jueves, 27 de noviembre de 2008

Sombras



Me estoy rompiendo por dentro
de la rabia que me da intuirte,
miestras sospecho a cada instante
que persigues mis pasos
acompasándote a mi pulso.

Estoy aquí
soy por ti, mis emociones
son realidades hechas nube.

De reojo,
casi con timidez pueril,
busco tu sombra tras de mí,
dándome de bruces con
la soledad del viento.

Y tú te empeñas en
no verme, mientras te
amo sin remedio.

Tal vez inventé tu alma
sangrando en mis recuerdos
teñidos de nostalgias,
tal vez sólo existes
porque necesité de tu existencia.

Me consumo ante tus dudas,
en el líquido de tu ausencia,
ya no me ves, ya no te siento.

No sé si estás.

No sé si eres.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Hoy vino el silencio


Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

Octavio Paz, Silencio.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Basta


Basta, no soporto tu mirada,
no soporto tu inquisición en mi alma que por más que lo intenta no sabe ocultarte nada.

Tu pureza sobrepasa mi armadura,
me deshace dejándome vertida sin compasión.

No soporto tu inmaculada transparecia, basta,
me derrites, para.

Tú no puedes cerrar tus ojos y yo, inmóvil ante ti,
no sé borrarme de tu memoria.

Saldré corriendo,
la próxima vez no pararé por ti,
aunque mires triste, no me importa,
porque yo también te miro triste pero tú no haces nada,
porque yo te hablo, te busco, te siento y tú no ríes para mí.

Ya no me basta tu mirada, para,
me vierto, para.

Saldré corriendo.

Ah,

¿que no tienes boca?

perdona,

me siento,

yo reiré por ti.

(foto de Verónica, muchas gracias)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Escondites


Fundidos mis miedos
ubicados los cuentos
soy tú
ahora, te río.

Tomo tu aliento,
inhiesta mi alma
espero, quieta,
(nocturno el día)
espera, te río,
soñé que te veía.

Unes mundos sola,
no tienes prisa.

Despegas los pies
oteando el cielo,
nubes de vida.

Uniré mundos contigo,
soy alas de nube.
Abres, te río
(luciérnaga en el día)
océano de vida.


(Alex cazó este momento, es por él que no he cambiado ni una coma)


sábado, 15 de noviembre de 2008

Mis primeras palabras escritas

(mi hermano, creo que tendría como un año, o menos)

Llevo tanto tiempo escribiendo que no sabría ubicar el primer momento. En cambio, recuerdo las primeras palabras, las recuerdo perfectamente. Fuera de la cartilla de caligrafía del colegio, lo primero que escribí por mí misma fue: Gloria tiene un hermano. El hermano de Gloria se llama Antonio. Y ahora, justo ahora que acabas de marcharte, pensando en que no recordaba haberte escrito nunca, se ha dibujado esta frase en mi mente. Me ha sorprendido tanto mi descubrimiento que no he podido evitar escribirte, creo que por primera vez en mi vida.
Sólo nos llevamos dos años y medio y eres mi único hermano, nos hemos peleado hasta la saciedad y todos dicen que no nos parecemos en nada, el día y la noche, dicen, pero aunque es cierto que tenemos muchas diferencias, a mí me gustan más los parecidos, las cosas que nos unen, esas pequeñas cosas que no se pueden explicar y que nos identifican como hermanos. Tenemos gustos parecidos, amamos la lectura y la música, nuestros amigos son más que familia y nos reímos de nuestra sombra, sólo que tú lo haces abiertamente (hasta descarado podría parecer a veces) y yo desde dentro, porque nuestra mayor diferencia es que yo soy demasiado reflexiva, demasiado "triste" y tú eres la vida hecha persona. A pesar de todos los consejos de hermana mayor, de mi herencia (me viene de mamá, y yo diría que es más contagiado que genético) de preocuparme en exceso por todotú me has enseñado bastante más de lo que aparenta, a pesar de no hablar apenas salvo cuando coincidimos en casa (con muy poco frecuencia), siempre he sabido y comprendido tus sueños e inquietudes, a pesar de no ser cariñosos y de no habernos dicho jamás el uno al otro que nos importamos, no te imaginas cómo te voy a echar de menos. Siempre he presumido de hermano, siempre he estado orgullosa de ti, incluso cuando no hemos estado de acuerdo y no nos hemos comprendido, porque sobre todas esas cosas que pudieran parecer vanales, de repente, con una única frase, me dabas una lección de madurez (de esa que se supone que no tienes y de la que yo soy la única poseedora) que me quedaba sin palabras, a mí, que no callo ni debajo de agua. Es verdad que eres un despiste, pero que te voy a decir yo que vivo en un mundo que ni yo misma comprendo, y es verdad que parece que no te interesas por nada (he escuchado tantas veces frases de las de: "¿tu hermano? a su bola no, él a lo suyo, como siempre"), pero coges, de repente, y te vas un año (doce meses, cuarenta y ocho semanas ni más ni menos) de voluntario a Guinea-Bissau. Y a ver qué se dice ante eso, explicamelo tú, porque yo no sé que decir, no sé que escribir, no sé que inventar. Y a ver qué hacemos con mamá que sabes como es, que si por ella fuera te hubiese encadenado en casa o se hubiese metido en tu maleta. Y a ver qué hago yo sin ti estas navidades en casa, cuando en medio del jaleo nos miramos tras esas frases típicas de todos, ya sabes, y nos reímos de nada y de todo. Y a ver qué hacemos todos sin ti ahora, a ver, a ver cómo vas a volver si cuando te conozcan allí no te van a dejar marchar, que es lo que teníamos que haber hecho nosotros, si es que serás... serás... No sé qué serás, pero de momento eres increíble y eres mi hermano, y no dejas de regalarme excusas que me hagan presumir de ti, aunque ahora mismo te odie por haberte ido y no poder llorar porque te entiendo, te aplaudo y te envidio (alguien tendría que quedarse para contarlo todo ¿no?).
Cuídate mucho, y sobre todo aprende, aprende de toda la gente maravillosa a la que vas a conocer para que podamos aprender nosotros a través de ti.
Un abrazo, Xikito.

