domingo, 10 de mayo de 2009

El detective y Leonor

Para Marcelo, que generosamente me prestó a su detective y sin quien no habría sido posible la historia de Leonor


(Horacio Coppola)

Debería sentirme segura a esta hora, con la calle abarrotada de gente y las luces brillando por encima del firmamento, pero después de la escena en casa seguro que me están siguiendo... y no he podido ponerme en contacto con él.

Tuvo que ser él quien entró en casa la otra noche, y ya sabrá que Agostino... Ay... cómo explicarle que ese matrimonio no fue cosa mía, cómo explicarle que mi familia estaba en deuda con ese hombre y debieron decidir entre entregar mi mano o perder la vida. A cambio de tener a mi familia a salvo, he pasado diez años de sufrimiento al lado de ese bastardo, cómo no iban a enamorarme unas cuantas cartas con promesas de liberación.

Me siento tan estúpida, debí haber acudido al detective en la primera carta y no en la 43. Qué espanto cuando mi marido me arrojó todas mis cartas a la cara, llamándome zorra mientras me tiraba del pelo como el maldito bestia que es. Mariela apareció justo a tiempo a socorrerme, un minuto más...

¿Y quién le habría dado esas cartas de no ser el Zurdo? Ahora sé que le llaman así, yo ni siquiera sé su nombre, y me había enamorado de sus palabras. Me lo dijo Agostino entre gritos y golpes:
"¡Con el Zurdo ni más ni menos, zorra! ¡Te voy a matar! ¡Voy a limpiar mi nombre con tu sangre!"
Así me enteré de su nombre, o de su apodo, o lo que demonios sea.

Y ahora corro despavorida, ensangrentada, con un abrigo de hombre cubriendo mis ropas rasgadas y apunto de desfallecer. El único sitio al que se me ocurre acudir es al despacho del detective, por Dios bendito que esté allí.


-Hola encanto, te esperaba, ¿subes?- ahí está el detective, con su pose más seductora, increíblemente a tiempo.
-¡Gracias! Eres un ángel, ¿cómo has sabido qué...-
-¡Te explico dentro! No hay tiempo que perder, ¡sube!

Sí, curiosamente, nuestro querido detective estaba allí esperando a Leonor. Y es que, desde que confirmó sus sospechas en la casa signorile, se decidió a terminar con el asunto del Zurdo de una vez por todas. Habían sido muchas las ocasiones en las que aquel despreciable había puesto en peligro la vida del detective e incontables en las que había traicionado su confianza, pero el desencadenante para urdir al fin su venganza fue Leonor, no podía consentir que el Zurdo pretendiese chantajear a la mujer que se había hecho dueña de sus sueños.

A primera hora de la mañana, después de la noche que descubrió el cuadro en casa de los Caruso (cómo resonaba en su mente ese apellido, cómo martilleaban su estómago los desgarradores celos) se entrevistó con uno de los hombres del italiano, para que le hiciera saber que tenía una información muy valiosa para él. El detective pretendía entregar a Agostino las 43 cartas que su esposa había estado recibiendo estos meses y, pese a no estar firmadas, podría demostrarle fácilmente quién era el remitente.

Todo se planeó la noche anterior, fue el destino. Tuvo que ser el destino el que quiso que Mariela fuera hija del compadre del detective. Quién, de no ser el destino, habría querido que Mariela trabajara en aquella casa sirviendo. Claramente, fue el destino el que quiso que Mariela sorprendiera al detective en su allanamiento. Y por estos juegos del destino, el detective salió ileso del lío del asalto, así fue como decidió que aquella niña no tan niña, pero que para él siempre sería la hija de su compadre, sería testigo perfecto de las i
das y venidas de las cartas secretas, además de ser la encargada de avisar a Leonor y asegurar que se pusiera a salvo a tiempo.

Por la tarde, el mismísimo Agostino Caruso telefoneó al detective para confirmar una cita privada con él la noche siguiente, no sin antes intentar averiguar de qué se trataba aquella información. Información que nuestro detective se negó a revelar de no ser en persona, en su despacho y a solas, sin secuaces ni más pistolas de las imprescindibles para garantizar una conversación entre caballeros.


Pero había un detalle que el detective no tuvo en cuenta en su plan. Sabía que el Zurdo ya había comenzado a contactar con el italiano para llevar a cabo su chantaje, pero como no podía dar a conocer su identidad aún no le había enseñado ninguna prueba, y esto le tranquilizaba. El problema era que, después de tantos años en el negocio de la est
afa, el Zurdo tenía pendiente más de una venganza, a decenas de enemigos y la oportunidad del carnicero perfecto con el Signore Agostino. Uno de estos enemigos se adelantó, y no uno cualquiera, el Chino, que también tenía algún palazo en la cabeza pendiente con nuestro detective, fue el primero en la carrera. Tras una paliza sangrienta, el Chino llevó el cuerpo inconsciente del Zurdo a uno de los almacenes del italiano, junto con las cartas manuscritas de Leonor. Por suerte, Mariela estaba en la casa y, aunque aún no había tenido tiempo de poner a salvo a Leonor, ni tan siquiera de advertirla, pudo ayudarla a huir y contactar con el detective.

