sábado, 19 de diciembre de 2009

Notte

(Lampada-Studio di Luce, Giocomo Balla)


"Me rodea en la noche una logia exterminadora"

(Alejandra Pizarnik)


Digo alma y un pájaro dormido arde en el porvenir,
el tiempo se deshoja en pétalos de escarcha

y en su caída se desvela el sonido de la soledad,

cada fragmento golpeando, a cada astilla

sintiéndome morir, ajena

...ajada.

Digo miedo y una nube roja escapa del firmamento,
el agua teje un terciopelo de honradez
con agujas templadas de cruda incandescencia,
cada reflejo atravesando, en cada destello
viéndome morar, rendida
...reducida.

Digo noche y
crecen manojos de flores secas,
el olvido
me responde compasivo
y sus escamas de misterio visten mi cuerpo,
cada secreto huyendo, a cada silencio
queriéndome vencer, extraviada
...extinguida.




(Impressioni di settembre, Franco Battiato)

jueves, 1 de octubre de 2009

Enhorabuena

Hace dos años, me emocionaba dando la enhorabuena desde mi humilde rincón a Olvido García Valdés por este Premio Nacional. Hoy esa emoción se mezcla con otras sensaciones, todas parecidas, todas salidas de un lugar que tú, querídisimo poeta, afirmas que no existe pero que cada vez tengo más claro que llegaremos a conocer.
Después de tanta noticia triste en este año en el que maravillosos poetas nos han abandonado, es un placer poder darte la enhorabuena por el Premio Nacional de Poesía.
Gracias, Juan Carlos Mestre, por tu generosidad, por entregarte a la imaginación como único lenguaje, gracias por tu humildad y por tu poesía (y por ese ángel protector que me acompaña a todas partes).





LA CITRONETA AZUL

A Amancio Prada

En una citroneta azul
haciendo sonar el claxon de la luna

voy de regreso al pueblo donde mis amigos

salen cada noche a esperar los ovnis.


Sueñan en el cielo las estrellas

y las fugaces sombras de las niñas muertas

elevan en los prados sus cometas

con recados para los platillos voladores.


Todo esto se podría decir de otra manera

si allá tras las cortinas del espacio

existiera el silabario, el colibrí, la esfera

del vagabundo aerolito de los pájaros.


Yo no espero otra luz que la tristeza

de quien regresa a una escuela abandonada

donde aletean todavía en la pizarra

las mariposas blancas de la melancolía.


De La casa roja, Juan Carlos Mestre


Sólo conozco tus grabados y tu poesía, por eso te hablo como si te conociera. Mis más sinceras felicitaciones, querido poeta.



sábado, 26 de septiembre de 2009

Perdón

(Oswaldo Guayasamin)



"Me he mirado despacio
y no me encuentro
"

(De Si temierais morir, Vicente Gallego)



Perdón por no haber perdido la esperanza. Quizá mi torpeza resida en creer que el punto de apoyo del que hablaba Arquímedes es la imagen que de Roma devuelve un charco en medio del desierto salado. Perdón por soñar con las desapariciones. Tal vez escogí la ingenuidad de una nube de acuarelas porque me aterra la frialdad de los cordones de zapatos. Le pido perdón a la noche que no entendió por qué desgasté mi madrugada en coser el canto del grillo a mis párpados. Perdón también por las luciérnagas y la ración de bienvenidas. Es posible que haya inundado de equivocaciones mi presente sin más aspiración de futuro ni memoria de pasado que la palabra libélula. Perdón por aferrarme al ángel protector que me regaló un poeta entre palabras rojas. Probablemente confunda el lenguaje de las caracolas azules, ése que no cree en el límite de los significados, sí, es muy probable que haya confundido el idioma y la ley moral que me invita a llorar abiertamente por el destino de las flores de los cementerios, pero no me arrepiento. Perdón por mi condescendencia con las tumbas porque no son las culpables de la cruz. Perdón por abrazar la locura y sonreír a los paraguas. Perdón por el ropero lleno de palabras y por los cajones libres de recuerdos. No sé a quién estoy pidiendo perdón y pido perdón por eso, por no saber pronunciar un nombre a tiempo y perderme entre las líneas de un instante banal, siempre me ocurre que dibujo sombreros para no pintar la mirada y me precipito en los abismos por no saludar a los espejos. Perdón por estar reconociendo cuánto miedo tengo. Perdón, y ya termino, por creer que nunca me he ido y decir que estoy volviendo.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Amanece



"
Amanece una hoja seca dentro del vaso de agua junto a tu ventana"

(Perígrafes, Alejandro Candela Rodríguez)



te observo

como quien presencia un milagro
al borde de la desaparición,
(conmoción en pálpito infinito)

no conoces lo imposible

tu imagen llama a la luz y me ciega,

se eleva
impávida tu sencilla existencia
y mientras, los límites del agua
te besan

ya te he descubierto: tú eres la belleza



(Si queréis, podéis leerme también aquí: El taller)

lunes, 24 de agosto de 2009

El río

(El pez volador, Herbet James Draper)


no recuerdo

qué llave de qué puerta

me condujo al murmullo de estas aguas de silencio

que mojan mi nombre y calan tus palabras,


soy ya parte de este río
tan tuyo

tu mirada sola ha ungido mi piel de triunfos

y mis ganas se han vestido de nadas azules,

escamas de tiempo líquido en tu orilla


navego en tu corriente
, anhelando
la desembocadura de mis miedos
en tu boca

lunes, 20 de julio de 2009

Saudade

(Las horas colgadas, José Hernández)



"se desprende de tu mirar el magnífico abandono de los animales adormecidos"


(De Dispersos De Milfontes, Al Berto)



La ciudad se ha fugado
del incendio que consume los estambres;
busco refugio en sus esquinas pobladas
de reptiles ciegos.

El tiempo languidece
contando las horas secas;
inmóvil, me abandono a la agonía
de un recuerdo confundido entre las piedras.

