martes, 31 de marzo de 2009

El Zurdo


Algo no cuadra... Llevo tres días siguiéndole los talones al Zurdo y algo de todo esto no encaja. Lo más sospechoso es lo insultantemente fácil que fue dar con él. Parece de todo menos un hombre en peligro, y, aún menos, perseguido por el Signore Agostino, que además es al único al que ese insensato podría llegar a temer. Ni siquiera se toma la molestia de comprobar si le siguen, ya me habría descubierto de ser así. Tentativas me dan de plantarme delante y ajustar cuentas de una vez por todas con el desgraciado. Pero un encargo, es un encargo, y Leonor... ¿qué habrá visto en él esa fantástica mujer?

- Vamos, socio. ¿No te echarás atrás en el último momento?
- Zurdo, tiene mala pinta. ¿Estás seguro que esto está vacío? Dudo que tengan sin vigilancia un almacen de contrabando, alguien tiene que haber ahí dentro... y somos sólo dos.

- ¿Acaso te he fallado alguna vez? Si no te conociera diría que te estás acobardando, no es tu estilo. De ésta nos retiramos, amigo. Mi fuente es fiable, hazme caso.

- Está bien, vamos allá.

El Zurdo, pistola en mano, dio una patada al portón del almacén, haciéndose a un lado para darme paso. Por supuesto, iba yo delante, aunque, en principio, todo parecía en orden. Los faros de la calle dejaban ver decenas de cajas apiladas en el interior de lo que se suponía material de contrabando, y ni rastro de los hombres del Italiano. Lo único que teníamos que hacer era sacar alguna foto con el contenido de las cajas y dar el material y las señas a la policía, por una cuantiosa recompensa, claro. Pan comido.

Salvado el peligro, guardé mi pistola y me dirigí al montón de cajas de la derecha.
- ¡La cámara de fotos, Zurdo! Acabemos con esto cuanto antes.

- Siempre fuiste un ingenuo, socio.

Entendí inmediatamente a lo que se refería ese despreciable cuando, sin poder impedírselo, vi cómo salía del almacen a toda prisa, quedándome allí encerrado.

No pasaron ni diez segundos y me vi rodedo. Cinco matones, con metralletas impecables, me sonreían maliciosamente. El Zurdo me había vendido. Aún tengo cicatrices de la tremenda paliza, el muy hijo de ...


Ahí está Leonor. Está aún más impresionante con esta luz... y vendrá llena de preguntas que no podré responder. Esta vez, quien pregunta soy yo. Tengo la impresión de tener mucho que ver en esta historia.
- Buenas noches, Leonor. Perdona que me haya adelantado, ¿quieres tomar algo?
- Hola, no te preocupes. No he podido llegar antes. ¿Tienes algo que contarme? ¿Ya sabes dónde está?.
- Espera, tranquila. Dime qué quieres tomar. Después vendrán las preguntas.


sábado, 28 de marzo de 2009

Where is my mind?


Mi mente es un laberinto. Viene con un mapa con indicaciones erróneas, lo que me obliga a ir de aquí para allá desgastando mis zapatos, mientras intento situarme.

Las palabras se transforman en voces conocidas, y las voces desconocidas, en palabras desestructuradas que se amontonan como murallas en el laberinto.


El tiempo va haciendo surcos de recuerdos que complican aún más el camino a seguir, y a veces me veo obligada a dar la vuelta sin que las voces o las palabras puedan ayudarme.


La luz se apaga y se enciende a su antojo, que normalmente suele ser al contrario de como la necesito. De ahí los lúcidos insomnios cuando necesito oscuridad, de ahí las tinieblas cuando necesito que la luz me ilumine.


Y el nombre... el nombre se borra con la lluvia, porque además en mi mente suele llover mucho. Sólo puede leerse cuando algún faro viene desde lejos a echarme una mano. Es en esos extraños momentos cuando siento el abrazo en la oscuridad, y ya no sé si quiero luz o seguir a oscuras en el laberinto.





Aclaración: Este texto nació como comentario a un poema de Alfaro, y por ella lo he traído aquí.

