sábado, 31 de enero de 2009

Barcelona (Primera Parte)

Por fin salíamos del Congreso, necesitaba aire fresco para pensar en todo lo que sentía. En otras circunstancias, estaría entusiasmada con las conferencias, las exposiciones de póster y los stands, pero aquella vez estaba en Barcelona. Para mí existen cinco ciudades mágicas, cada una por un motivo diferente: Barcelona, Salamanca, Buenos Aires, La Habana y Brujas; no podía concentrarme en el trabajo sabiendo que estaba en una de ellas.
Aunque me costó muchísimo arrastrar a mis compañeros, que se paraban a cada segundo a comprobar en sus bolsas qué regalos habían conseguido de los stands (yo no llevaba bolsa), había logrado mi primer momento de tranquilidad después de una mañana tediosa. Me senté en el tren, un poco apartada de ellos, y comencé a devorar el libro que llevaba como si me fuera la vida en ello.
En aquel instante lo sentí, mi cuerpo se estremecía. Algo me obligaba a apartar la vista de la lectura. Miré a mi izquierda descubriendo que mis sentidos no me engañaban, él me estaba observando y lo más curioso es que yo tampoco podía dejar de fijarme en aquel desconocido. Los dos teníamos un libro entre las manos pero sospeché que pasaría de ser nuestro interés, a ser la excusa perfecta para levantar la mirada, como si pensásemos en algo que acabásemos de leer, puro teatro. Así fue el resto del trayecto, al menos para mí.
El tren se detuvo, sobre nosotros Plaça Espanya. Mientras mi desconocido cogía su mochila y bajaba del vagón, yo me despedí apresuradamente de mis compañeros y le seguí a pocos metros. Mi cuerpo tenía el control absoluto de la situación, no podía evitarlo, ni siquiera cuando él se giraba para mirarme, estaba totalmente decidida a continuar mi locura.
Al llegar al enlace del metro, recordé que había quedado con F. Aún quedaban algunas horas y me habría dado tiempo a recorrer media ciudad en los túneles, pero el recuerdo de F. y del día anterior me devolvió a la realidad. Ya no quería seguir con aquello. Necesitaba seguir hablando con ella sin parar, seguir escuchando, y riendo, y abriendo los ojos mucho para no perderme nada, y ver el patio de los gatos de su Facultad, y conocer su Barcelona, y... F. Tenía que ir a Plaça Universitat. Sería divertido contarle mi anécdota en el tren y probablemente ella me reprocharía no haber continuado, no sé quién de las dos está más loca.
Subí al metro con mi libro, recién recordado, y cuál fue mi sorpresa al ver que un instante antes de cerrarse las puertas mi desconocido se coloba de un salto en el mismo vagón. Le sonreí, qué otra cosa podía hacer. Él me devolvió el gesto y eligió su sitio, muy cercano al mío, claro, cosa que a mí no me sorprendió en absoluto.
Lo que quedaba de viaje estuvo lleno de miradas, ya sin atisbo de pudor ni excusas. Ni una palabra.
Llegué a mi destino y me fui de allí con la absoluta certeza de que no nos volveríamos a ver. No me entristece demasiado decir que no me equivoqué.

jueves, 29 de enero de 2009

Háblame



Háblame de ti,
sin miedos

ni corazas de otras voces,

sólo eres tú,

y yo atenta

a tu voz pura y lejana.


Háblame del sol

que te abraza

que yo hoy no puedo

ser tu luz

en el viejo

silencio del agua.


Háblame de mí,

si es verdad

que presientes mis sueños,

si eres tú

quien de

noche me aguarda.


O mejor calla

y que regrese

ese dolor

que borraste

con tu llegada.

Volverá, calla.

lunes, 26 de enero de 2009

En sueño

(Morning Sun, Edwar Hooper)

El sol entraba ya a raudales por la ventana, pero no fue el que me hizo salir del profundo sueño que me tenía presa. Ese aroma inconfundible de café recién hecho, panacea a cualquier zozobra de mis sentidos, me dibujó una sonrisa perezosa en los labios y un entreabrir distraído de ojos.

Pude verte desde la cama en el trajín de la cocina y comprendí dónde estaba, no pude evitar calcular rápidamente cuánto tiempo hacía que nadie me preparaba el desayuno, al tiempo que ladeaba la cabeza para tener una mejor perspectiva de tu silueta semidesnuda en aquella calurosa mañana de verano porteño. No quería que supieras que ya estaba despierta, aún necesitaba disfrutar de tu esencia en soledad un minuto más.