Espero la desaparición
de la sal y el sabor de la espuma,
espero la costumbre
de la herida y el color del frío.

El silencio se acomoda
sobre las calles
moribundas,
en la quietud de la noche
me emborracho de saudade.

viernes, 10 de julio de 2009

En blanco



"Después

sólo quedó el silencio
como un brazo de luz hurgando en los cristales"

(De Métodos del recuerdo, Pablo Martín Coble)



Porque pudo ser un sueño,
no confío en el ardor de mi cuerpo,
ni en el azul infinito invadiendo la cortina
del amanecer de cualquier día.

Porque pudo no ser cierto,
no escribo versos con tu nombre,
ni busco las huellas del agua
que disuelvan el recuerdo de tu imagen.

Es sencillo soñarte
con los ojos
abiertos y un libro
en blanco, ávido
de palabras de ti.

Me resguardo en el silencio de tu lenguaje,
en la duda de tu sombra, en el reflejo
de un instante sin olvido ni memoria.


sábado, 4 de julio de 2009

Incomunidade


Si hay algo de lo que no podría arrepentirme nunca es de haber comenzado este blog, porque es de los pocos lugares en los que siempre recibes mucho más de lo que das. Todos sabéis tan bien como yo a lo que me refiero, y estos dos días anteriores me han vuelto a demostrar que tengo razón. Vuestros comentarios en mi última entrada son la prueba más fehaciente de ello, y a veces pienso que decir un simple gracias no basta (sé que os basta, pero me sabe a poco). Pero de momento, es lo único que puedo decir, gracias a todos por ser y estar en mi vida.

Por si fuera poco, ayer recibí una noticia que me llenó de alegría y que no puedo dejar de compartir. En mi entrada "Quebranto" tenía este comentario:

"en portugués:
http://incomunidade.blogspot.com/2009/07/quebranto.html"

Hace algunos días, Alfaro nos hablaba de la admirable labor de los traductores y nos acercaba la traducción de un poema de Friedrich Hölderlin realizada por Leo de Mar. Yo le comenté en aquella entrada que estoy leyendo poesía portuguesa y que debido a mi escaso conocimiento del idioma sentía que me perdía mucha belleza, lo que confirma lo difícil que es el trabajo de los traductores (de la poesía, especialmente). Ella me animó a seguir, a intentar traducir algún día uno de mis favoritos (no lo he olvidado pero me da demasiado miedo).

Que alguien se haya tomado la molestia de traducir un poema mío es el mejor de los regalos. Obrigada Alberto, no lo merezco...

Estaréis de acuerdo conmigo, vivir es raro y maravilloso.

jueves, 2 de julio de 2009

27


"A mí no me extraña. Es que todo es muy raro, en cuanto te fijas un poco. Lo raro es vivir. Que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer, que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria y que de esas ganas dependa a lo mejor el destino, es mucho a la vez, tú, no se abarca, y lo más raro es que lo encontramos normal."

(Lo raro es vivir, Carmen Martín Gaite)



Me pierdo en la huellas borradas mientras sigo pisando el aire.

Se me han atragantado los años y todas las horas etéreas.


No puedo detener mi ansia de vida en medio de la locura de dátiles maduros y raíces creciendo.


Y esta realidad extraña se ha enquistado a tu paso, huérfana de ti y de mi esperanza.


Por eso, me ofrezco a ti que no estás más que en mi casa, a ti que me miras desde entonces para recordarme las palabras que olvido.

Tu mirada es rotunda en el secreto de mis sueños, pese a la crueldad de sospecharte perdida en el reflejo del desierto, al que quizás alguna vez te desterré, del que siempre vuelves con arena en los bolsillos para enterrar mis dudas.

Has probado la miel de las sonrisas y lamido la soledad de las heridas.

Tal vez, no pueda ofrecerte más juegos que el de los mordiscos livianos a una vida que no nos pertenece.

Pero no sueltes mi mano, no todavía, aún necesito tu risa para hacerme cosquillas en el ombligo.




jueves, 25 de junio de 2009

Quebranto

(Gustavo Vásquez)



"Memoria, olvido,
imagen,

luz quebrada"


(de Pájaros de Granito, Alberto Cubero)




De aquellos días conservo
una vasija de palabras consumidas,
olor de barro ajado sudando
ruidos de un pasado prófugo

(busco tras su eco urgente la justificación de tu existencia)

La voz helada de esas noches
me persigue en forma de nubes,
amarillas por el hierro de tus manos,
lluvia férrea tatuada en mi
memoria púrpura

(metales acuáticos, látigos de viento y tu voz oxidada en medio)

Ahora la mañana bebe
de la cuenca de mis ojos, se cuela
por mi pelo empapado, me cura
de ti y de tu risa cóncava

(lloro por asesinar tus palabras y no poder hallarte en el fango)

jueves, 18 de junio de 2009

Esta luz

(Safo, Charles August Mengin)



"Cúbrome toda de sudor helado;
pálida quedo cual marchita yerba;

y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,

muerta parezco"


(Safo de Lesbos)





Esta luz... tan efímera
como la certeza
de las horas
en un letargo
interminable, perecedera
como la prudencia de mi voz

en brazos de la locura,
trama entre mis manos
hilada por alientos
de pájaros moribundos.

Y, sin embargo... tan viva
que puedo advertir sus latidos
interrumpiendo la soledad del ocaso,
vehemente en el incendio
de un instante definitivo,
llaga en mi piel
teñida por la sangre
de guerras fracasadas.

Esta luz perpetua
y, sin embargo, tan necia
se suicida una vez más
en el abismo de mis días.



martes, 9 de junio de 2009

Bloqueo

(Círculo Negro, Malevich)


Tengo hormigas en el cuerpo y arena en los ojos.


Mis manos son raíces arrancadas buscando patria en el viento.


En esta vida de pasos velados, la soledad cristaliza en mis venas.

