miércoles, 29 de octubre de 2008

Caretas y disfraces


Si alguien le hubiese preguntado a Carlos cómo se sentía los últimos días, con toda seguridad habría afirmado que hastiado, una palabra que para él cobraba más sentido que nunca. Pero nadie le preguntó nada, ni siquiera sus padres, que siempre han sido tan observadores y cuidadosos con su educación, quizás por eso, porque seguía siendo un chico muy educado y respetuoso. Tampoco es que él echase de menos hablar de sus sentimientos con nadie, no estaba acostumbrado a expresarse en ese sentido. No le importaba, pero cada vez notaba con más fuerza que algo se revolvía dentro de él.

Ella, precisamente ella, fue la única persona que parecía advertir que Carlos estaba cambiando, que estaba comenzando a hacerse preguntas, aunque aún no se había atrevido a formular ninguna. Fue Celia, un mañana normal de un miércoles cualquiera, quien se acercó a él con ese halo de misterio que exhalan las personas poseedoras de secretos. Lo que él daría por conocer cualquiera de ellos, por convertirse en el protector de sus silencios, por arropar cada uno de los anhelos de Celia, lo que él haría por…

- Te has olvidado de tu careta hoy, Carlos – sin saberlo, o quizás sí, Celia acababa de interrumpir el pensamiento más extraordinario que jamás tendría hacia otra persona.

- ¿Mi… mi careta?

- Sí, Carlos, tu careta, no me mires así. Hoy no te la has puesto y me pregunto ¿por qué? – Celia se estaba divirtiendo mucho, seguro que le encantaría esta conversación a su diario.

- No sé, no sé por qué no llevo hoy careta, es que ni siquiera sabía que yo tenía careta – Carlos estaba comenzando a enfadarse, sospechaba que todo aquello era una burla, y su tono se alteraba.

- Pues sí. Todos tienen. Incluso yo tengo, pero no las uso. Y me alegra que hoy tú tampoco te hayas puesto la tuya. Me di cuenta hace un rato.

- Me parece que me estás tomando el pelo, Celia.

- ¿Eso piensas? Lástima. Cuando además de la careta, hayas olvidado tu disfraz, quizás me entiendas. Te estaré esperando, aún no estás preparado-

Con esta frase, Celia se marchó dejando a Carlos hecho un auténtico lío, y más desesperado aún que antes. ¿Qué le estaría queriendo decir? “Te estaré esperando...” Qué bien sonaba aquella frase en sus oídos.

Aquella noche, mientras Celia le contaba a su querido diario lo que le había ocurrido desde el domingo, Carlos no podía dormir de puro miedo por si al día siguiente volvía a decepcionar a aquella niña de ojos tristes. Si al menos entendiera qué era lo que tenía que hacer para contentarle…

domingo, 26 de octubre de 2008

Naufragio


Querido diario:
Aún no me he levantado de la cama y ya llevo cuatro horas despierta, supongo que no hay nada que hacer fuera de esta cama, fuera de estas cuatro paredes que me protegen del peligro. Además últimamente es como si sólo pudiera contar contigo, como si fueras el único en el mundo que me comprendiera, porque todos me miran con cara de lástima, todos sospechan por mis ojeras y mi color de piel que soy infeliz, pero no lo soy. ¿Qué problema hay en querer soñar despierta? ¿Me consumo? Todos se consumen, todos nos morimos, sólo que ellos no quieren tomar consciencia de ello. Yo lo tengo muy claro, como tú, yo sé de la fragilidad, de lo efímero de los días, porque si no fuera así, mi madre estaría aquí a mi lado, habría sido ella la que me hubiera despertado dulcemente, y no el ruido absurdo de una máquina taladrando el suelo de la acera. Si ella se fue, la persona más decente que he conocido, todos nos iremos, y no entiendo su insistencia por huir de ello, es un hecho. Pero tú me comprendes querido diario, porque contigo no hay que fingir una sonrisa, no esperas nada de mí, y yo tengo todo lo que podrías ofrecerme, sin habértelo pedido. Cómo me gustaría que fuera de estas paredes las cosas fueran así de sencillas, de libres, de sinceras, de auténticas. Pero es un escenario lleno de actores, muy pocos son tan afortunados como tú y yo, y ya me he cansado de intentar convencerles. Por eso, querido diario, cuando me levante de esta cama no forzaré ninguna sonrisa, por eso no inventaré palabras que no siento, qué diferencia habrá entre mis cuentos e historias, y sus diálogos programados, sin sentido. Ninguna, no hay ninguna diferencia. Mañana, un cuento querido diario, ahora voy a buscarlo para ti.

lunes, 20 de octubre de 2008

Triste princesa...


A punto de volar a Barcelona no he podido evitar pensar en Andrea, por eso hasta que regrese os dejo este texto, que espero os guste.