Tras vestirme de todo el olor que quedaba de ti en las sábanas, me planté en tu cocina con los ojos semicerrados, pidiéndote con mi mano extendida que se hiciera realidad ese sabor que ya presentía en mi boca. Con la mejor de tus sonrisas (porque aunque parezca increíble, la siguiente siempre es mejor que la anterior) y sin mediar palabra, pusiste en mis manos una gran taza, dejando que mis manos notasen un instante el tacto de las tuyas.

Me senté frente a ti. Tú permaneciste inmóvil, mirándome con ternura, hasta que no quedó ni gota de aquel elixir, momento en el que decidí romper el silencio:

- Gracias, estaba perfecto - aún seguía saboreando tu intensa mirada.

Asentiste como única respuesta a mi agradecimiento y yo no pude evitar sonreír con una vehemencia impropia de mí a esas horas.

- Ahí están de nuevo - dijiste.
- ¿El qué? - pregunté sin parar de sonreír, tu ternura me tenía cautivada.
- Tus ojos disfrazados por la luz de tu sonrisa.

No podía pronunciar palabra, y me dio un miedo terrible dejar de sonreír, por si te decepcionaba cualquier movimiento de mis músculos que estropease tu recién confesada visión.

- Se me quedan muy pequeños, es verdad.
- Sí, es cierto. Pero yo soy ojólogo, ¿sabes? Presiento la verdadera intensidad de tus ojos, aunque no los abras completamente.
- ¿Siempre has sido ojólogo?
- Para ti sí.

Ya no dije nada más. Tú tampoco. Terminó el momento de las palabras.

No he vuelto a verte pero, desde aquella mañana, yo conservo el aroma de tu esencia en mis retinas y tú preservas la luz de mi mirada en tu sonrisa.

viernes, 23 de enero de 2009

Fui musa

(Galatea de las Esferas, Eugenio Salvador Dalí)

Me pregunto qué haré ahora que no tengo tus ojos para verme. Qué será ahora de este boceto que emprendiste un día gris de agosto con tormentas en tus retinas. No queda tinta que complete mi silueta, ni acuarela que rellene mis entrañas. Me desdibujo a cada instante que transcurre sin tus manos moldeándome, y mi voz, cada vez más silente a tus oídos, no despierta el grito que retenga tu instinto en mis esferas. Me pregunto qué haré ahora, musa desterrada de tus noches, ahora que no estás tú para adornar mis sentidos.
Sucumbo al vértigo ante el cruel vapuleo de miradas que no son tú, velocidad sin rumbo destruyendo tu obra inacabada que soy yo. Yo que soy Galatea sin Pigmalión.

jueves, 22 de enero de 2009

Te invento

(M.C. Escher)


Yo nací de tus deseos,

y tú fuiste creada con el

alma de mis huesos


Te busco


Tú creaste mis aristas,

y yo te hice resurgir de mis

sueños de alquimista


Me anhelas


Yo soy de ti

y corro

tú de mí

y vuelas


Seguiremos buscando dónde tocan

cielo y tierra


Para Elisa, por inspirar con su fuerza, por arropar con su palabra.

lunes, 19 de enero de 2009

La mente en negro

(imagen de John Brauer)