Quiero deshacer la costumbre de mis horas, perderme entre las páginas del silencio, pero aún estamos mi voz y yo interrumpiendo la nada.

La noche no quiere mi sosiego, dice su murmullo, habla con mi miedo.


Me inunda un lenguaje que desconozco, que no tiene palabras más que en este vacío ciego.

Mi voz pronuncia el verbo. En mis labios se abandona su significado.



viernes, 5 de junio de 2009

Tormenta

(Mond Guter Dinge, Max Ernst)



"¿Qué hacer con este cielo

que se marchita en mis hombros?"


(De "Homenaje a la soledad", Adonis)




Aún advierte mi cuerpo
el vértigo cálido
de tu misterio
y ya veo la caída del péndulo
atravesando la bruma
.

No quiera el tiempo
curar mi anhelo,
cuando busque
entre el olor de tu ausencia
el jazmín de la noche empedrada.

No quiera dejar de llorar
el eco de tu recuerdo,
cuando pierda
la dulzura de la lágrima
en el umbral de mi garganta.

No quieran los cielos
agotar la furia
del relámpago que me atraviesa,
esta sutil angustia
que te entrega a mi memoria.

Me abandono en tu mirada,
todos los cielos regresan
a tus párpados.



miércoles, 27 de mayo de 2009

Ahora que el tiempo se detiene

(Michel Larionov)


"Igual que en la ética el mal es consecuencia del bien, en realidad de la alegría nace la tristeza. O la memoria pasada es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido"

De Berenice, Edgar Allan Poe


Ahora que el tiempo se detiene
en esta absurda ebriedad de luna,
que los espacios de mis huesos se liberan
de todo antecedente, y no soy
más que el tenue reflejo de un pétalo muriendo;

ahora que escapan las palabras
por las esquinas de mis ojos,
que tus oídos desconocen mis lágrimas
de miedo, y el valor
se esconde al amparo del abandono,

deja que mi aliento descanse
sobre el lecho de tu memoria,
consiente ahora que mi cuerpo sangre
el hastío de tu desvelo,

ahora que no encuento
cómo sobrevivir a este vacío,
de ti tan lleno

lunes, 25 de mayo de 2009

Carta a un poeta

(Federico García Lorca)


"Nunca comprenderemos

lo desconocido.

Se ha apagado mi luz.

Estoy viejo y marchito,

y no vi descender

de la rama el rocío"


(El Gusano de luz 3º, en la escena V de "El maleficio de la mariposa", Federico García Lorca)




(Homenaje a Federico, Camarón de la Isla)


Esta tarde buscaba un árbol que me cobijase del lamento de la primavera. Y pensé en tus versos. Recordé esa encina vieja de bellotas metafísicas a la que una vez suplicabas. Recordé cómo pedías que una azul melodía surgiese del fondo de su resina para aliviar tus lágrimas. Qué mejor refugio que tu poesía. Palomas oscuras surgiendo de las ramas del laurel para llevarme lejos, para borrar el negro y profundo pentágrama sin clave que trae la lluvia. Canciones para alejar el llanto, canciones para que no duela tanto querer como quiero, canciones en las que esconder el secreto de la primavera. Ay, poeta, me trajiste el alba clareando la noche y el coral de la vida abrió su rama. Ahora vengo a escribirte y no me sale la voz del cuerpo, no hay palabra que no te hayan dicho, ni verso que no hayas soñado. No hay cigarra, ni luna, ni clavel, ni guitarra, ni chopo, ni hombre, ni mujer, ni niño que no te haya besado. Pero no me iré sin darte las gracias, no marcharé al sueño sin dejar asomar tu nombre, en un susurro, Federico, no hizo falta más que tu verso caliente, y nada más, en un susurro, sólo tu verso caliente, y nada más, Federico, una enorme luz que fuera luciérnaga de otra, en un campo de miradas rotas. Dilo tú, Federico García Lorca:


MADRIGAL APASIONADO

Quisiera estar en tus labios

para apagarme en la nieve

de tus dientes.

Quisiera estar en tu pecho

para en sangre deshacerme.

Quisiera en tu cabellera

de oro soñar para siempre.

Que tu corazón se hiciera

tumba del mío doliente.

Que tu carne sea mi carne,

que mi frente sea tu frente.

Quisiera que toda mi alma

entrara en tu cuerpo breve

y ser yo tu pensamiento

y ser yo tu blanco veste.

Para hacer que te enamores

de mí con pasión tan fuerte

que te consumas buscándome

sin que jamás ya me encuentres.

Para que vayas gritando

mi nombre hacia los ponientes,

preguntando por mí al agua,

bebiendo triste las hieles

que antes dejó en el camino

mi corazón al quererte.

Y yo mientras iré dentro

de tu cuerpo dulce y débil,

siendo yo, mujer, tú misma,

y estando en ti para siempre,

mientras tú en vano me buscas

desde Oriente a Occidente,

hasta que al fin nos quemara

la llama gris de la muerte.


sábado, 23 de mayo de 2009

En la sombra

(Emil Nolde)



"Pero al mismo tiempo es todo tan fugaz. Siempre fui e inmediatamente dejaba de ser. El día transcurre a su aire y hay abismos de silencio en mí."