De todas maneras, yo misma, Andrea, estaba viviendo entre las sombras y las pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo.
Aquella misma tarde había sido la fiesta de Pons. Durante cinco días había yo intentado almacenar ilusiones para esa escapatoria de mi vida corriente. Hasta entonces me había sido fácil dar la espalda a lo que quedaba atrás, pensar en emprender una vida nueva a cada instante. Y aquel día yo había sentido como un presentimiento de otros horizontes.
Mi amigo me había telefoneado por la mañana y su voz me llenó de ternura por él. El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de sentirme como la Cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de un largo incógnito. Me acordaba de un sueño que se había repetido muchas veces en mi infancia, cuando yo era una niña cetrina y delgaducha, de esas a quienes las visitas nunca alaban por lin- das y para cuyos padres hay consuelos reticentes.
Esas palabras que los niños, jugando al parecer absortos y ajenos a la conversación, recogen ávidamente: «Cuando crezca, seguramente tendrá un tipo bonito», «Los niños dan muchas sorpresas al crecer»... Dormida, yo me veía corriendo, tropezando, y al golpe sentía que algo se desprendía de mí, como un vestido o una crisálida que se rompe y cae arrugada a los pies. Veía los ojos asombrados de las gentes. Al correr al espejo, contemplaba, temblorosa de emoción, mi transformación asombrosa en una rubia princesa —precisamente rubia, como describían los cuentos—, inmediatamente dotada, por gracia de la belleza, con los atributos de dulzura, encanto y bondad, y el maravilloso de esparcir generosamente mis sonrisas… Esta fábula, tan repetida en mis noches infantiles, me hacía sonreír, cuando con las manos un poco temblorosas trataba de peinarme con esmero y de que apareciera bonito mi traje menos viejo, cuidadosamente planchado para la fiesta. «Tal vez —pensaba yo un poco ruborizada— ha llegado hoy ese día.»
"

viernes, 17 de octubre de 2008

Ven a poblar


Como si llegaran a buen puerto mis ansias,
como si hubiera donde hacerse fuerte,
como si hubiera por fin destino para mis pasos,
como si encontrara mi verdad primera,

como traerse al hoy cada mañana,
como un suspiro profundo y quedo,
como un dolor de muelas aliviado,

como lo imposible por fin hecho, como si alguien de veras me quisiera, como si al fin un buen poema me saliera… una oración.

Como si la arena cantara en el desierto
los cantos de sirena del mar Muerto,
como si para crecer sobraran las escaleras,
como si escribiera un ciego un libro abierto.

Ven a poblar el zócalo de ojos,
siembra de migas de pan caliente
mis canas de alcanfor adolescente.

Ponle al sordo voz y alas al cojo,
bendice nuestro arroz, nuestro minuto,
como si no fuéramos cómplices del luto…
del corazón.

Subcomandante Marcos/Joaquín Sabina


Estoy en ello, despacio. Buscando la escalera, buscando la forma de volar. Que tu sonrisa perfecta, con la que sueño, porque no la conozco, venga a poblar mis noches. Tú no lo entiendes, y no quiero explicártelo, porque da mucho miedo. Pero me siento mucho mejor, porque estás tú, aunque no estés, te sueño, qué importa. Tú también estarás mejor, lo prometo.

P.D. Ánimo F.




jueves, 9 de octubre de 2008

Enroque


" Cuando era pequeña el padre le enseñó a jugar al ajedrez. Le había llamado la atención un movimiento que recibe el nombre de enroque: el jugador cambia en una sola jugada la posición de dos figuras: pone la torre junto al rey y desplaza al rey hacia la esquina, al lado del sitio que ocupaba la torre. Aquel movimiento le había gustado: el enemigo concentra todo su esfuerzo en amenazar al rey y éste de pronto desaparece ante sus ojos; se va a vivir a otra parte. Soñaba toda su vida con ese movimiento y soñaba con él tanto más cuanto más cansada estaba. "
Inmortalidad, Milan Kundera



No siempre es fácil abrir una puerta, descifrar lo que habrá al otro lado, adentrarnos en lo desconocido dejando atrás cosas muy buenas, y cosas demasiado asfixiantes. Pero está la impotencia, la sensación de no poder respirar. Mirar las manos abiertas y no reconocerlas, no saber para qué sirven. Buscar un espejo que muestre cuál es el rostro verdadero. Cuando aquí ya no te encuentras, y las lágrimas no son suficientes para aliviar la angustia. Útil. Eso quieres. Sentir que puedes enrocar al rey ante tu enemigo. Son extraños los laberintos, dan miedo. Pero hay que abrir la puerta. Yo sé que tú puedes, y vas a hacerlo. Con su ayuda. Y con la mía. Te mereces más que buscar escondrijos, madrigueras de ratón asustado. Eso no es para ti. Tú tienes la riendas de tu vida, y comienzas el laberinto. No estarás sola, te lo prometo. Ha llegado el momento.