Imagen
: Giedrius Neturiaskas (gracias Andaya por tus regalos)

viernes, 27 de marzo de 2009

La carta 43


He engañado a mucha gente en mi vida. Este negocio es así, no hay cabida para los escrúpulos. Pero no sé si debí aceptar este encargo, cómo se engaña a una mujer que te mira con esos ojos, que te habla con esa dulzura.

No esperaba encontrar tanto en estas cartas. Cuando me contó su historia ya sospeché lo que ocurre y no hice caso a mi instinto. Sé quién es este tipo y la cosa va a ponerse difícil. Pero su voz... esa mujer vuelve loco a cualquiera. Estuve cerca...

No entiendo muy bien cómo encaja ella aquí... pero debo ser cuidadoso al preguntarle. Parece lista, si le cobro demasiado sabrá que hay mucho más detrás. Pobre, no sabe dónde se ha metido. O tal vez sí, y por eso vino a verme ayer... ¿quién le habló de mí? Maldita sea, si quiero mantener la cabeza sobre los hombros, debo averiguar quién la condujo a mí.

Leo la última carta y decido qué hacer, aunque sospecho que mi afición por meterme en líos no me permitirá abandonar.

No me queda mucho tiempo y hace días que no tengo la seguridad de que estés recibiendo estas cartas. Cada vez es más peligroso para mí hacértelas llegar, y lo peor, y debo serte sincero, cada vez es más peligroso para ti leerlas. Pero tengo miedo, Leonor. Vienen a por mí y necesito tu ayuda. No debí arriesgarme a ponerte en peligro, pero no me quedan muchas opciones. Eres la única en quien puedo confiar de verdad. Es muy importante que él no sepa nada, que nadie te descubra, Leonor. Y no sólo porque advierta que seguimos en contacto. Está en juego mi vida, y puede que la tuya. Lo sé todo. Y ellos intuyen que es así. La única forma de salvar el pellejo es que todo se destape, y debes destaparlo tú. Sé que eres fuerte, mucho más fuerte que yo, pero ten cuidado. No me busques. Si no sabes de mí en pocos días, estaré muerto. No me busques, Leonor, sólo haz lo que te pido.


Este tipo siempre fue un idiota. ¿De verdad esperaba que ella no le buscase? Un idiota y un cobarde, por meter a esa preciosidad en esto. Bien, Leonor, aceptaré el encargo. Hubiese preferido no tener nada más que ver con el Zurdo, y aún menos salvarle, pero un encargo es un encargo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

"Leonor, sólo Leonor"




Subo las escaleras del edificio, en la nota dice 3º, no especifica más... Llego ante una puerta con cristal opaco en su mitad superior, y un cartel con el nombre del detective en letras doradas. Es aquí, no hay duda.

Llamo tímida a la puerta e inmediatamente una voz masculina, una voz vigorosa, al tiempo que dulce y confiada, me da paso al despacho.

La escena es tal como la había imaginado. Él está sentado al fondo, al otro lado de una mesa llena de papeles desperdigados, con el sombrero puesto y la chaqueta colgada cuidadosamente en la percha que está a su derecha. El sonido del ventilador del techo se mezcla con el de los autos de la calle, y se respira en la atmósfera el humo que aún desprende un cigarrillo a medio apagar en el cenicero de la mesa.

Él levanta apenas la cabeza y mira bajo el ala de su sombrero para confirmar mi presencia. Me pide que me siente frente a él. Elijo, de los dos asientos disponibles, el de mi derecha, protegido por su propia figura para refugiarme de la poca luz que entra a través de la única ventana del despacho. Ahora más que nunca, entiendo el propósito de la decoración de estos sitios. El cliente se siente a salvo de indiscreciones cuando la oscuridad, la sobriedad y el misterio le rodean.

- Usted dirá... ¿señorita?
- Señora, pero puede llamarme por mi nombre: Leonor.
- Bien... ¿Leonor? Hacía muchos años que no escuchaba ese nombre... siempre me ha gustado... creo que leí que Borges... disculpe ¿qué necesita de mí?
- Está en lo cierto. Mi nombre es por la abuela de Borges. Mi familia está muy unida a los Suárez y se quiso mucho a Leonor, aunque yo nunca la conocí, claro.
- ¡Vaya! Qué curioso. Nunca tuve un caso de gente de nombre... Pero quédese tranquila, soy muy discreto - su sonrisa me convence inmediatamente.
- Por eso vine. Sé de su discreción y su profesionalidad. No me importa la tarifa. El encargo que quiero hacer es muy importante para mí.
- Soy todo oídos, Leonor...

