miércoles, 29 de abril de 2009

Ser, qué más se puede hacer

Antonio López



"Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago,

para que el universal equilibrio de que soy parte

no pierda el equilibrio."

Antonio Porchia





La Belleza, Luis Eduardo Aute



Bendito favor haber nacido
con los cinco sentidos
y hasta un sexto,
dicen,
para sentir los sentimientos.
Y siento,
vaya que si siento.

Como si no fuera suficiente
con oír el continente
de tus labios
cuando
te rebusco en mi presente.
Y sueño
despierta, porque dormir no puedo.

Torpe es la fortuna de existir
con todo este sentir
de ser yo,
hoy.
Pero qué hacer salvo insistir
en el verso,
que es lo único que me pide el cuerpo.

A él me debo.

Y a ti.

A tu equilibrio.

Y a tu belleza
de almendro floreciendo.


martes, 28 de abril de 2009

Otras rutas

Se sentía perdido, ahogado por el paso de ese tiempo desperdigado en algún rincón de su memoria que tan feliz le hizo. Quizás no tanto, pero ya se sabe que tendemos a idealizar los recuerdos, los vamos dibujando con pinceles nuevos y colores recién aprendidos; nunca es el mismo cuadro, pero cada vez es más añorado.

En su cuadro había muchas palabras, algunas borradas, otras tachadas con rebeldía pueril, pero la mayoría eran reescritas una y otra vez... por él, por otros, por nadie... Eran los nadie los más insistentes: isótopos, isótonos, isóbaros, todos iguales, todos isos y minúsculos, esenciales. Tantas eran las palabras de los otros, olvidadas y recordadas a cada vista, que se mezclaban entre sí como tejidos perfectos de una seda exquisita e incomprensible para él. Atraído y aturdido al tiempo, las diseccionaba hasta su último resquicio: "hay una hondanada a mis pies llena de encefalogramas planos" ¿será que mi sombra tiene alma y ha muerto?; "el llanto y el silencio unidos por un cordón umbilical", ¿será que soy un fantasma, muerto antes de nacer?; "desde lo que no existe, un destello de luz se pliega en el vacío" ¿será que sólo emito relámpagos desde mi nada?; "quizás buscamos sin saber lo que no existe" ¿será que me he encontrado?; "a veces me queman los silencios pronunciados en voz alta" basta, será que estoy gritando demasiado...

Entonces vino el abatimiento, para qué tantas preguntas. Cansado de oler flores secas de un pasado que no iba a regresar, hizo garabatos en su presente con desdén insidioso. Prefería no vivir un presente que tuviera que recordar en un futuro. La nariz tapada para no sentir, los pies aferrados a la indeferencia para no vivir, para qué vivir... se preguntaba.

El odio le esperaba frotándose las manos, cada vez más fuerte y mejor alimentado por los frutos sembrados. Le esperaba el rencor con sonrisa maliciosa, cada vez más crecido por los que tristemente le soportaban. Pero él no estaba dispuesto a enfrentarse a ninguno de los dos, a ninguno de los otros, y tampoco a los nadie.

Al alba, una mano sin vida sobre unas letras débiles y borrosas:

Son rutas difíciles
las palabras
de otros

complicados
los olores del pasado

sendas obligadas
recoger
los frutos sembrados

Siempre gracias Alfaro, cuántas entradas te debo...

lunes, 27 de abril de 2009

El dolor de una herida


Para la dulce (*, gracias por tanto.


Es el dolor. Es el dolor al levantar la vista hacia un pasado que no recuerda porque inventó. Es la agonía de sentir que no hay término saciante para su anhelo, siempre despierto en horas de impostura. Es el ardor de alfileres rojos entre las uñas que nadie mitiga con un poco de azul (y tienen tanta sed sus dedos). Es el quebranto de lágrimas olvidadas porque ya son muchas para recoger su estela (no es tiempo de sinrazones, no es tiempo de poetas). Es el desconsuelo por encender candelas que mueren antes de ser prendidas en sus entrañas (será que ya no tienen vida sus órganos amarillos, será que sus vísceras nunca fueron más que un malicioso engaño). Es la zozobra al comprenderse una incógnita en su desmemoria, siempre presente en la desesquilibrada lucha entre la efeméride y la quimera. Es la herida. Es la herida que no sangra porque no hay sangre que riegue la melancolía.

sábado, 25 de abril de 2009

El aspirante

"Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el
silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:

llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua."

Antonio Gamoneda.