Esta entrada está dedicada a A.S.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Cielo


El cielo me respetó como nadie. Ayer no hubiese soportado el sol, su luz, su calor, habría sido demasiado. El cielo me regaló un gris perfecto. Sé que era para mí. Ayer no hubo celebraciones, y había motivos, pero no las hubo. Ayer no hubo lágrimas porque lo hizo el cielo por mí, para lavarme por dentro y que no tuviera que explicar nada. Disfracé mi angustia con el gris del cielo, y la melancolía encontró su escenario para ser aclamada. Ayer miré al cielo y el cielo me respondió con penumbra y silencio.

Apártate
borra mi imagen
cierra los ojos
di que te marchas
escapa de mí

Faltan muy pocos
gestos de rabia
¿huyes?
idiota de mí,
jugaste tu baza

Kilómetros de caricias
lejanas, olvidadas, vacías.
Mírame si te atreves
no tengo miedo,
¿o si?

Pesadilla
que retorna
rompiendo tu armonía
secando mi paciencia
tiemblo, tiemblas.

Única
volátil
whisky en vena
xenografía misteriosa
yaces ante mí
zozobrando yo, tú, feliz


Gracias Alejandro por la foto. No sé que haría sin tu prisma, sin tu profesionalidad cargada de arte. Ayer tuve dos regalos, el cielo y tu foto.

jueves, 2 de octubre de 2008

Déjame aprender de ti


Ha pasado tiempo, no sabría precisar cuánto. Lo has conseguido. Tú, sólo tú. Sin ayuda, sin escándalos, sin darte importancia. Te mantienes firme en medio de la nada. Como una ofrenda. Como una diosa. Todo tu ser está cargado de simbología, pero prefieres ser humilde. Cada hoja que nace en ti es un regalo, con el color de la esperanza intacto, pese a los muros de artificio en los que te has abierto paso. Silenciosa. Sin ovaciones. Quizás muchos no reparen en ti, pero lo verdaderamente relevante es que otros muchos sí lo hacen. Y te admiran, a pesar de tu simplicidad. Y te inmortalizan, a pesar de tu fragilidad. Como yo ahora, esclava de tu belleza momentánea, prendada de tu sencillez abrumadora. Déjame aprender de ti. Te alzas en un medio que no es el tuyo, con todo en contra, ahí estás, frente a mí. Déjame aprender de ti. Quizás mañana ya no estés, sin ruido, como llegaste, pero no quiero que sea así, deja que te recuerde. Déjame aprender de ti.


escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares


Olvido García Valdés



miércoles, 1 de octubre de 2008

Abriendo puertas



Es sombrío este lugar. Permanezco aquí, ahogada en la oscuridad hiriente de mi sentimiento, sin encontrar la forma de respirar. Tiene demasiada fuerza el miedo. Quizás algunos piensen incluso que soy cobarde, aunque yo no me atrevería a juzgar así a nadie, es tan espantosa la definición de esta palabra: "pusilánime, sin valor ni espíritu". Yo creo que tengo espíritu, lo sé. En cuanto al valor, me lo robaron tantas veces que me he cansado de intentar recuperarlo.

Lo que más me cuesta comprender es por qué a nadie le preocupa mi dolor cuando estoy rodeada de estas cuatro paredes, de esta jaula odiosa que aniquila mi entendimiento, y en cambio, muchos aparacen sorprendidos, indignados, y yo diría que hasta ofendidos, cuando
intento asomar un poco la cabeza. Por favor, si no existía dentro, qué más os da que sea visible y estire las piernas. ¿Con qué fin esta hipocresía? Soy la misma persona, exactamente la misma. Perdón, corrijo, soy persona fuera y la mejor actriz del mundo dentro.

Ya no lo soporto, me engaño si pretendo ser feliz así.


Ya no lo soporto, os engañáis si pensáis que esta vez lo vais a conseguir.


Sólo necesito tu mano, sólo necesito tu sonrisa, sólo necesito tu voz al otro lado, empujar esta maldita puerta, deshacer ligaduras, perder todos los miedos, ser libre de sus miradas, ser libre, no volver a perder el valor, esta vez lo recuperaré para siempre. Y a nadie excepto a ti debería importarle.

La imagen nació en un taller durante las Jornadas de Diversidad Afectivo Sexual del fin de semana pasado, organizadas por Triángulo. No pude asistir, y lo siento muchísimo. Se me ha ocurrido ponerle voz a la chica del cartel. Aunque la imagen lo dice todo por sí misma (se ve mejor en el blog de Santi, podéis enlazar desde la imagen). Enhorabuena a las Jornadas.