(mi hermano y yo en un concierto, foto de Alex)

P.D. Espero que de cuando en cuando grabes el sonido de tu guitarra, que ya lo echo de menos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La casualidad (I y II)

Hoy es miércoles, un miércoles como otro cualquiera (para algunos un miércoles especial, y desde aquí mis felicitaciones). Pero basta tener la actitud necesaria para comenzar a ver señales por todas partes. Algo así es lo que me ha sucedido hoy, un día lleno de casualidades impresionantes, de las que te hacen temblar, de las que te suben por el cuerpo como un bichito curioso... Pero siento deciros que no os voy a contar ninguna de estas maravillas del día de hoy, al menos de momento, porque estoy en una situación de divagaciones máximas y sería la mayor de las torturas para cualquiera de vosotros. Os quiero lo suficiente como para no haceros eso. La cuestión es que tantas coincidencias y sorpresas me han hecho reflexionar, me han recordado una entrada que escribí hace meses (La casualidad) y que he decidido retomar, con pequeñísimos cambios:

A lo lejos se oían los primeros sonidos del alba, perezosos, distraídos, distantes, como ella ahora, observando su figura en el espejo de su habitación tras una larga noche de insomnio. Dos ligeras sombras hacían compañía a sus ojos, delatadoras crueles de su delirio, de aquella preocupación dolorosa que le revolvía lo más profundo de sus entrañas. Su cabello, tan negro como sus ojos, como su tez y como ella misma, le caía por los hombros del mismo modo que aquel que se abandona a las caricias: entregado, satisfecho. Lástima que ella no pudiera verse, lástima que sus pensamientos volaran tan lejos de aquella imagen perfecta.

El día anterior había sido bien distinto, el día anterior aún confiaba en un final feliz para su historia de cuento. Fueron meses de sueños profundos, de conversaciones en silencio en medio de las salas más concurridas de la ciudad, de suspiros entrecortados por las esquinas de los parques, de mejillas sonrojadas cada vez que el camp
anario de la iglesia anunciaba las ocho de la tarde, de conversaciones ensayadas una y otra vez a la espera de la oportunidad que ofrecía la oscuridad de la noche.

Fueron meses del romance más apasionante que jamás podría haberse imaginado.

Cada mañana adornaba su cuerpo desnudo con movimientos suaves, con parsimoniosa ceremonia, simulando que sus propias manos eran las manos de su amante. Se regocijaba en la idea de ser redescubierta en cada rincón de su ser de nu
evo, hasta el punto de perderse en el calor de sus pensamientos. Eran minutos que saboreaba con la frescura de la juventud, con la belleza de la juventud, con la pasión de la juventud. Rozando la lujuria de la que había oído hablar y con la sonrisa de quien se retuerce de placer, mordía la almohada de su lecho hasta morir en el amanecer...