(Horacio Coppola)


-¡Nos siguen!
-Tranquila, conseguiremos darles esquinazo. Voy a ponerte a salvo, encanto.
-Dios mío, ¿qué voy a hacer ahora? ¿Dónde iré? ¿Y mi familia?
-Leonor, tu familia estará bien, te aseguro que Agostino Caruso no tiene ningún interés en ellos. Se desahogará con el Zurdo y se cansará muy pronto de buscarte.
-Tú no sabes cómo es. Me iría contigo al fin del mundo si supiera que no nos encontraría, pero lo hará, y tú no mereces esto.
-No lo hará y te vendrás al fin del mundo conmigo, Leonor.

En el coche, a toda velocidad por el centro de Buenos Aires, el detective sólo podía pensar en que por una vez el amor estaba de su lado, y eso que él de amor siempre supo casi nada.

20 comentarios:

Marcelo dijo...

Los personajes no nos pertenecen. Ni ese detective es mío, ni el Zurdo es tuyo. Uno les da el primer aliento y luego salen a girar por ahí.
Me encantó la reunión "sin secuaces ni más pistolas de las imprescindibles para garantizar una conversación entre caballeros" Esa frase por sí sola muestra la belleza de lo que has escrito Gloria. El detective está en buenas manos en tu casa, dejalo volver las veces que quiera!
Un beso y gracias, pero muchas gracias por este hermoso regalo de sábado a la noche.
Un beso

(mañana pasaré de nuevo por aquí, con tu permiso)

TriniReina dijo...

Me gusta la literatura policiaca y tu relato me ha parecido estupendo.

El amor siempre va ligado al destino, y Leonor y el detective no iban a ser menos.

Besos

TORO SALVAJE dijo...

Te felicito Gloria.
Es novela negra de la mejor.
Todo lo que escribes es muy bueno.
Menudo don.

Besos.

marisa dijo...

Es genial...Lo de compartir personajes y hacer de la literatura algo vivo es maravilloso.te felicito guapa.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Olé!

(* dijo...

Mmm... el detective de Marcelo, el Chino de Fusa, ¿puede ser?, Leonor tu Leonor... Gloria, importa y no importa de dónde vengan los personajes, si nacen de la mano de otro pero luego eres tú quien les enseña a dar los primeros pasos, a decir sus primeras palabras... Si los has sacado de la realidad para introducirlos en la ficción cada vez más real que escribes, o si son invención tuya para volverlos tan reales, tan de que parece que es verdad que Leonor corre en busca del detective y que éste se piensa que no sabe del amor... Importa porque los personajes, como decía Fusa el otro día, acaban siendo personas y se les quiere, o se les odia, pero no importa, no importa su origen si con ellos consigues hacernos disfrutar e intrigarnos de esta manera.

Un besazo, linda, a esperas de la siguiente entrega. :)

Pandrea dijo...

Un relato maravilloso

gloria dijo...

MARCELO:
Tanto tú como el detective merecíais este final. Porque la historia de Leonor, en principio, termina aquí, y tenía que ser para ti.
Es curioso que resaltes justo esa frase, porque cuando la escribía se me escapó una sonrisa pensando que cuando la leyeras también se te escaparía a ti... quizás no es tan extraño (no sé por qué me sorprendo).
Gracias, Marcelo, muchas gracias a ti por haberme devuelto a Chadler en tus historias, por haberme llevado a Buenos Aires de la mano, por haberme hecho reír y también llorar con tus letras, por leerme siempre con aprecio (mutuo, por cierto). Este homenaje no es nada para lo que considero que merecéis tú y "La menor idea", uno de mis rincones favoritos. Así que, argentino del alma, una vez más, gracias a ti.
Un beso enorme, encanto.

(obvio! podés volver...
en realidad, no te has marchado)

TRINIREINA:
Gracias, Reina, desde que comencé con esta historia he repetido hasta la saciedad el miedo que me daba hacerlo, y supongo que era por el respeto que me causa un género que adoro, y que creo que deberíamos cuidar más...

Me alegra mucho que lo hayas disfrutado.

Leonor y el detective tienen su final... quizás no sea muy de novela negra, pero no he podido resistirme.

Un beso, y de nuevo, gracias.

TORO SALVAJE:
Uf, gracias Toro!!
Sólo sé que me gusta hacer lo que hago, algunas resultados me gustan más que otros, pero siempre termino quedando satisfecha gracias a comentarios como el tuyo.
Me halaga que pienses así, eres un encanto.
Un beso.

MARISA:
Si hay algo hermoso en el mundo blog, al menos para mí, es precisamente eso, Marisa, la oportunidad de poder compartir la literatura, de hacerla libre y abierta a la creatividad de todos...
Muchas gracias, querida mía.
Un abrazo.

gloria dijo...