En la búsqueda de la embriaguez

fue a la pesquisa del implacable tiempo,

siempre en espera del milagro

oculto en las sombras de la sabiduría.


Desesperado silencio.


Se hurgó las vísceras con la angustia

del que no halla respuestas,

mojando su paso cetrino de penumbras,

mas el traqueteo de las horas no cesa.


Angustioso misterio.


Con la esperanza de alcanzar la verdad

se arrancó los ojos sangrantes

para ver lo que el ciego quiso mostrarle

y siguió en penumbras su camino.


Tormentoso sigilo.


Al fin, se resignó al banal traqueteo
y quizás pudiera casi sentir
la fresca hierba en sus manos rotas,

caminaría ya desnudo de preguntas.


Añorado sosiego.


Y en la mañana llegó el prodigio

revelador de sus anhelos mitigados,

alcances en su corazón atormentado

como regalo de un irónico destino.


Y sintió el miedo.




jueves, 23 de abril de 2009

Barcelona (Tercera Parte)


¿Cómo no me voy a acordar, preciosa? Hace ya seis meses (seis, exactos, F.) y parece que fue ayer cuando después de toda una tarde paseando por Barcelona, hablando sin parar, se nos hizo de noche y tú volvías a casa a por algo de ropa, para regresar a dormir al hostal (sería la primera vez que escucharíamos ese "bien, te abro" que nos haría partirnos de la risa a cada golpe de timbre).

No te diste la vuelta, pero yo me quedé ahí, viendo cómo te alejabas en la oscuridad con mis ojos cubriéndote las espaldas. Y mientras caminabas, yo pensaba "no te gires, F., sigue... no llamemos a las sombras...", creo que llegué a decirlo en voz alta, aunque no estoy muy segura, pero tú me oías, siempre lo has hecho.

Me tumbé en la cama a esperarte, pensando en tu carita de sorpresa al ver "Cuadernos de todo", tus ojos brillantes y tu voz de niña pequeña con un gracias muy grande en la boca. Y ahora, seis meses después, pienso en tus cuadernos de todo, en los tuyos, los firmados por F.D. Pienso en todo lo que hemos vivido juntas este tiempo sin apenas habernos visto y me imagino personaje en tus manos, me pienso literatura en tus ojos, y te siento verso en mi memoria.

Pero estábamos en Barcelona aún, viviendo nuestra propia novelita de cuatro días. Estábamos en la habitación del hostal, tú en una cama y yo en la otra, los ojos como platos, las voces como hilos tejiendo cometas, las risas hasta abarcar las lágrimas, el corazón soñando, y todo con olor a palabras.

Muchos de los que lean esto saben lo que significa leerte, lo que supone adentrarse en las calles de un pueblo lleno de secretos cotidianos, sin más artificios que la vida misma, que la muerte misma, muchos saben qué se siente caminando por Bergai de la mano de F... Pero, ¿sabes? F. y J. no son tan diferentes, conviven tan bien, se respetan tanto, que, la mayoría de las veces, se confunden... y no debería sorprenderme en absoluto, de hecho no lo hace, no me sorprende querer tanto a F. como a J., y tampoco, necesitarlas por igual, lo único que realmente me llama la atención es que sea recíproco.

Mi viaje a Barcelona fueron muchas cosas, F., y sólo una, tú.

Me encantaría estar allí ahora con un libro que ofrecerte, con una rosa para oler juntas... a cambio, te traigo versos, mi querida Fusa (por la rotundidad, ya sabes):

Si pudiera escribirte un verso,
sería de agua en primavera.


Y si pudiera soñar tus ojos,
serían fuego nocturno en la arena.


Si supiera decirte en silencio
qué hora fue la primera...


Y si supiera contar tus manojos
de fruta fresca en la espera.
..

Ay, si yo fuera, y si tú vinieras.


martes, 21 de abril de 2009

Camino a la locura


Si custodias las esquinas del círculo desgarrador que me confina,

difumino la verticalidad del horizonte
,

límites de frío y sangre que se vierten en la senda de mis pasos.

Si aprehendes el temblor de mis cimientos en tus manos,

deshabito tu camino de los cristales que mutilan la victoria de tu tránsito,

sosiego inspirador que acompaña el crepuscular vacío de estas horas muertas.