Con estos pequeños preámbulos me he sentido tan cómoda que ahora no noto el temblor que me invadía hace un instante al entrar. Observo más fascinada que sospechosa cada gesto del detective ante mi historia... es increíblemente expresivo. Cada músculo de su cara parece seguir y responder mi discurso. Me detengo un instante. Él me ofrece un cigarro que acepto y se enciende el suyo. Termino el cigarro al mismo tiempo que mi historia, pero aún no le hago el encargo. Cuando me dispongo a hacerlo, él se levanta, rodea la mesa y se sienta en ella, inclinándose un poco para mirarme fíjamente. Casi noto su respiración.

- Soy su hombre, señora. No tiene que pedirlo, ya sé...
- No me asusta decirlo. Necesito encontrar a ese hombre.
- Ya sé, ya sé. Su marido no se enterará de nada, tranquila. Mañana a esta hora debe volver aquí con todas las cartas.
- Aquí están...
- ¡Guau! ¡Son muchísimas! Necesitaré leerlas todas...
- Mañana volveré, ¿está bien a la misma hora?
- Aquí estaré, señora. Ya hablamos de la tarifa.
- Leonor, sólo Leonor...

Salgo de allí con bastante menos peso, 43 cartas manuscritas y una historia compartida. Consiga o no su encargo, el detective ya merecerá su tarifa sólo por esto.

martes, 24 de marzo de 2009

Hablando claro

(Lilicea Lilicea)

No puedo culparte.
No después de tanto tiempo.
Quién me dice que no fui yo quien te pidió tus mentiras.
Tal vez fue así.
Un día me miraste y decidiste que era la única forma.
Te funcionó, años de mentiras que no quise oír.
Miénteme y yo haré que te creo.
Así fue.
Tú mentías cada vez mejor y yo quería saber cada vez menos.
Me cansé de preguntas.

Un día te mentí yo.
Mi única y gran mentira.
Tú preguntaste, como yo al principio.
Te miré y supe que necesitabas que te mintiera.
Te dije la verdad.
Se acabó.
Las mentiras podías sobrellevarlas, las verdades no.


(diremos que se llamaba... Selena)

lunes, 23 de marzo de 2009

Ellos

(imagen de Viktor)


¿Piensas?

Sólo observo,
ya pensamos después,
sé paciente

¿Y qué ves?

Dame la mano,
ahora te cuento,
sé paciente

¿Ahora?

Sujétame,
ya está cerca,
sé paciente

Cuéntame...

Hay que pensar,
en silencio,
¿recuerdas?

Shhh...

¿Has visto
esa luz gris
mojada de silencio?

Creo que sí...

¿Has visto
ese agujero negro
cubierto de miedo?

En medio, sí...

¿Qué piensas?
Cuéntame,
¿qué era eso?

Tú eres la luz... y yo lo negro

No lo has hecho bien
sé paciente
silencio.

Shhh...

¿Acaso no ves
todo lo que
están diciendo?

¿Quiénes?

Mira bien,
están ahí dentro
salen del medio.

¿Del negro?

Sí, ¿ves?
Son sueños
y afectos.

Son ellos...

Ya lo entiendes
y cuando yo no esté
seguirán ellos.

Pero...

Dame la mano,
sujétame,
sé paciente.

Shhh... callemos

viernes, 20 de marzo de 2009

Adiós

Efímero, en un suspiro.

Te miro mirar

al pasado vivido,

te oigo oír

el tiempo perdido


Efímero, en un suspiro.


Te vas despacio

luchando en el delirio,

te vas ausente

al inminente precipicio.


Efímero, en un suspiro.


Ya no eres él,

el que reía siempre

ya no, hace días

que no eres, simplemente.


Efímero, en un suspiro.


Y sonrío justo ahora,

porque podré abrazarte

sonrío en este día,

que sé que podré abarcarte.


Efímero, en un suspiro.


Es un adiós temprano,

lo sé, aún... ¿eres?

un adiós de palabras

porque el gesto viene,

irremediablemente,

efímero, en un suspiro.


