenas a todos sujetando nuestros minutos. Recuerdo el miralunas y a la extraordinaria sabia que antes de morir decidió revelarte el secreto de los satélites diminutos. Recuerdo al horrible aparcasueños que desterrabas de mi cuarto en las noches de tormenta. Recuerdo el duermesilencio que hacías sonar con tus manos cuando acechaba el eco de las paredes. Lo recuerdo hoy y lo recordaba entonces, pero tenía miedo, papá. Siempre fuimos distintos en eso, yo tenía miedo a soñar y tú miedo a dejar de hacerlo. Cuánto lo siento, y además yo conocía tu miedo, yo sabía por tus ojos lo mucho que habías sufrido, lo mucho que sufrías todavía, papá, por culpa de aquellos años. Tú sólo vivías allí por no vivir aquí, tú sólo querías que fuera contigo para que este mundo no me hiciera lo que a ti te hizo, dejarte solo. Pero ahora me has dejado sola... bueno, sola no, porque ahora lo entiendo, me has dejado tus cuentos. Si pudiera verte de nuevo para pedirte que me lo cuentes todo otra vez... Si volvieras, papá, a soñar conmigo..."