De Un soplo de vida, Clarice Lispector



veo tus ojos posándose en la rama
y acabo mi mirada en la última
sombra del día; vértigo de horas
muertas, bajo el cansancio del alcanforero

permíteme la claridad de los abismos
al amparo del crepúsculo; vacío de ti
la fugacidad de esta añoranza
para deshacerme en la nada transparente

tu voz me abandona lenta
y detengo la palabra al borde

hazme ausencia presa en tu recuerdo

jueves, 21 de mayo de 2009

Pérdida

(Yves Tanguy)


"llueve sobre una mujer, la lluvia deja de ser lluvia, la mujer deja de ser mujer"
(De La tumba de Keats, Juan Carlos Mestre)


recibo la vileza del relámpago
cuando extirpa mi sombra,
mientras busco la vereda del camino incuestionable
en mi locura de espuma negra; abandono
la piel de mi presencia
en el recodo donde habitas, y silencio
el lamento del llanto sangriento
que lacera mis oídos

escucho ahora el ruego
del trueno, llega la luz
de la espuma transparente a mis párpados,

será que estoy fluyendo en la corriente
de mi angustia

será esta sequía de ti, naufragando en mi boca

miércoles, 20 de mayo de 2009

Tu semilla

(Georgia O'Keeffe)


"En ciertos casos, mis palabras podrían atravesar tus labios, entrar despacio en tu existencia; no lo que dicen sino las palabras mismas, su exhalación caliente como el amor"

De "Descripción de la mentira", Antonio Gamoneda




como si aparecieras en la bóveda
de mi sueño y rozaras mi pensamiento
para acallar los ruidos metálicos de cuchillos antiguos,

como si tus manos empujasen
el oxígeno con sabor de verso en mis pulmones,
y se perdiera tu claridad por algún rincón de mi abismo,

has llenado mi palabra de existencia
y tú, deshabitado, eres en mí el verbo que devoro,

de ti brotando, en ti me extingo




martes, 19 de mayo de 2009

Salvación

("Nudo Dolente", Amadeo Modigliani)


Arrastro mi existencia olvidada
de ti, en ejercicio de desarraigo feroz; clamo
la ignorancia del cálido sustento,

ayer curaste mis silencios de ojos sangrantes
y venenos mortales


vísteme hoy del frío que extravíe tu recuerdo,
y en la noche, abandónate
de mí,

vuelve a tu claridad de soles,

estoy enfermando de luz

lunes, 18 de mayo de 2009

Decir adiós


Qué extraño es quedarse sin palabras cuando querrías decirlo todo. Qué extraño, visitar los rincones que dejaron tus palabras y saber que ya no estás. Qué extraño, tener la seguridad de que sigues siendo, sin estar. Qué extraño es negarme a despedirte porque ni siquiera te he saludado. Qué extraño, llorarte en los oídos con la voz de Serrat, ensordecer con los ojos rebosando tu poesía. Qué extraño, buscarte como siempre, verte, oírte, leerte, como siempre, como cuando estabas, sabiendo que no estás. Querer despedirte y no saber cómo hacerlo es tan extraño como estar escribiendo esta despedida incoherente. Ya no estás, pero eres en todas partes en forma de necrológica y yo me pregunto quién escribirá tu epitafio, quién se atreverá a poner palabras en tu lápida. Yo, que no me atrevo ni a decirte adiós porque jamás te dije hola, me compadezco del encargado de rendirte homenaje en una frase para la eternidad. No hay palabras, Don Mario Benedetti, para decir todo lo que fuiste cuando estabas, y todo lo que eres sin estar.

viernes, 15 de mayo de 2009

Un pensamiento, un grito, una confesión

(El Poeta, Egon Schiele)

Apiádate de mí,
no te he inventado para que ocupes

esquinas de palabras decrépitas, ahora

se desbaratan las paredes que construí

en un sueño; es desvelo todo

lo que callas, lo que me desdices

ha empañado mi camino; ahora

tendré que desaparecerte.


Día te eximo de luz,

ya se ha ido el verso creado,

márchate poesía de la casa de mi soledad.


Soy cobarde ante el desconcierto

de tu belleza.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Inútil apetito

(René Magritte)




("Libre te quiero", Agustín García Calvo, cantado por Amancio Prada)



Yo quisiera morder tu alma,

si pudiera tomar sólo un pedazo
verde,
un ápice insignificante de tu suavidad,
y encerrarlo en mi boca hambrienta,
y embriagar de tu esencia mi paladar,
si pudiera acariciar las curvas de tus sueños
con mi lengua temerosa.

Yo quisiera atravesar tu sufrimiento en mi
garganta, hacer rosas de sus espinas
en mis entrañas, si pudiera
devorar tu angustia hasta deshacerla en jugos,
quisiera untar mis venas
con la sangre de tus miedos,
que mi corazón supiera devolverte
incólume la esperanza de tu vuelo.

Yo quisiera nutrir mi alma de tu alma
y vestir mis lágrimas con la sal de tu existencia,
pero quién soportaría convertirse en jaula
de la luz de tus alas.


martes, 12 de mayo de 2009

Traes

(Carmen Luna)


traes un brote de deseo

entre las manos


tirita tu corazón


cae


trizas verdes

en los pies


mi corazón

qué difícil caminar

con un sueño
entre las manos

lunes, 11 de mayo de 2009

Una noche (ésta, por ejemplo)

(David Hockney)


aplaco la cálida transparencia
de mi corazón, este corazón

que vierte rojo en las sábanas tibias

derramo la tinta en garabatos
azules, gélidos reflejos de mi
permanencia en el silencio vacuo

no viene la sombra a mis párpados,
ningún amarillo te alumbra
y callo, rota de lentitud

tiene que haber una x no resuelta
en el horizonte atezado
de restricción geométrica

el espejo ha perdido
los cristales, plata de luna fragmentada,
y callo, desbaratada en preguntas

hay noches que no entiendo
qué quiere decirme

tanta oscuridad


(últimos versos tomados de "La vida de los caracoles", de (*, nuestra dulce siseadora de sueños)

domingo, 10 de mayo de 2009

El detective y Leonor

Para Marcelo, que generosamente me prestó a su detective y sin quien no habría sido posible la historia de Leonor


(Horacio Coppola)

Debería sentirme segura a esta hora, con la calle abarrotada de gente y las luces brillando por encima del firmamento, pero después de la escena en casa seguro que me están siguiendo... y no he podido ponerme en contacto con él.