¿Has probado alguna vez eso de ponerte a escribir sin pensar? ¿con la mente "en blanco"? Una amiga dice que esa expresión está mal, que debería decirse "con la mente en negro" porque si cerramos los ojos no vemos blanco, vemos negro. Tiene razón, aunque discutamos muchísimo siempre la tiene, tú lo sabes, que al final siempre le das la razón cuando te cuento algo que hayamos hablado. Cómo molesta. Eso de no tener la razón es un auténtico fastidio, y cuando además no dejan de corroborártelo aún peor, y si no, que te lo digan a ti, que llevas fatal que te contradigan. Sí, no pongas cara de inocente, que sabes que es cierto. ¿Has visto? Quitándote la razón otra vez, perdona. En realidad no quería hablarte de eso. Pero la cuestión es que no recuerdo de que quería hablarte, y tampoco pienso recapitular porque me ha dicho mi psicólogo que no relea, que haga el ejercicio ese de la mente en blanco (no le ha hecho gracia lo de la mente en negro, no sé por qué, es un poco rancio este hombre, pero en fin). Ya no sé qué te venía diciendo, otra vez. Lo único es que no entiendo por qué siempre termino escribiéndote a ti, no puedo evitarlo. Hablamos todos los días, de todo, y hasta hemos mantenido las mismas conversaciones con la misma intensidad y el mismo fervor de la primera vez, y sigo escribiéndote a ti, que te lo cuento todo, a ti precisamente que eres de las pocas personas en este mundo con las que no necesito palabras. Me gusta cómo huele el silencio cuando estoy contigo, como a tierra mojada después de una tormenta, sí, eso es, huele a calma el silencio contigo. Aunque alguna vez también hemos tenido silencios de los de nudo en la garganta, seamos realistas, que perfectas no somos. Si fuéramos perfectas no necesitaría escribirte, creo. Y tampoco tendríamos la necesidad de hablar una y otra vez de lo que podría ser o haber sido o que será o dejará de ser. Me ahogo a veces, y sé que tú también te ahogas con tanta tormenta pasada. ¿Y por qué nunca nos pillará la maldita tormenta encima? Porque ni discutimos tú y yo, que es ya el colmo de las relaciones frustradas. Eso es lo que lo hace todo tan difícil creo, que sea tan fácil. Qué demonios estoy diciendo, no sé que querría conseguir este hombre con esto, que lo único que hago es contradecirme una y otra vez. No tiene ningún sentido. Menos mal que tú no vas a leer nada de esto que si no estarías muerta de la risa. Tu risa. Es que mira que es bonita la jodía, se me alegra el alma, como dicen en mi pueblo, cuando te digo "¡sonríe!" y tú, que eres muy obediente, eso sí, te echas a reír. Aunque sabes, que te lo he dicho mil veces, que lo más peligroso de ti es tu mirada. Se te queda clavada en las retinas y ya, incluso con la mente en negro, no puedes dejar de ver todos los tonos de tus ojos (verde, azul, gris y motitas marrones y negras, cómo para olvidarlo si es una combinación imposible). En fin... Creo que lo voy a dejar porque al final siempre termino hablando de lo mismo, y con la misma persona, que ya es cínico lo mío. Y aún a riesgo de rebosar la papelera con hojas arrugadas repletas de ti, hoy me he propuesto conseguir hacer bien el ejercicio de la mente en negro (y que el tonto de mi psicólogo lo llame como quiera pero la mente, como mucho, se queda en negro).

viernes, 16 de enero de 2009

Cáceres



Piedra monumental
que atrapas
de humedades mi alma,
que arrastras mis pasos ahogados

en tus muros yermos
,
guárdame contigo.


Luz infinita y despiadada
que te atreves a irrumpir
en el silencio
de los ecos de la Historia,
déjame a oscuras.

No puedo atravesar la puerta
que me aleje de tus entrañas,
ciudad de corazón indómito
permíteme ser parte de tu noche,
huella de mi rastro en tus rocas.

miércoles, 14 de enero de 2009

Un post por Palestina

Los que me conocéis, desde hace más o menos tiempo, sabéis que no estoy en un buen momento, que no puedo escribir como normalmente hago, y que apenas aparezco por aquí salvo para leer vuestras cálidas palabras, y no voy a mentir, os echo muchísimo de menos. Pero de momento me está costando volver y tendréis que perdonarme (sobre todo tú, que no paro de escribirte pero no sé cómo hacerte llegar cómo me siento).

Pese a todo esto no podía dejar pasar este día sin más, sin tan siquiera decir que sigo sintiendo. Y es que he estado pensando largo tiempo cómo sumarme a la iniciativa que Laura nos proponía el pasado domingo, porque son muchas las formas en las que uno puede dar su opinión, en las que uno puede manifestar su apoyo a un pueblo más que castigado.
Sigo viendo gris y rojo como hace días, sólo que cada vez se acentúa más el rojo.
Soy egoísta y respiro más tranquila porque Silvia ha vuelto.
Encuentro que a la sombra del mejor árbol se cuenta de nuevo qué fue aquello.
Se me eriza la piel cuando veo las similitudes que nos enseña la Historia.
Vuelvo a estremecer ante las palabras de mar de esa Ciudad que adoro.
Llega la canción, llega el dolor hecho música a nuestros oídos.
Y no hay humor en las viñetas del que antes reía. Pero sí denuncia, toda la denuncia que sólo la imagen puede enseñarnos.
Con todo esto, y muchísimo más que vosotros conoceréis tanto o más que yo, no es bastante. Por lo visto nos gusta el rojo sangre, no escuchamos a los que lo están viendo y denunciando, no aprendemos de la Historia, y nuestras retinas y oídos a penas se sobresaltan con una imagen de dolor o una música que clama. Parece que no es bastante y tenemos motivos de sobra para gritar con todas nuestras fuerzas que pare esta barbarie de sinrazón y sufrimiento.