(No voy a olvidar ninguno de los momentos que me regalaste, querido tío, e iré a abrazarte)

jueves, 19 de marzo de 2009

Horas como segundos

¿Cuánto tiempo fue? ¿Lo recuerdas? Horas caminando, horas como segundos cogidos de la mano mientras me hablabas. Yo te escuchaba con la mirada perdida en ninguna parte. El paisaje y tu voz. Horas como segundos que dejamos pasar con la levedad de quien sabe de la inminente despedida. Reías con mis comentarios, siempre lo has hecho, una risa diferente de todas que me dice que me ríes a mí, una especie de clave que mis oídos reconocerían en medio de un huracán. Pero no había viento, ni tan siquiera brisa. Mis sentidos no tenían que demostrarte ninguna proeza, estaba allí contigo como nunca, como siempre. Horas como segundos que implacables se aceleraban con cada gesto. No queríamos la consciencia del reloj, no en aquella inmensidad. Oíste mis pensamientos, siempre lo has hecho. Te inclinaste para que el susurro de tu voz fuera sólo mío y no me lo robase el viento, ese viento que no hacía. Segundos como horas en los que todas las frases que nunca pronunciamos pasaban por mi mente. "Nadie se llevará el recuerdo, ¿verdad?". En un susurro. Mis ojos retuvieron los tuyos, y mi mano acompañaba la fuerza de mi gesto. Segundos como horas en conversación de retinas. "Verdad". En un susurro. Volviste a regalarme tu risa de agradecimiento a la respuesta esperada, siempre lo has hecho, esperabas la respuesta a tu pregunta retórica y yo te respondí, siempre lo he hecho. Horas como segundos acompañados por cientos de pasos invisibles en el manto del infinito, mientras te hablaba. Tú me escuchabas con la mirada perdida en ninguna parte. El paisaje y mi voz. También la mezcla de la risa que viene y va en medio del silencio del rojo. "No suena el rojo". "No lo hace, el negro a veces tampoco". "El rojo es más silencioso". "¿Tú crees?". "Yo creo". Horas como segundos cogidos de la mano, y el adiós acechante tras nosotros. Enfrente, el rojo.


miércoles, 18 de marzo de 2009

Cinco horas y media



Creo recordar que todo empezó con unos Sueños perseguidos y una Historia en dos partes. Sí, así empezó todo. Así fue como le conocí, como nos conocimos los dos. Desde entonces han pasado muchas palabras, porque aquí el tiempo se mide con palabras.

Él dice que no es poeta, ni pretende serlo, que sólo desvaría un poco. Yo no estoy de acuerdo. Yo me atrevo a definirle como poeta porque me lo ha demostrado día a día, no sólo en su blog, también en sus comentarios. Aún tengo grabada una entrada suya que me impresionó, Glosario de términos se llama, en la que hizo algunas definiciones extraordinarias; mi favorita:
Alma: habitación íntima con un mueble y una lámpara para leerse a sí mismo, sin adornos superfluos.
Con esta maravilla me confirmó lo que ya pensaba, aquí nos ocupamos las almas unos a otros, sólo un mueble y una lámpara para entrar en la intimidad del otro.

Para los que aún no sabéis a quién me refiero, estoy hablando de una persona generosa, de una persona que se atreve a mirar el mundo de otra forma, de una persona sencilla que ama las cosas sencillas. Combatiendo en su fuero interno con lo tradicional y lo moderno, alcanza el equilibrio perfecto en sus versos. Os hablo sencillamente de un artista (porque encuentra el arte en todo lo que nos rodea). Os hablo sencillamente de Fero.

He tenido el placer de compartir con él unos versos. Nos atrevimos a experimentar y aquí está el resultado. Lo más increíble de todo es que estos "temores de ida y vuelta" se crearon en un instante, con cinco horas y media de diferencia.

Gracias Fero, ha sido una gran experiencia escribir contigo.

Espero que lo disfrutéis casi tanto como lo hice yo.


No temo al tiempo
que sigue el movimiento
impasible a mis anhelos.

Ya lo ves, no te temo,
ni el espanto, ni el terror,
ni la alarma de tus pasos.

No temo al viento
que trae el sufrimiento
del quiero y no puedo.