Tuvo que ser él quien entró en casa la otra noche, y ya sabrá que Agostino... Ay... cómo explicarle que ese matrimonio no fue cosa mía, cómo explicarle que mi familia estaba en deuda con ese hombre y debieron decidir entre entregar mi mano o perder la vida. A cambio de tener a mi familia a salvo, he pasado diez años de sufrimiento al lado de ese bastardo, cómo no iban a enamorarme unas cuantas cartas con promesas de liberación.

Me siento tan estúpida, debí haber acudido al detective en la primera carta y no en la 43. Qué espanto cuando mi marido me arrojó todas mis cartas a la cara, llamándome zorra mientras me tiraba del pelo como el maldito bestia que es. Mariela apareció justo a tiempo a socorrerme, un minuto más...

¿Y quién le habría dado esas cartas de no ser el Zurdo? Ahora sé que le llaman así, yo ni siquiera sé su nombre, y me había enamorado de sus palabras. Me lo dijo Agostino entre gritos y golpes:
"¡Con el Zurdo ni más ni menos, zorra! ¡Te voy a matar! ¡Voy a limpiar mi nombre con tu sangre!"
Así me enteré de su nombre, o de su apodo, o lo que demonios sea.

Y ahora corro despavorida, ensangrentada, con un abrigo de hombre cubriendo mis ropas rasgadas y apunto de desfallecer. El único sitio al que se me ocurre acudir es al despacho del detective, por Dios bendito que esté allí.


-Hola encanto, te esperaba, ¿subes?- ahí está el detective, con su pose más seductora, increíblemente a tiempo.
-¡Gracias! Eres un ángel, ¿cómo has sabido qué...-
-¡Te explico dentro! No hay tiempo que perder, ¡sube!

Sí, curiosamente, nuestro querido detective estaba allí esperando a Leonor. Y es que, desde que confirmó sus sospechas en la casa signorile, se decidió a terminar con el asunto del Zurdo de una vez por todas. Habían sido muchas las ocasiones en las que aquel despreciable había puesto en peligro la vida del detective e incontables en las que había traicionado su confianza, pero el desencadenante para urdir al fin su venganza fue Leonor, no podía consentir que el Zurdo pretendiese chantajear a la mujer que se había hecho dueña de sus sueños.

A primera hora de la mañana, después de la noche que descubrió el cuadro en casa de los Caruso (cómo resonaba en su mente ese apellido, cómo martilleaban su estómago los desgarradores celos) se entrevistó con uno de los hombres del italiano, para que le hiciera saber que tenía una información muy valiosa para él. El detective pretendía entregar a Agostino las 43 cartas que su esposa había estado recibiendo estos meses y, pese a no estar firmadas, podría demostrarle fácilmente quién era el remitente.

Todo se planeó la noche anterior, fue el destino. Tuvo que ser el destino el que quiso que Mariela fuera hija del compadre del detective. Quién, de no ser el destino, habría querido que Mariela trabajara en aquella casa sirviendo. Claramente, fue el destino el que quiso que Mariela sorprendiera al detective en su allanamiento. Y por estos juegos del destino, el detective salió ileso del lío del asalto, así fue como decidió que aquella niña no tan niña, pero que para él siempre sería la hija de su compadre, sería testigo perfecto de las i
das y venidas de las cartas secretas, además de ser la encargada de avisar a Leonor y asegurar que se pusiera a salvo a tiempo.

Por la tarde, el mismísimo Agostino Caruso telefoneó al detective para confirmar una cita privada con él la noche siguiente, no sin antes intentar averiguar de qué se trataba aquella información. Información que nuestro detective se negó a revelar de no ser en persona, en su despacho y a solas, sin secuaces ni más pistolas de las imprescindibles para garantizar una conversación entre caballeros.


Pero había un detalle que el detective no tuvo en cuenta en su plan. Sabía que el Zurdo ya había comenzado a contactar con el italiano para llevar a cabo su chantaje, pero como no podía dar a conocer su identidad aún no le había enseñado ninguna prueba, y esto le tranquilizaba. El problema era que, después de tantos años en el negocio de la est
afa, el Zurdo tenía pendiente más de una venganza, a decenas de enemigos y la oportunidad del carnicero perfecto con el Signore Agostino. Uno de estos enemigos se adelantó, y no uno cualquiera, el Chino, que también tenía algún palazo en la cabeza pendiente con nuestro detective, fue el primero en la carrera. Tras una paliza sangrienta, el Chino llevó el cuerpo inconsciente del Zurdo a uno de los almacenes del italiano, junto con las cartas manuscritas de Leonor. Por suerte, Mariela estaba en la casa y, aunque aún no había tenido tiempo de poner a salvo a Leonor, ni tan siquiera de advertirla, pudo ayudarla a huir y contactar con el detective.

(Horacio Coppola)


-¡Nos siguen!
-Tranquila, conseguiremos darles esquinazo. Voy a ponerte a salvo, encanto.
-Dios mío, ¿qué voy a hacer ahora? ¿Dónde iré? ¿Y mi familia?
-Leonor, tu familia estará bien, te aseguro que Agostino Caruso no tiene ningún interés en ellos. Se desahogará con el Zurdo y se cansará muy pronto de buscarte.
-Tú no sabes cómo es. Me iría contigo al fin del mundo si supiera que no nos encontraría, pero lo hará, y tú no mereces esto.
-No lo hará y te vendrás al fin del mundo conmigo, Leonor.