Mientras, ellos siguen corriendo...

jueves, 8 de enero de 2009

Aventurera

Nueva misión exploradora, de aventurera indómita.
Sin preguntas ni recelos, te lanzas a tu destino de recolección en pro de vidas futuras.
Tu sino, el trabajo, tu anhelo, la aventura.
No debes desviarte del camino dictado salvo que tu instinto te guíe hacia mejor alimento.
¿Es tu instinto el que ahora te alerta? ¿O no es más que otro de tus deseos de hallazgo?
Sin más pensamiento que el de continuar, te alejas de tus compañeras y emprendes una nueva senda.
Nada te detiene.
Sabes que al final del trayecto te espera la recompensa del descubrimiento porque ése es tu verdadero sentido, para el que has nacido.
Te detienes un momento antes de continuar, no percibes movimiento ni peligro.
Es el momento de llegar al final.
Y al final del camino...
...
la palabra.
¿Qué hacer con la palabra?



El aire
intentando

la forma

en equilibrio, siempre.

Como

un globo

rompe una ventanill
a
presionando quiere ir,

presiones.



domingo, 4 de enero de 2009

Con el saco lleno

Hoy, después de una breve desaparición por este mundo al que adoro, me he encontrado con un montón de cosas que recoger, y es que para mí los reyes magos parecen haberse adelantado. Me explico:
Resulta que tengo un meme que continuar y un premio que recoger y entregar, y por ambas cosas me siento halagadísima y muy agradecida. Debido al retraso y a que se me ha juntado un poco todo, he decido hacer una entrada con ambas cosas, pero perfectamente separadas, y es que, por una vez y que no sirva de precedente, voy a seguir las reglas.


Comienzo con el meme




Hoy me he encontrado con que nuestra querida
Cristal, encomendada a su vez por otro amigo de la red, me propone un meme bastante peculiar. Consiste en describirme, atención, ¡en seis palabras! Vale, muy bien, es difícil pero no imposible, lo curio
so es que ella alude a la dificultad de resumir y yo a la de desarrollar, porque a ver de dónde saco yo seis palabras, si con una me sobra. Y si a esto le añadimos que soy pésima contando cómo soy, apaga y vámonos, como dicen por ahí. Pero, al final, tras dar bastantes vueltas, y la lata a más de uno, al que por cierto quizás les llegue el momento, me he decidido con la siguiente frase, abierta a comentarios, por supuesto:

Una mujer desastrosa, feliz de serlo.


Y ahí van mis seis nominados, sintiéndolo mucho, pero hay que seguir las reglas:

Alfaro
Lena
Zenyzero

San Tiago
Luna
Gilda

Termino con el premio


Cuál es mi sorpresa cuando voy al blog de Elisa y descubro que además los reyes magos, empeñados en adalantarse de fecha, me traen
un maravilloso premio, que agradezco enormemente, de verdad.


Y la mayoría ya sabéis que cuando recibo un premio os lo dedico y agradezco a todos vosotros porque es tan mío como vuestro. Y así es, es de todos, pero esta vez me he prometido a mí misma seguir las reglas, elegir a cinco personas para que éstas continúen, porque en ocasiones anteriores nadie lo interpreta como suyo, y se queda aquí, en mi blog sin ser repartido como se merece. Esta vez prefiero que continúe dando alegrías. Después de este rollo (perdón) entrego el premio de BLOG AMIGABLE a los siguientes:

Capitana, por estar siempre tan cerca, aconsejando, valorando, y comentando. Eres todo sensibilidad mi reina.

Marcelo, por traerme los aires argentinos con una frescura inigualable.


Ariadna y Misifuz, por hacer de su vencindad la más amena de todas.


Roberto, porque es poesía en todo lo que hace.


Anabel, porque si hay alguien a quien se le pueda dar un premio amigable en esto de los blogs, es a ella.


Todos los que no estáis sabéis que os quiero, que os regalaría esto y más, y que, por mí, podéis contar con que este premio es vuestro, que lo es.

viernes, 2 de enero de 2009

Gris y rojo


Gris,
de escombros en tierra
perdida,
de nadie, de todos.

Rojo,
que sangra entre
aullidos
sin cielo o reposo.

Gris,
que camina lento
arañando
el viento.

Rojo,
con fuego enaltecido
rugiendo
hambriento.

Gris y rojo.

No hay verde esperanza,
ni azul de cielo abierto,
no hay sol que brille amarillo,
ni blanco de paz que asome el horizonte.

Gris y rojo.

(ni dios que apoye este maldito despropósito)

Sólo esos dos colores,
rojo fuego,
gris polvo.