Ni a sus suaves caricias,
que torturan, que dañan,
que molestan, no temo.

Temo el aliento incierto
que acerca el sentimiento
de unos labios ajenos.

Temo las manos suaves
la mirada intensa, seductora
la risa inocente, eso temo.

martes, 17 de marzo de 2009

Poesía nuestra (II)

Cada noche, en mi habitación
cierro los ojos y pido un deseo.
Cada noche, en mi habitación
una sola lágrima cae sin rumbo, sin dirección,
y pienso en mi vida,
en mi destino y mi suerte, en mi ignorancia,
en el momento en que todo fue distinto,
en mi forma de sentir,
y abro los ojos y observo:
los libros, algunas fotos,
simples objetos, muchos recuerdos...

Sigo pensando, sigo viajando
por esos lugares en los que ya estuve
con alguien conocido, con gente querida,
y me invade la nostalgia, la emoción
de viejos y buenos momentos,
y bailan en mi mente
aquellas frases que tanto me impresionaron.
Mi mirada se fija en algo familiar,
mis labios sonríen al recordar,
y cierro los ojos y pido un deseo,
una noche más, en mi habitación.



Vuelvo a pedir benevolencia para mis primeros versos libres (muy pequeña, qué más da la edad, en plena adolescencia, pero eso está claro)

lunes, 16 de marzo de 2009

Eme


Érase que se era,

Mucho tiempo atrás
,

En el tiempo de claves secretas
,

Más del que podamos recordar,


Existían en nuestra tierra


Mágicos seres de coral
,

Espejos de acuarelas,

Molinos de cristal,

Erizos con estrellas,

Maravillas sin igual.

En una lejana y serena

Montaña de agua y sal,

Esperaba Magdalena,

Mirando absorta el mar.

En un instante, la pequeña,

Movida por la curiosidad,

Emprendió una carrera

Más allá del ancho mar.

Encontró a una sirena

Mojada en lágrimas de cristal.

Exaltada por la sorpresa

Magdalena se quiso acercar,

Esperaba ayudar a la sirena

Mojada de agua y coral.

¿Estás bien dulce princesa?

Me gustaría ayudar

Es imposible, mi muñeca

Moriré de tanto llorar

El día ya no me consuela

Mas agradezco tu bondad.

¿Estás llorando de pena?

Muero de soledad.

Estaré contigo en la arena.

Morirías con mi pesar.

¡Estaré bien mi sirena!

Me gustaría que fuera verdad

Es imposible que seas

Mi compañía en este lugar.

¿Entonces no me aceptas?

Mi preciosa muñeca, ojalá.

Estás en peligro si te quedas

Mortífero es mi cristal.

Esta hermosa vereda

Me fue arrebatada sin más

Espero a una persona que pueda

Mi nombre adivinar.

Entonces gritó Magdalena

¡Mi sirena déjame intentar!

Es sólo un intento y si yerras...

Morirás.

Espera...

Morirás.

Estoy segura, espera.

¿Mi nombre me dirás?

¡Eme! grito Magdalena

¿M? la sirena volvió a llorar

¡Eme! No M, princesa

Me lo han dicho el viento y el mar

Eres libre, Eme, libre de esta tierra

Mi querida niña... serás,

En esta época y todas las eras,

Mujer querida y sin igual,

Es el día en que bendigo tu estrella,

Mas tu ingenio bastará.

Emprenderás grandes contiendas

Mañana y por siempre jamás.

Dedicado a mis "Emes" chiquininos.

viernes, 13 de marzo de 2009

Pantera


Te acecho desafiante
en la jungla de asfalto

y luces de neón.


Sostengo mi dignidad

cual castillo de naipes

bajo una piel que no es

y unas garras que no son.


Disfrazo mi angustia

de ser a medias

con medias rasgadas

de manos que tiemblan

y tetas de algodón.


Mi fuerza es tu miedo,

yo soy pantera

que se muestra,

tú ocultas tus

fauces de hombre

que no es tan varón.


Cazador furtivo que

busca a la pantera,

hoy seré yo tu presa,

hoy tendrás tu premio

de piel muerta,

pero mírame a los ojos

maldito cabrón.


miércoles, 11 de marzo de 2009

Sino y Kosmos

Fusa aquí está el cuento que te prometí un día de sol otoñal.