En el coche, a toda velocidad por el centro de Buenos Aires, el detective sólo podía pensar en que por una vez el amor estaba de su lado, y eso que él de amor siempre supo casi nada.

jueves, 7 de mayo de 2009

Carne poesía

(The Wave, Paul Seignac)



(Despierto, Fran Fernández)



eres la arena que tapiza
mi espalda de llagas deliciosas,
que se pierde
en mi cabello como granazón
de anhelos venideros,
eres la arena
que ensucia mi alma
de humedad infinita.


eres el agua que bautiza
mis muslos de místico azul,
que navega
por mis huecos recibiendo
el olor de mis huesos,
eres el agua
que rocía mi carne
de poesía reaprendida.


serás la ola que ahogue
mis instintos de éxtasis lozano,
que inunde
mis ángulos, hueros
antes de ti y de tu boca,
serás la ola
que vacíe mi cuerpo
de lóbregas soledades.


miércoles, 6 de mayo de 2009

El círculo

(El Círculo, Frida Kalho)


cuando el miedo me interroga,
queriendo más de mí de lo que sé,
las entrañas derraman su violencia
contenida al borde -sujeta apenas-

siento cómo se descose la urdimbre
de mi cuerpo, siento cómo exuda
mi esencia en minúsculas trazas,
añicos de mi leve consciencia

busco, a ciegas, las manos laceradas
que recojan los despojos de mí,
para remendar mis harapos de anhelos,
carne reconvertida en savia fresca

volverá dispuesta la demanda del miedo
a deshacer mi trinchera

martes, 5 de mayo de 2009

Ruego

(La morte al ballo, Felicien Rops)



Leyendo Santa Deriva, de Vicente Gallego



Palabra, luz de ayer,
que cobijaste tu secreto infinito,
tú que circunscribías mis pretensiones,
resguarda, palabra mía, el sabor
de mi llanto escrito en el horizonte.

Palabra, luz de ahora,
que arremolinas tu belleza insondable
y revelas tu maliciosa sonrisa,
tú, palabra, que remota me yuxtapones,
enjuaga ahora mis verbos gritados al aire.

Palabra, luz de mañana,
que vendrás a desbaratar el silencio,
palabra aún desaprendida que aliviarás
los temores hoy conjugados, acude
a sosegar el necesario baile de la muerte.



lunes, 4 de mayo de 2009

Domingo

"No quiero que pienses" yo
digo que no pienso en ello.

(Cómo podría olvidarlo

sin haberme muerto.)

(de Desaliento, José Hierro)


No ocurre nada y, sin embargo, un todo ensucia las paredes interiores del espacio que habito. Debería no pensar en ello, pero los cristales se han eclipsado y no me permiten mirar más allá de la luz que alguien olvidó apagar al marchar. El nombre se ha difuminado, es silencio murmurando, encerrado conmigo en este todo de nada en absoluto. Si yo fuera absoluta, sería más sencillo romper las ventanas, o si al menos hubiera absolución, podría salir por la mismísima puerta. Ah, no, pero eso no puede ser. Tengo que convivir con este calor sin una sola gota de lluvia que lo mitigue un poco, sin un solo murmullo de su nombre que alivie los incendios de silencio, que es el único que se atreve a hablar aquí dentro. Debería no pensar en ello, pero no puedo dejar que las llamas se propaguen arrasando palabras, son muy pocas las que sobreviven, qué pena que nadie se atreva a pronunciarlas.


Resisto el cruento embiste

de la hora inacabable

a duras penas.

No vendrá mi nombre malogrado

a mitigar la supurante espera.

Ni vendrá la ansiada indeferencia

a limpiar los restos de la hoguera.

En el instante preciso me libero de mí

a duras penas.

Quiera tu nombre perdonar el recuerdo

que mis huesos guardan de ti

a duras penas.

domingo, 3 de mayo de 2009

Taciturna ante ti

(Solitude, Jean Jacques Henner)


Por qué me cuesta tanto
hablarte, si tus ojos están tan llenos
de pureza que me eleva su luz por encima del alba;
y se encienden de cristales mis manos,
cuando viene el azul de tus dedos a tocar
la hondura de este cuerpo que no reconozco.

Por qué es tan difícil componer
tu nombre en el aire, si todo lo que tú eres
viene a enjuagar mi alma con azahares deshojados;
y me encandila el olor del recuerdo en las carnes,
cuando esparces la luz de tu abrazo
sobre el horizonte de este cuerpo que es tuyo.

Será que la noche me llenó la boca de silencios
para no quebrantar la eternidad de este instante
que me encamina a descubrirte.

Será que los dioses me han concedido
el don de enmudecer ante
el prodigio de amarte.


sábado, 2 de mayo de 2009

Antes de dormir

(The Tempest, Kokoshka)


apenas como la lluvia secreta de las voces,
hay alientos que sospecho cerca y
que imagino tuyos en mis manos; tú suspiras
el cansancio afuera, y me pregunto
silente, si mis ojos serán galenos o sólo vestigios

me responde el viento abrazando tu piel

en un susurro me cierras los párpados

viernes, 1 de mayo de 2009

Papá, cuéntame otra vez

(La lámpara de aceite, Miró)

Para Zen, cuentacuentos de agua y sal

"Dónde estará mi quitatiempo, ya se me ha vuelto a escapar. Ah, si fuera cierto...". Los bolsillos hacia afuera, el pelo alborotado tras la búsqueda que sus manos hacían intuitivamente como si en las mismas raíces fueran a encontrar un tesoro, los ojos perdidos en ninguna parte, y el peso de su cuerpo recordándole que era presencia latente en ese lugar. Si al menos el tiempo se apiadara de él y le diera un respiro, pero su voz le temblaba y el sudor de su frente no hacía más que delatar que su anatomía sabía lo que significaba llegar tarde al trabajo, y él necesitaba saber cuánto de tarde, con la precisión exacta del maldito quitatiempo.

"Querrás decir el reloj, papá. Pero mira cómo vas". El suspiro entre los silencios, la mirada compasiva y resignada, la paciencia apunto de claudicar, y el semblante rígido ante la triste imagen que le llegaba de un padre al que quería y al que dejó de comprender muchos años antes.