Y si me visita este miedo temido, aunque amado por ser mío,

si en el último instante del segundo liberador, me atrapa el terror de la huída,

que no sufran tus pies por el sendero carcelario de mi locura,

desnuda mis esquinas protegidas de tu vívida presencia,

ya no habrá lucha para mi esperanza,

que no sufran tus manos firmes,

ya no habrá pilares para mis ruinas,

no lo habrá, ya no seré,

a no ser que tus pies, tus manos y tu ser

quieran acompañar el infierno de mi delirio.

viernes, 17 de abril de 2009

La Casa Signorile

Ahí está la mansión, inmensa y desafiante en medio de la nada, protegida por el abrigo de la noche. Es verdad que es una maravilla , y aún más al lado de mi pequeño apartamento del centro de la ciudad...
Si me hubiesen dicho hace unas semanas que yo asaltaría la residencia de Agostino Caruso, habría muerto de la risa. Aunque, definitivamente, habría sido mejor muerte... Esto es un suicidio.

Pero desde que vi al maldito Zurdo hablando con el italiano no me lo puedo quitar de la cabeza, tengo que confirmar mis sospechas cuanto antes, especialmente ahora que no sé de Leonor desde aquel café... Si le ha ocurrido algo...

- Espera, tranquila. Dime qué quieres tomar. Después vendrán las preguntas.
- De momento nada... Es tarde para un café, gracias.
- Un café, entonces, encanto. ¿Has vuelto a recibir alguna carta desde la última que me diste?
- No, nada. Estoy muy preocupada, creo que se le acaba el tiempo.
- No deberías preocuparte demasiado, Leonor. Él está bien.
- ¿Le has encontrado entonces? ¿Dónde está? Debo verle...
- Siento mucho ser tan brusco, pero ¿no crees que si él quisiera ya os habríais visto?
- No lo entiendes... Corremos mucho peligro si nos descubren.
- Explícamelo entonces. Sospecho que no me has contado todo, y no podré ayudarte si no lo haces.
- No puedo... Te pondría en peligro a ti... No... a ti... es que...
- Aquí viene tu café.

¡Se van! Esta noche hay lucha en el club, es la noche más segura para entrar, si es que se le puede llamar seguridad a meterse en la boca del lobo, incluso aunque esté sedado y abatido... Espero que se hayan marchado todos a ese estúpido lugar o me puedo ir despidiendo de mi sombrero.
Basta de achantarse, entro, busco una confirmación, y salgo como alma que lleva el diablo. Un encargo, es un encargo, y Leonor...

La última ventana por comprobar, si ésta no está fácil, tendré que marcharme por donde he venido, no me conviene dejar... ¡vaya! está abierta, vamos allá.
Ni siquiera necesito hacer uso de la linterna, han dejado luces, supongo que para ahuyentar a fisgones como yo. Qué mala suerte entrar por la cocina, las estancia
s interesantes estarán al otro lado de la casa y aún no sé si me cruzaré con alguien. ¿Llevo la...? Sí, aquí está la pistola.
Tras husmear por la cocina, revolver todos los cajones del despacho dejándome la vista en letras minúsculas, tras tropezar con tres mesas y cuatro sillas, y romper un jarrón que me delatará irremediablemente, estás aquí... Después de tanta búsqueda y te tenía delante de las narices... y tan... tan hermosa como siempre...



Leonor... Leonor Caruso...

miércoles, 15 de abril de 2009

Existencia

(Francis Bacon)


A Rodrigo Carrera, dueño y hacedor de susurros



Mi cuerpo es sólo un susurro

dibujado en el umbral de tu oído,


el último aliento de un eco


leve, transparente, inventado.



Mi cuerpo, este suspiro inacabable,


dolorido y extasiado de casi ser,


no es más que la palabra


retenida en el extravío de tu memoria.



Mi cuerpo es un leve murmullo


resbalando entre las muescas


de tu boca, un minúsculo son


vestido de la música de tu sangre.



No es cuerpo, mi cuerpo,


más que en ti


y en tu hálito


sereno.

domingo, 12 de abril de 2009

Cielo


Desnuda el alma, frente al espejo.

Con el espacio vacío que le dejaron sus entrañas, ya en otro lugar a kilómetros de distancia.

Se mira sin reservas, escrutando la presencia del cuerpo que la contiene.

Ésa es ella, y podría ser cualquiera, pero el cristal le devuelve su reflejo, y aunque duda, debe serlo.

Inventa una sonrisa, pero desiste en el intento de falsear su rostro.

Extiende los brazos, abarcando el aire que quiere para sí, pero tropieza con su cuerpo, también desnudo, como su alma.

Un alma sin velos ante la luz de unos ojos.

Unos ojos que existen lejos.

Vuelve a mirar y ya no ve su cuerpo, el cuerpo que la contiene.

Las apariciones vienen cuando desvistes las mentiras y arropas las verdades.