Pero aquel amanecer, aquella mañana de otoño, la tristeza comenzaba a inundar sus entrañas.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Como vosotros


" Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: "¿Es esto?" Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es "eso"? No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí, la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square, con la luna allí arriba y las nubes como montañas. quién soy yo, qué soy, y todo el resto; preguntas que siempre flotan en torno: y de pronto doy de narices con algún hecho concreto -una carta, alguien- y vuelvo a ellos con un gran sentimiento de frescura. Y así continúa. Suelo toparme frecuentemente con este "eso", y experimento entonces un gran reposo. "

Virginia Woolf, Diario de una escritora



Tengo que confesar que hoy me he sentido justo como explica Virginia Woolf en este fragmento. Sentía la necesidad imperiosa de encontrar un "algo" que me ayudase a avanzar, buscaba experimentar ese "reposo". Por suerte, cuento con buenos amigos que me echan una mano, que conocen de la importancia que para mí tienen las imágenes en momentos así. Santi me ha regalado esta foto y he conseguido respirar tranquila:

¿De qué me preocupo si no importo?
Si a penas existo,

si a penas perduraré en el tiempo.


Vosotros

quiero ser como vosotros
vida, sombra, silencio,
como vosotros
tocar el cielo
quiero ser como vosotros




domingo, 9 de noviembre de 2008

De nuevo Sabina


Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños,
puedo ponerme triste y decir
que me basta con ser tu enemigo, tu todo,
tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.

Y si quieres también
puedo ser tu estación y tu tren,
tu mal y tu bien,
tu pan y tu vino,
tu pecado, tu dios, tu asesino…

O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir
“toma mi dirección cuando te hartes de amores
baratos de un rato… me llamas”.

Y si quieres también
puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adiós y tu “ven”,
tu manta y tu frío,
tu resaca, tu lunes, tu hastío…

O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda.

Y si quieres también
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe
tu noche y tu día.

Tu rencor, tu por qué, tu agonía…
o tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Joaquín Sabina, Física y Química.

Cuando los kilómetros son mucho más que distancia, cuando los recuerdos te invaden sin piedad, cuando los errores son irremediables, cuando las oportunidades ya no son para mí, la música y las palabras me arropan en este otoño cada vez más frío, cada vez más cercano al duro invierno. Las lágrimas resbalan limpiándolo todo y el recuerdo podrá envolverse con una sonrisa de nostalgia.
(Probablemente nunca te he merecido y lo asumí hace ya tiempo, pero hoy has venido a mí en sueños a susurrarme de nuevo esta canción y tenía la chimenea preparada...)

viernes, 7 de noviembre de 2008

Y llegó el grito

Y llegó el grito,
en medio de la noche
directo al alma
,
en medio del recuerdo
,
la envoltura del pánico
el contagio del miedo
.

Y llegó el grito
,
tembló tu cuerpo

vibró mi calma,
estáticas de movimiento,
en un sueño mágico,
corpóreo lo etéreo.


Y huyó el grito,
despiadada burla
en su partir airoso,
buscas sus pasos

rastreo su aspecto,
no hay respuesta a nuestros ojos.

Y huyó el grito,
nos miramos
nerviosas reímos
palpitantes de liberación,
¡era sólido! exclamas

¿ha vibrado? te digo

Y huyó el grito
reímos, reímos, reímo
s


(éste es tu color)



jueves, 6 de noviembre de 2008

Gracias


Esta mañana me he encontrado con este regalo en el sitio de Miríadas. Y tengo que deciros que entre mi sorpresa, mi agradecimiento y mis dudas sobre si realmente lo merezco, me encuentro un poco abrumada, por lo que os pido disculpas de antemano por si no consigo ordenarlo todo.

En primer lugar, Miríadas muchísimas gracias, tus poemas dejan en mí más huella de la que a veces puede parecer en mis comentarios, pero sospecho que tú eso ya lo sabes. Me alegra saber que participo de alguna forma en tus versos, es todo un honor.

Huellas, huellas, huellas... Es curioso porque anoche, en medio de una conversación muy larga, llena de claves y secretos, también hablamos sobre las huellas que nos dejan y dejamos, sobre lo enriquecedor que es este ejercicio de las palabras compartidas, y ahora este regalo... otra señal, otro apoyo para seguir caminando.

Lo siento mucho pero no puedo hacerlo, no puedo decidir cinco blogs para esto, ¿sólo cinco? imposible, porque TODOS dejasteis, dejáis y espero que sigáis dejando huella en mí, lo siento pero tendréis que compartirlo, espero que no os importe dividirlo en tantos trocitos, os aseguro que todos tienen un valor infinito.

También me tendréis que disculpar por algo más (y ya son tres veces), porque, de entre todos, necesito dedicárselo especialmente a Silvia, porque si hay alguien de quien yo pueda decir que ha dejado huella en mí es ella. Este blog nació por ella, mi amor por la palabra nació con ella, y mucho de lo que soy, mucho, es por ella. Es muy probable que no lea esto, está muy lejos, regalando trocitos de ella por África, practicando su amor por la vida y los que viven, rescatando sonrisas de niños, consolando lágrimas de madres, construyendo puentes, en definitiva, dejando su huella en el mundo. La que dejó en mí es imborrable.