"Digo lo que quiero decir, Natalia. ¿Acaso tú miras el reloj cuando tienes tiempo? No, ¿verdad?, pues eso, quitatiempo he dicho. Ojalá se hubiera escapado por lástima hacia mí, para hacerme libre de las horas, Nati, ojalá no existieran esos cacharros que nos esclavizan y que tienen nombres engañosos. Pero qué va, debe haberse escondido para hacerme sufrir aún más, como si no fuera bastante con sólo presentirlo. Pero hija, no me mires así... te gustaba tanto llamar a las cosas por su nombre... ¿ya no lo recuerdas? "

"Era sólo una niña, ¿comprendes?, ya no creo en inventos y tú tampoco deberías hacerlo, papá, por favor. No puedes seguir arrastrando cuentos y hablando como si todo fuera verdad porque no lo es. Y aquí, que todos te conocemos, todavía tiene pase, pero es que lo haces en todas partes y nos avergüenzas, ¿no lo ves? No me mires así tú ahora, que sólo intento ayudarte. Y por amor de Dios, colócate un poco que vaya facha llevas. Toma tu reloj, son exactamente las siete y cincuenta y nueve de la mañana, entras a trabajar a las ocho, así que no, no tienes tiempo."

"Vale, hija, pero no te enfades, no llores... Anda mira, ya me arreglo, ya me voy a hacer de señor respetable, ¿vale?". Los bolsillos por dentro, el pelo reconquistando su lugar, los ojos en todas partes, y el peso de su cuerpo cada vez más pesado. Mientras tanto, su alma intentando encontrar un hueco entre las esquinas de su sombra, derrotada antes de comenzar la lucha.



Ésa fue la última vez que Natalia habló con su padre. Él nunca regresó. Ahora, dos años después, Natalia comenzaba una carta sin destinatario y con un remite difícil de definir:

"Sí, papá, lo recuerdo. Recuerdo el quitatiempo y al malvado brujo que decidió ponernos cadenas a todos sujetando nuestros minutos. Recuerdo el miralunas y a la extraordinaria sabia que antes de morir decidió revelarte el secreto de los satélites diminutos. Recuerdo al horrible aparcasueños que desterrabas de mi cuarto en las noches de tormenta. Recuerdo el duermesilencio que hacías sonar con tus manos cuando acechaba el eco de las paredes. Lo recuerdo hoy y lo recordaba entonces, pero tenía miedo, papá. Siempre fuimos distintos en eso, yo tenía miedo a soñar y tú miedo a dejar de hacerlo. Cuánto lo siento, y además yo conocía tu miedo, yo sabía por tus ojos lo mucho que habías sufrido, lo mucho que sufrías todavía, papá, por culpa de aquellos años. Tú sólo vivías allí por no vivir aquí, tú sólo querías que fuera contigo para que este mundo no me hiciera lo que a ti te hizo, dejarte solo. Pero ahora me has dejado sola... bueno, sola no, porque ahora lo entiendo, me has dejado tus cuentos. Si pudiera verte de nuevo para pedirte que me lo cuentes todo otra vez... Si volvieras, papá, a soñar conmigo..."

miércoles, 29 de abril de 2009

Ser, qué más se puede hacer

Antonio López



"Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago,

para que el universal equilibrio de que soy parte

no pierda el equilibrio."

Antonio Porchia





La Belleza, Luis Eduardo Aute



Bendito favor haber nacido
con los cinco sentidos
y hasta un sexto,
dicen,
para sentir los sentimientos.
Y siento,
vaya que si siento.

Como si no fuera suficiente
con oír el continente
de tus labios
cuando
te rebusco en mi presente.
Y sueño
despierta, porque dormir no puedo.

Torpe es la fortuna de existir
con todo este sentir
de ser yo,
hoy.
Pero qué hacer salvo insistir
en el verso,
que es lo único que me pide el cuerpo.

A él me debo.

Y a ti.

A tu equilibrio.

Y a tu belleza
de almendro floreciendo.


martes, 28 de abril de 2009

Otras rutas

Se sentía perdido, ahogado por el paso de ese tiempo desperdigado en algún rincón de su memoria que tan feliz le hizo. Quizás no tanto, pero ya se sabe que tendemos a idealizar los recuerdos, los vamos dibujando con pinceles nuevos y colores recién aprendidos; nunca es el mismo cuadro, pero cada vez es más añorado.

En su cuadro había muchas palabras, algunas borradas, otras tachadas con rebeldía pueril, pero la mayoría eran reescritas una y otra vez... por él, por otros, por nadie... Eran los nadie los más insistentes: isótopos, isótonos, isóbaros, todos iguales, todos isos y minúsculos, esenciales. Tantas eran las palabras de los otros, olvidadas y recordadas a cada vista, que se mezclaban entre sí como tejidos perfectos de una seda exquisita e incomprensible para él. Atraído y aturdido al tiempo, las diseccionaba hasta su último resquicio: "hay una hondanada a mis pies llena de encefalogramas planos" ¿será que mi sombra tiene alma y ha muerto?; "el llanto y el silencio unidos por un cordón umbilical", ¿será que soy un fantasma, muerto antes de nacer?; "desde lo que no existe, un destello de luz se pliega en el vacío" ¿será que sólo emito relámpagos desde mi nada?; "quizás buscamos sin saber lo que no existe" ¿será que me he encontrado?; "a veces me queman los silencios pronunciados en voz alta" basta, será que estoy gritando demasiado...

Entonces vino el abatimiento, para qué tantas preguntas. Cansado de oler flores secas de un pasado que no iba a regresar, hizo garabatos en su presente con desdén insidioso. Prefería no vivir un presente que tuviera que recordar en un futuro. La nariz tapada para no sentir, los pies aferrados a la indeferencia para no vivir, para qué vivir... se preguntaba.

El odio le esperaba frotándose las manos, cada vez más fuerte y mejor alimentado por los frutos sembrados. Le esperaba el rencor con sonrisa maliciosa, cada vez más crecido por los que tristemente le soportaban. Pero él no estaba dispuesto a enfrentarse a ninguno de los dos, a ninguno de los otros, y tampoco a los nadie.

Al alba, una mano sin vida sobre unas letras débiles y borrosas:

Son rutas difíciles
las palabras
de otros

complicados
los olores del pasado

sendas obligadas
recoger
los frutos sembrados

Siempre gracias Alfaro, cuántas entradas te debo...

lunes, 27 de abril de 2009

El dolor de una herida


Para la dulce (*, gracias por tanto.