Sino no pudo dormir en toda la noche. Cada vez que conseguía relajarse entre sus embozos, su mente comenzaba a llenarse de inquietantes imágenes. Una misteriosa joven venía a él como una aparición mágica y le miraba con los ojos más abatidos que había conocido jamás. Cuando aquello ocurría, le invadía una turbación tal que comenzaba a llorar desconsoladamente, mientras que, entre sollozos, gritaba un nombre desconocido "Prelara".
Ya al amanecer, desalentado tras el insomnio sufrido, Sino comenzó a caminar hacia las afueras, empujado por un inexplicable impulso que dominaba su cuerpo.

Agonizar de tristeza es mi destino, morir con el corazón ahogado en melancolía, ¿merezco acaso salvación sólo puedo amar un sueño, una idea inexistente de quien no es? Me escapé por él, aunque él nunca lo sabrá. Huí por no arrojarle al sufrimiento de adorar a quien no puede amarle. Ahora la nada, el vacío de quien no tiene alma ni redención. No hay aire, y muero...

Se sentía extasiado tras horas de marcha, pero sus pensamientos y delirios no le permitían detenerse. A la mirada pentrante de tristeza y sufrimiento se había unido una voz de seda, rasgándole los oídos. Prelara.
Le detuvo un cruce de caminos, ¿hacia dónde?

No hay aire, y muero...

Siguió hacia el oeste. Una mirada nostálgica, una voz sedosa, un rostro pálido. A cada paso eran mayores los detalles.
Prelara.
Algo le obligaba a apresurarse.

No hay aire, y muero...


Cada vez más extasiado, cada vez más inquieto. La mirada triste, la voz suave, la tez blanca, el cabello intenso.
Prelara.

No hay aire...


Prelara.

-
Respira... preciosa perla rara.
- ¿Quién eres?
- Confía... soy Sino.
- Eres tú. Eres mi Sino.


A 20.000 kilómetros de distancia, en un lugar llamado Kosmos, el Doctor Noestamossolos sonreía satisfecho. Su alquimia había funcionado.

martes, 10 de marzo de 2009

Un recuerdo



Mis oídos cubiertos de ausentes voces,

voces que acallan otros movimientos,


y el movimiento de mis horas son ahora el ayer,


un ayer arropado por tu recuerdo.


Recuerdo tus ojos atravesando mi sangre,


y la sangre precipitada en estados de vida,


vida mutilada por la espera de tus manos,


tus manos rescatando cada resto de mi cuerpo.

Mi cuerpo se resiste a comprender tus alarmas,

la alarma del miedo hace años que amenaza,

amenaza con volver a cubrir mis aristas,

aristas que amenazan

las alarmas de mi cuerpo,

y tus manos de vida

acallan mi sangre

en un recuerdo del ayer.

Siento el movimiento

de otras voces

en mis oídos.

lunes, 9 de marzo de 2009

Oasis en sueños


Últimamente sueño mucho (dormida, quiero decir, ya sabéis todos que despierta sueño incansablemente a todas horas). Esta noche además me parece que ha tenido que ver con el estado febril que me amenaza a las puertas de la primavera, hice mal en cantar victoria porque este invierno no había sufrido las inclemencias de la gripe... Pero hablaba yo de los sueños. Y el último aún me inquieta:

Yo era una palmera en medio del desierto y mis raíces estaban aferradas a la única fuente de agua en kilómetros, un precioso oasis oculto celosamente por inmensas dunas de arena cobriza y ardiente. A lo lejos, mis ramas divisaron una diminuta sombra que se tambaleaba casi a rastras en medio del insoportable calor. Era un hombre. Un hombre sin aliento ni dirección. Recuerdo cómo, en aquel momento, sentí la impotencia de no poder soltar mis raíces, mi desesperación implorando una ráfaga de viento que permitiese, al menos, algo de movimiento a mis hojas para llamar su atención. Estaba tan cerca... mi fuente de vida, que podía ser la suya, tan próxima... Maldije al desierto por sus recelos, empeñado en ocultar sus bienes a aquel ser débil y moribundo. Pasaban las horas, y yo estaba extasiada intentado mover alguna parte de mi ser, mientras veía cómo esa sombra se abandonaba a su suerte desplomándose ahora sobre la arena. No me rendía, sentía que él aún estaba vivo y que debía llevarle a mi oasis. Entonces, los vientos de oriente debieron apiadarse de mí. Comenzaron a azotar con la fuerza suficiente para balancearme, las dunas que protegían el pequeño lago y a mis compañeras se fueron apartando lentamente, y él... él no conseguía moverse... no había muerto aún pero no..."