Un millón de gracias a todos, y para todos este premio

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Parando un momento


Volver a ti
entre tus calles, entre tus huecos
volver a mí
a reencontrarme con mis anhelos

Perderme en ti
en tus palabras, en tus silencios
perderme en mí
en el espacio de mis secretos

te echo de menos

lunes, 3 de noviembre de 2008

Empieza por C


Querido diario:
Hoy las baldosas eran como arena de playa bajo mis pies, y la luz, tenue, discreta y cómplice de mis pensamientos. Hoy no voy a quejarme, ni a pedirte, ni a llorarte, porque hoy ha sido un buen día, querido diario. Las miradas de lástima no han desaparecido, son más intensas, y las palabras de fingido intento de comprensión son cada vez más hirientes, todos buscan en mí una forma de ahogar sus sufrimientos, pero no han conseguido empañar mi gran día. Porque hoy, querido diario, alguien estaba distinto, alguien no sólo me ha mirado sino que me ha visto, y yo a él, hasta hoy no le he descubierto, y ha sido apasionante. No estamos solos, estoy convencida, y él será nuestro alquimista. ¿Su nombre? Sí, por C, empieza por C... pero aún no te lo digo, aún no es el momento. Te prometí un cuento:
Era una costurera humilde, pero era una costurera fuera de lo común, su nombre Carlota. En el taller en el que trabajaba era muy respetada y querida, todos sabían que tenía un don, que había nacido para coser. Fuera gasa, muselina, seda, moaré, terciopelo o satén, fueran hilos metálicos o hilados, fuera un vestido de gala, de paseo o de trabajo, Carlota era la mejor. Sólo pedía una cosa, poder elegir ella misma a sus clientes, sólo eso, lo cual era un problema, todos querían a Carlota.
Algunas mujeres, cuando la veían aparecer detrás del mostrador, se postraban cual militar obediente, esperando que su porte y figura convencieran a la chica para confeccionar sus ropas. Otras bajaban tímidas la mirada y con humildad le explicaban lo que significaba para ellas "el vestido de sus sueños". Había mujeres, que sujetando con orgullo el brazo de su marido, sonreían complacidas ante el fajo de billetes que ellos sacaban del bolsillo interior de sus chaquetas. Y la mayoría ni siquiera se atrevían a entrar en la tienda por miedo a ser rechazadas por la famosa costurera.
Para Carlota, todo este ritual no era ningún juego, porque lo que nadie sabía es que cuando ella tejía no lo hacía para el cuerpo de sus clientes, lo hacía para sus almas. En sus manos tenía el poder de premiar o castigar, el poder de consolar o de atormentar, el inmenso poder de reconducir el destino de las personas elegidas. Y sólo aceptaba dos monedas, una para el taller y otra para ella, ni una más, jamás.
Esa tarde terminaba el vestido de Carmina, el que sería su vestido de bodas, el único vestido de su vida para siempre, el único vestido que Carlota no había decido hacer, el único sobre el que no tenía influencia. Y Carlota, esa vez más que nunca, se resistía a dar los últimos retoques, esa vez más que ninguna otra, confiaba en que Carmina no apareciera a la hora indicada a recoger su prenda... Carlota lloraba sin consuelo mientras terminaba los últimos bordados de plata, confiaba en que su don esta vez funcionara, porque como siempre había soñado con la prenda que confeccionaría. Carlota veía cómo los bordados se teñían, cómo los botones saltaban por todas partes, cómo el blanco, poco a poco, se colmaba de un rojo intenso. Carlota veía la muerte de Carmina. Carmina era la hermana de Carlota.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Noviembre



NOCTURNO


Los que auscultásteis el corazón de la noche,

los que por el insomnio tenaz habéis oído

el cerrar de una puerta, el resonar de un coche

lejano, un eco vago, un ligero ruido...


En los instantes del silencio misterioso,

cuando surgen de su prisión los olvidados,

en la hora de los muertos, en la hora del reposo,

sabréis leer estos versos de amargor impregnados...


Como en un vaso vierto en ellos mis dolores

de lejanos recuerdos y desgracias funestas,

y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,

y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.


Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,

la pérdida del reino que estaba para mí,

el pensar que un instante, pude no haber nacido,

y el sueño que es mi vida desde que yo nací.


Todo esto viene en medio del silencio profundo

en que la noche envuelve la terrena ilusión,

y siento como un eco del corazón del mundo

que penetra y conmueve mi propio corazón.


Rubén Darío


Felicidades Pequeña