martes, 30 de septiembre de 2008

Palabra


" Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia

que en los tuétanos tiembla despabilado el odio

y en las médulas arde continua la venganza,

las palabras entonces no sirven son palabras.


Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,

humaredas perdida, neblinas estampadas,

¡que dolos de papeles que ha de barrer el viento,

que tristeza de tinta que ha de borrar el agua!


Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,

lo desgraciado y muerto que tiene ena garganta

cuando desde el abismo de su idioma quisiera

gritar que no puede por imposible, y calla.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.
"


Nocturno, Rafael Alberti.

He parado un momento a tomar aire. Por un instante todo parecía desmoronarse a mi alrededor. Y aún no sé si ha pasado, aún no sé si se ha acallado la voz completamente, o si continúa susurrándome a lo lejos. Quiero que pare, necesito descansar y por una vez escuchar mi propia voz.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Volver a escribir



LA QUÍMICA ES VIDA Y PROGRESO. Utilízala como es debido.” Este es el slogan que veo cada mañana cuando entro en el laboratorio, encima de una enorme tabla periódica, el único cartel que cuelga de las paredes. El único entre otras cosas porque poco sitio queda para nada más. ¿El resto? Estanterías llenas de reactivos, encimeras con instalaciones experimentales y métodos de análisis puestos a punto, tacas llenas de material muy diverso, un armario de cristalera para el material volumétrico, un frigorífico donde se acumulan las muestras sin analizar, los pocos huecos que quedan debajo de las encimeras repletos de garrafas y bidones de más reactivos, una campana extractora en la que se agolpan más equipos para análisis, dos cromatógrafos de gases nuevecitos, un cromatógrafo algo más antiguo (por decir algo), sillas con ruedas por todas partes, y, finalmente, en la pared de las ventanas, la mesa de trabajo con cuatro ordenadores (sólo funcionan dos), un equipo de música con tocadiscos (para oír la radio), catálogos comerciales y libros de consulta (tesis, tesinas y proyectos fin de carrera, fundamentalmente) y más sillas con ruedas, éstas de oficina. Así se describe, muy brevemente, mi lugar de trabajo, el cual se encuentra, junto con otros dos laboratorios de análisis y uno de prácticas, en la planta baja de uno de los edificios de la Uex. Mi uniforme: una bata que debería ser blanca, cuyo color varía en función del día y de la zona de la bata (mejor no detallar más, tampoco es que me sienta orgullosa por esto).


La vida allí es más que apasionante, os lo aseguro, si bien es verdad que desde fuera no llama para nada la atención. La emoción está dentro, pero dentro del todo, dentro de cada vaso de precipitado, de cada reactor, dentro de cada taca, de cada recipiente de materia prima, dentro de cada cuaderno o cada ordenador. No es fácil describirlo, y hasta puede parecer absurdo, tengo que reconocerlo, pero es cierto. Es la fortuna del que trabaja en lo que le gusta. Un investigador (no sé si yo debería llamarme así todavía, para mí lo dejaremos en pseudo) sólo mira el reloj para controlar sus experiencias (antes llamadas experimentos), un investigador se exalta con cada dato y se angustia con cada mal resultado, un investigador pregunta y pregunta y pregunta y pregunta… creo que no hay mente más curiosa. No, no la hay, ni más paciente. Después de una larga carrera universitaria, tienes la suerte de entrar en un grupo de investigación, un grupo que ya lleva años en una determinada línea y de la que sueles saber muy poco. Comienzas a documentarte, a leer diversos trabajos, y artículos, muchísimos artículos, no se puede arrancar de cero. Y por fin llega el día que comienzas tu propia investigación (o continúas una anterior, es igual, la haces tú). Da mucho miedo, miedo a equivocarte, miedo a no saber tener iniciativa, miedo a no saber interpretar los datos, miedo a que no salgan las cosas como deberían… es todo terror. Sin embargo, una vez que comienzas, una vez que tu instalación está lista y pulsas el cronómetro toda la desconfianza desaparece, todos tus sentidos se concentran en lo que está pasando y cada muestra es una apasionante pista del resultado final. En bastantes ocasiones, preparativos, experiencia, análisis, etc. no sirven de mucho porque descubres que no ha ido bien. Pero no puedes detenerte, debes descubrir por qué no ha ido bien y volver a probar. Horas, un día o incluso varios. Siempre hay que continuar y siempre es diferente. Eso es lo más divertido. No hay mente más curiosa, más paciente, ni más optimista.