Es el dolor. Es el dolor al levantar la vista hacia un pasado que no recuerda porque inventó. Es la agonía de sentir que no hay término saciante para su anhelo, siempre despierto en horas de impostura. Es el ardor de alfileres rojos entre las uñas que nadie mitiga con un poco de azul (y tienen tanta sed sus dedos). Es el quebranto de lágrimas olvidadas porque ya son muchas para recoger su estela (no es tiempo de sinrazones, no es tiempo de poetas). Es el desconsuelo por encender candelas que mueren antes de ser prendidas en sus entrañas (será que ya no tienen vida sus órganos amarillos, será que sus vísceras nunca fueron más que un malicioso engaño). Es la zozobra al comprenderse una incógnita en su desmemoria, siempre presente en la desesquilibrada lucha entre la efeméride y la quimera. Es la herida. Es la herida que no sangra porque no hay sangre que riegue la melancolía.

sábado, 25 de abril de 2009

El aspirante

"Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el
silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:

llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua."

Antonio Gamoneda.



En la búsqueda de la embriaguez

fue a la pesquisa del implacable tiempo,

siempre en espera del milagro

oculto en las sombras de la sabiduría.


Desesperado silencio.


Se hurgó las vísceras con la angustia

del que no halla respuestas,

mojando su paso cetrino de penumbras,

mas el traqueteo de las horas no cesa.


Angustioso misterio.


Con la esperanza de alcanzar la verdad

se arrancó los ojos sangrantes

para ver lo que el ciego quiso mostrarle

y siguió en penumbras su camino.


Tormentoso sigilo.


Al fin, se resignó al banal traqueteo
y quizás pudiera casi sentir
la fresca hierba en sus manos rotas,

caminaría ya desnudo de preguntas.


Añorado sosiego.


Y en la mañana llegó el prodigio

revelador de sus anhelos mitigados,

alcances en su corazón atormentado

como regalo de un irónico destino.


Y sintió el miedo.




jueves, 23 de abril de 2009

Barcelona (Tercera Parte)


¿Cómo no me voy a acordar, preciosa? Hace ya seis meses (seis, exactos, F.) y parece que fue ayer cuando después de toda una tarde paseando por Barcelona, hablando sin parar, se nos hizo de noche y tú volvías a casa a por algo de ropa, para regresar a dormir al hostal (sería la primera vez que escucharíamos ese "bien, te abro" que nos haría partirnos de la risa a cada golpe de timbre).

No te diste la vuelta, pero yo me quedé ahí, viendo cómo te alejabas en la oscuridad con mis ojos cubriéndote las espaldas. Y mientras caminabas, yo pensaba "no te gires, F., sigue... no llamemos a las sombras...", creo que llegué a decirlo en voz alta, aunque no estoy muy segura, pero tú me oías, siempre lo has hecho.

Me tumbé en la cama a esperarte, pensando en tu carita de sorpresa al ver "Cuadernos de todo", tus ojos brillantes y tu voz de niña pequeña con un gracias muy grande en la boca. Y ahora, seis meses después, pienso en tus cuadernos de todo, en los tuyos, los firmados por F.D. Pienso en todo lo que hemos vivido juntas este tiempo sin apenas habernos visto y me imagino personaje en tus manos, me pienso literatura en tus ojos, y te siento verso en mi memoria.

Pero estábamos en Barcelona aún, viviendo nuestra propia novelita de cuatro días. Estábamos en la habitación del hostal, tú en una cama y yo en la otra, los ojos como platos, las voces como hilos tejiendo cometas, las risas hasta abarcar las lágrimas, el corazón soñando, y todo con olor a palabras.

Muchos de los que lean esto saben lo que significa leerte, lo que supone adentrarse en las calles de un pueblo lleno de secretos cotidianos, sin más artificios que la vida misma, que la muerte misma, muchos saben qué se siente caminando por Bergai de la mano de F... Pero, ¿sabes? F. y J. no son tan diferentes, conviven tan bien, se respetan tanto, que, la mayoría de las veces, se confunden... y no debería sorprenderme en absoluto, de hecho no lo hace, no me sorprende querer tanto a F. como a J., y tampoco, necesitarlas por igual, lo único que realmente me llama la atención es que sea recíproco.

Mi viaje a Barcelona fueron muchas cosas, F., y sólo una, tú.

Me encantaría estar allí ahora con un libro que ofrecerte, con una rosa para oler juntas... a cambio, te traigo versos, mi querida Fusa (por la rotundidad, ya sabes):

Si pudiera escribirte un verso,
sería de agua en primavera.


Y si pudiera soñar tus ojos,
serían fuego nocturno en la arena.


Si supiera decirte en silencio
qué hora fue la primera...


Y si supiera contar tus manojos
de fruta fresca en la espera.
..

Ay, si yo fuera, y si tú vinieras.


martes, 21 de abril de 2009

Camino a la locura


Si custodias las esquinas del círculo desgarrador que me confina,

difumino la verticalidad del horizonte
,

límites de frío y sangre que se vierten en la senda de mis pasos.

Si aprehendes el temblor de mis cimientos en tus manos,

deshabito tu camino de los cristales que mutilan la victoria de tu tránsito,

sosiego inspirador que acompaña el crepuscular vacío de estas horas muertas.

Y si me visita este miedo temido, aunque amado por ser mío,

si en el último instante del segundo liberador, me atrapa el terror de la huída,

que no sufran tus pies por el sendero carcelario de mi locura,

desnuda mis esquinas protegidas de tu vívida presencia,

ya no habrá lucha para mi esperanza,

que no sufran tus manos firmes,

ya no habrá pilares para mis ruinas,

no lo habrá, ya no seré,

a no ser que tus pies, tus manos y tu ser

quieran acompañar el infierno de mi delirio.