En este momento despierto... justo en este momento y mi indignación por quedarme sin final me hace recordar un soneto de Jorge Luis Borges que habla precisamente de los sueños:

EL SUEÑO

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

viernes, 6 de marzo de 2009

Ay, Rosita

Pensaba que volverías, pero no.
Pensaba que sólo era tiempo, pero no.
Pensaba que me querías, pero no.
Pensaba que nunca habría nadie más, pero no.
Te esperé, y te vi.
Con otro, claro, fue así.

Pensabas que me destrozaría, y lo intenté.
Pensabas que me hundiría, y hasta ahogarme probé.
Pensabas que sufriría, y lloré.
Pensabas que nunca saldría del abismo, y yo también.
No quería a nadie, pero ella sí.
A mí, claro, fue así.

Pensabas que volvería, pero no.
Pensabas que sólo era tiempo, pero no.
Pensabas que aún te quería, pero no.
Pensabas que nunca habría nadie más, pero no.
Volviste, y te vi.
Sola, claro, fue así.

Te acercaste, pediste, bebiste.
"Son 10 pavos, preciosa."
"Invítame, guapo."
"Lo siento, Rosita, pero no."



(Por favor, escuchad la canción hasta el final...)

miércoles, 4 de marzo de 2009

Poema de una hormiga


Siempre me han fascinado los insectos. Cómo algo tan pequeño puede hacer cosas tan increíbles... Cuando tropiezo con algún "bicho" no puedo evitar quedarme absorta mirando sus movimientos.
Hace cosa de unos diez minutos, mientras leía un texto en el ordenador, una pequeña hormiga ha comenzado a pasaerse por la pantalla. Y os parecererá una estupidez, pero, casi sin pensar, me he puesto a copiar todas las palabras en las que se detenía más de diez segundos, como si tuviera algo que decirme... y al final ha quedado esto:

Enigmática, tiendo

labios de lágrimas.


Aparece desesperado

quemándome

su inexplicable

océano

de sonrisas


fervorosas


sobre mí.



El texto era un fragmento de "Trópico de Cáncer" de Henry Miller. Mi hormiguita anotó las palabras y yo las ordené así... pero, si queréis, podéis jugar como yo y darles mil y una vueltas.


Y hablando de bichos... una entrañable canción:



martes, 3 de marzo de 2009

Instintos


Era sólo un sueño

De luz y silencio,

De paz y olores frescos.

Sólo un sueño.

Entre mis brazos

Acuné la vida

Y fui vida

De su nueva cuna.

Un sueño.

Sentí en mí, de ti,

Su corazón latir,

Algodón dulce

Y alas batir.

Sueño.

Sentí en mí, de ti,

Sue...

Sentí en mí,

S...

Sentí

...


domingo, 1 de marzo de 2009

Calada hasta el alma


Llovía. Hacía frío y llovía. Eran las cuatro de la mañana y después de tanta copa, de tanta música, de tanta gente, necesitaba correr. Y llovía. Salí del bar con el último cigarro aún encendido, y eché a correr bajo el agua. Las calles estaban desiertas y las casas se confundían entre la noche y la lluvia. Entonces te oí, tú no estabas pero oí tu risa. Me detuve en medio de la calle, cuando más llovía. Abrí los brazos, miré hacia arriba y reí contigo. Qué más daba si llovía. Caminé contigo de la mano hasta casa. Tú te reías porque los pelos se me pegaban en la cara. Te reías y llovía. Llegamos y yo no quería subir. Sabía que desaparecerías. Llovía. No quería que terminase. Te acercaste a colocarme el abrigo empapado y me susurraste al oído "ya estás calada hasta el alma, seguirán siempre la risa y la lluvia". Besé tu carada mojada. Llovía.