(esto último me ha hecho sonreír, porque el optimismo no es una de mis facultades precisamente, contrasta con mi carácter, supongo que hay una especie de equilibrio entre mi trabajo y mi vida)

Pero también tiene que hacer otras labores que se alejan de la experimentación y las matemáticas, y que son tan importantes como aquéllas pero menos satisfactorias, no todo es una fiesta: están los congresos donde expones tu trabajo; escribir artículos, revisarlos, rezar para que te los admitan, etc., porque es la única forma de demostrar que trabajas; las memorias de los proyectos para justificar tu financiación; conseguir más financiación para seguir trabajando, y un aburridísimo etc. Por eso, cuando a mí me toca una de esas rachas (porque además suele coincidir todo en el tiempo, no sé muy bien si a propósito o no), me concentro en ese slogan, me concentro en pensar que la emoción volverá pronto, la química es vida y progreso, la química es vida y progreso, la química es vida y progreso… y yo quiero seguir progresando, quiero vivir en mi trabajo.

Habrá quien no lo entienda, pero si no fuera por él, si no fuera por las buretas, las pipetas, las micropipetas, los hornos, los baños, las placas, las botellas, los erlenmeyer, los kitasatos, las peras, los septum, los filtros, las bombas, los trípodes, los viales, los equipos de análisis (maravillosos todos), las balanzas de precisión (o granatarias, que son muy útiles también), las probetas, los agitadores, los reactores, los tubos de silicona, las llaves, las tes, las nueces, las tuercas, las férrulas, la caja de herramientas (ya semidesnuda), los tubos de ensayo, los embudos, la centrífuga, el microondas, los cronómetros, las sondas de temperatura, los refrigerantes, las lámparas ¿ya he dicho los reactores? es que son muy importantes, y muchas cosas más, no sé qué haría.

Sé que muchos os habréis saltado el párrafo anterior, os perdono. Reconozco que ya parecía el “Un, Dos, Tres, responda otra vez” a la pregunta de: “Material de laboratorio”. Es verdad, pero fuera de las paredes del edificio, y más aún fuera de los límites del campus, hay pocas oportunidades de hablar de todo esto, hay pocas oportunidades de enumerar todas estas palabras, y como el resto, son palabras. Mi trabajo es tan aburrido como todos los trabajos, pero para mí es importante y merecía un pequeño homenaje.

P.D. Ha quedado un texto muy insustancial, quizás hasta pobre, pero esta vez no buscaba lo literario sino la forma de seguir hacia delante, y es este mundo el que consigue que mi vida no se resquebraje del todo. A partir de aquí estoy más abierta a nuevas inspiraciones, por tanto, gracias por vuestra paciencia.

P.D. 2. Inuit esta entrada no existiría sin ti, ya lo sabes, aunque espero que no te arrepientas ahora de habérmelo propuesto, je. Perdona porque no encontraba la clave de humor que me pedías, sólo me ha salido algo someramente descriptivo. Lo importante es que he conseguido el objetivo: volver a escribir. Gracias Petita Inuit.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Otoño


Cristales hechos añicos, espejos de mi propia imagen. Gusanos abriéndose camino por mis entrañas sin piedad, galerías infinitas de caos expandiéndose. ¿No lo ves? ¿No lo sientes? Ya ha ocurrido alguna vez. He estado al borde del abismo más veces, pero en esta ocasión va más deprisa y tengo miedo. Ayúdame a no morir por dentro. No quiero ser hielo. No quiero brillar.
Me encantaría comenzar a reprocharte, sin parar, con rencor, dejar que los gusanos salieran por mi boca y los cristales resbalasen por mis ojos, contagiarte mi dolor, que sintieras como siento cada espina que crece a mi alrededor. Odiarte, quiero odiarte, porque voy a morir por dentro. Ya ha empezado, lo presiento.