Ella lo sabe, aunque siempre tuvo miedo.

Hoy no, hoy está preparada para la mirada de esos ojos de cielo.

Se acerca al espejo.

Extiende los brazos de nuevo en un instante de delirio.

Su abrazo se encuentra con el calor de otro cuerpo.

jueves, 9 de abril de 2009

Des cubrimiento

Pienso en prosa y siento en verso,

o tal vez al revés, acaso importa.

No es el tiempo, ni el silencio,

ni el tú, ni el yo,

y tampoco el ajeno al nosotros,

no eres y no soy,

no te engañes, no somos.

No es, quizás, más que el aliento

en el profundo ocaso de un suspiro,

que antes de morir, vuela,

y antes de nacer ya ha prescrito.

Pensamiento que no es pensado,

sentimiento que no es sentido,

profundo azul de desaliento,

intenso rojo de delirio.

Y al amanecer, un beso,

y al despertar, un gemido.

lunes, 6 de abril de 2009

Dijo el poeta

"Sé que el amor existe",
lo dijo el poeta,

pero es mi alma
la que tiene la certeza.

Quien lo busca en el poema,
"quien abre el corazón y lo hace oídos,
ése puede que oiga"
que el amor está cerca.

"El poema está en mi cuerpo"
Ven a tatuar en él
cada anhelo y cada verso,
para que no exista el silencio.

"Pero el silencio es cierto.
Por eso escribo.
Estoy sola y escribo"
con la voz del poeta.

Sólo tengo esta vida
para el "combate de relámpagos"
ése que sufro no se cómo
y no quiero medir cuánto

"ya no sé sino usarla
en ti, con este inútil
trabajo de quererte
que tú no necesitas"

Ya me lo dijo el poeta.

"Nuestras nadas poco difieren"
y yo moriré desgranando
el amor de un poema,
sabiendo que al fin no será.

"y aún me atrevo a amar"



domingo, 5 de abril de 2009

Tranquilamente hablando


Yo una vez me perdí en el bosque

¿Cómo saliste? ¿Seguiste el camino de baldosas?


Parecido. Seguí la voz.

¿De dónde venía?


De muy lejos, pero pude verla.

¿De qué color era?


Azul... Azul turquesa.

Yo soy más de color naranja, ¿no?


Por eso tú no te perderás en el bosque. Nada allí es de tu color.

Y tú eres marrón.


Granate, yo soy granate.

Y tienes ondas en el pelo que escondes con una coleta. Pero a mí me gustan. No las escondas.


Vale, está bien. Pregúntame por mis pies.

Sí, perdona, siempre te interrumpo. Cuéntame cómo saliste del bosque. ¿Te duelen?


Un poco, pero me gustan mis zapatos. Los encontré allí, ¿sabes?

Claro porque son rojos.


¡Exacto! Tú siempre lo entiendes todo.

No es cierto, no entiendo nada. Y tú tampoco. Pero me gusta mucho verte reír.

viernes, 3 de abril de 2009

De Lucía

Los que podáis, escuchad mientras leéis. Así lo escribí, escuchando esta música.



Con el paso incierto
y con el verde,

camino por tus huellas,

con surcos hechos de tiempo,

y en mis pies,

la tierra fresca.


Son mis manos de hoy

las que te aprietan,

las que curan tus heridas de ayer,

sangre que brota

de otros sueños lejanos,

dolor de otros miedos,

de otra espera

que arde

en tu fuego,

y mi piel,

ya muerta,

se quema.


Con el paso incierto,

se me pierde

ese lucero de estrella

que alumbraba mi cuerpo,

ese lucero que mecía,

en mi noche,

la luna nueva.


De dónde vengo, a dónde voy,

en un suspiro, quieta...

¿quién me niega

mi dulce lamento?

¿quién ha de apagar

esta noche la hoguera?


Entre tus manos vengo y voy,

y mi alma, quieta...

Dame tortura ciega,

detén este momento,

que no quiero despertar,

sola y fría allá en la era.


Son mis ojos de hoy

los que te atraviesan,

los que acarician tus dudas de ayer,

lágrimas que vierten

sueños de otros tiempos,

clamor de mi aliento,

de este anhelo

que viene

en tu estela,

y en mi ser,

se vierte,

y se queda.


Con el paso incierto

y con el verde,

camino por tus huellas,

con surcos hechos de tiempo,

y en mis pies,

la tierra fresca.


Y en un susurro
,
quieta...

deja que me ahogue

entre el sudor,

la sal y el mar,

y en tus manos,

quieta...