MALVADA BRUJA DEL NORTE:
Gracias!! Es el final, brujita... Espero que haya cubierto las expectativas... aunque me temo que no... ay, verás cuando le diga ahora a (* que la historia termina aquí... jeje.
Un abrazo.

(*:
El Chino también es de Marcelo... aparecía en una de las misiones del detective en la que no terminaba muy bien parado... jeje. Te recomiendo que vayas a verlo, te encantaría (etiqueta de "El detective" en "la menor idea").
Tanto tú como Fusa tenéis razón los personajes, para nosotros se hacen personas, porque es algo que no le ocurre a todo el mundo, nos ocurre porque leemos con intensidad, porque leemos con la pasión que un personaje requiere para dar el salto. A mí me ocurre con Raquel, con Eulalia, con Wendy, con Ali, con Ted, con Rose, con Leonor, con Toni, con Tomás, con Gerry... jeje... con todos, para qué negarlo.
Muchas gracias, mi dulce Lunita, enseguida iré a visitar a las personitas de la luna de papel...
Te beso, y mucho.
(siento decirte que, en principio, la historia de Leonor termina aquí).

PANDREA:
Muchas gracias, Pandrea, y bienvenida...
Besos.

alfaro dijo...

¿y por qué una novela negra no iba a poder terminar bien?
a mí me gustan los finales felices,
lo mejor de tu detective..., es que siempre la está esperando... es como un premonitor (de premonición) siempre sabe que Leonor va a ir,
y casi que por el camino nos olvidamos al Zurdo, al chino, al Carusso...
Está muy bien .
Un beso.

gloria dijo...

ALFARO:
Pues tienes razón, Alfaro, ¿y por qué no?
El detective la espera porque desea que llegue... y porque una vez se cumplan los deseos no se nos va a venir el mundo abajo... aunque estaría bien que lo hiciera.
Gracias, querida mía.
Un abrazo enorme.

(* dijo...

Pues si ya ha llegado el final de esta historia, querida Gloria, apuntar quiero que para mí ha sido toda una aventura seguir tus pasos, que aunque miedosos al principio, poco a poco fueron cogiendo confianza de sí mismos para caminar esta bellísima y emocionante historia de misterios, oscuridades y amor.

Un dulce beso.

(Ahora me voy a ver a Marcelo)

gloria dijo...

(*:
Muchas gracias, Lunita, me alegra saber que ha sido así, porque para mí también, y lo sabes. Toda una aventura llena de... ¿riesgos? jeje.
Gracias, de verdad, y me alegra que hayas ido a visitar a Marcelo.
Un beso enorme, linda.

ANABEL dijo...

Gracias a Gloria, gracias a Marcelo. Sí, gracias a los dos por hacerme pasar un rato estupendo. El detective tiene tantas vidas como escritores pueblan la senda que hemos creado.
Besos gordos

Marcelo dijo...

Aquí vengo a apagar la luz, y a disfrutar una vez más de todo lo bueno que generas.
Un beso

gloria dijo...

ANABEL:
Gracias a ti, Anabel, por estar en este círculo que por cosas del destino, el azar o vete tú a saber, nos ha unido para compartir las palabras.
Un beso enorme.

MARCELO:
¿Qué te parece si dejamos una lucecita encendida? La de la mesilla, por ejemplo, para poder venir siempre...
Gracias, Marcelo, por tantísimo.
Un abrazo.

Rayuela dijo...

Ay Gloria! Empecé a leer ésto y era tan Chandler, pero también tan argentino! Hasta las fotos de Coppola, geniales...
Mis felicitaciones,nena, sos una diosa!


Mil besos!

(y me picó el bichito de la curiosidad...iré a visitar a Marcelo)

gloria dijo...

RAYUELA:
Cómo me alegra que te gustase y que me digas que es argentino! gracias... no es que fuera exactamente mi intención, pero reconozco que tengo predilección por Argentina y me daba miedo no hacerlo bien.

(si quieres ver los capítulos anteriores, pincha sobre el nombre Leonor al principio de la entrada... son poquitos y cortos... aunque en esta entrada está todo resumido)

Muchas gracias, linda, pero que muchas!

Un beso enorme.

elshowdefusa dijo...

Me ha pasado una cosa y es que no he podido leer la historia de Leonor como si fuera Leonor. Las demás sí, pero ésta no. Ella, como una loca, en la calle, con ropa de hombre, corriendo. Eso yo lo he hecho mío. Y después... cómo no enamorarse de unas cartas que prometían la liberación. ¿Y cuántas veces nos habremos enamorado de las promesas más que del que prometía?
Está genial, G., se ve todo. Y sí, los personajes salen a girar por ahí, y entre tu blog y el de Marcelo, estos han bailado un tango bien agarrao.

Un abrazo, preciosa.

Pamela dijo...

Vine a ver en qué andaba el Zurdo y me he quedado encantada con tu relato. Genial habértelo traído para tu blog. Buenísimo todo