(Foto: Caos, Lluis Sabadell Artiga)

Puedo volver, puedo callar, puedo forzar la realidad,

puedo doler, puedo arrasar, puedo sentir que no doy más

puedo escurrir, puedo pasar, puedo fingir que me da igual

puedo incidir, puedo escapar, puedo partirme y negociar la otra mitad


Puedo romper, puedo olvidar, puede comerme la ansiedad

puedo salir, puedo girar, puedo ser fácil de engañar

puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar

puedo vencer, puedo palmar, puedo saber que sin vosotros duele más


Puede ser que mañana esconda mi voz, por hacerlo a mi manera

¡Hay tanto idiota ahí fuera!

Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera

¡Sálvese quien pueda!


Puedo torcer, puedo lanzar, puedo perderme en la obviedad

puedo servir, puedo cansar, puedo saber que sin vosotros duele más


Puede ser que mañana esconda mi voz, por hacerlo a mi manera

¡Hay tanto idiota ahí fuera!

Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera

¡Sálvese quien pueda!

("Sálvese quien pueda". Galván, Vetusta Morla)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Teoría de los espíritus

Hace un año y dos días Ana me regaló una historia, una historia muy especial, que escribió en un cuaderno muy especial.


Cuenta la historia que tiempo atrás vivían dos amigos que eran el uno para el otro. Su relación se alargaba a través de los años sin tropezar ni una sola vez en los muros y barreras a los que la vida les iba enfrentando día a día. Siempre fuertes. Siempre impasibles. Siempre bajo el abrigo de su dependencia independiente…

Sin embargo, no todo es feliz en esta historia. La muerte, continuamente acechando, sobrevino al joven espíritu de uno de ellos de forma inoportuna.

Tristeza, agonía, pena, culpa, frustración, dolor…Todo ello describía los sentimientos de aquél al que la muerte no había devorado. La tragedia inundó su alma sumiéndole durante el resto de su vida en una amargura jamás comparable. La soledad marcó el fin de sus días. El contraste entre la vida previa al muro de la muerte y su vida posterior era vertiginoso. La sombra que cubría la existencia del superviviente era la peor condena a la que cualquier reo pudiera ser condenado. Pero él era inocente…

Su condena duró seis largos años. El horror dominaba su vida hasta que llegó aquel luminoso día de Noviembre. Se iniciaba un mes y se acababa la condena de un ser… Felicidad. Sentimiento entonces predominante en él.

Su vida mortal, asimismo, fue decisiva para definir su nueva vida espiritual. El ciclo de reencarnación se inició concluyendo en el traslado del alma a un recién nacido, fémina, alumbrado en otra región del mundo completamente diferente…

Dieciocho años de existencia espiritual esperando noticias del paradero de su viejo amigo, nunca olvidado. Fue un viaje a otro país el que les hizo llegar el uno al otro. Casualidades inconexas que dieron sentido a su nueva vida espiritual. La decisión de ese lugar en el último momento, la fecha…Todo ello coincidente y fruto de la más pura casualidad.

En aquella ciudad perdida, desconocida para ambos, contactaron después de casi diecinueve años para uno y veinticinco para el otro… Rápidamente sus cuerpos mortales conectaron ignorado la situación de sus almas.

Veinticinco años antes su amigo había muerto. Veinticinco años antes había iniciado un ciclo de reencarnación que le llevó a un bebé de sexo contrario cuyo destino quiso que, a pesar de sus miedos, acabara aquel Agosto en otro país desconocido…

La comunicación de los espíritus era brutal. Sin palabras transmitían sus sensaciones. Su chi era realmente grande sin necesidad de que sus cuerpos emitiesen señal alguna…

El paso de los días relacionaba los cuerpos hasta llegar a una intimidad incompresible para ambas. La complicidad marcaba su estancia. Se buscaban, se observaban, se ayudaban, se temían…Finalmente, se besaban…

Tristemente, la estancia en esa ciudad ajena terminaba para ambas. La vuelta a la realidad se acercaba. Esa realidad en la que cada una tenía su vida. Cada una tenía su historia y en ninguna aparecía la otra. Simplemente en el recuerdo. Los espíritus, tras años de búsqueda, se distanciaban de nuevo.

En cambio, nunca se produjo totalmente la llegada a la realidad. Ambas se negaban aun habiendo dejado ya aquella ciudad. Continuaban náufragas entre la tierra del ensueño y la realidad que jamás querían alcanzar…

Casualidades ciertamente provocadas hicieron que los dos cuerpos mortales arribaran en la realidad de la mano, deseando no separarse nunca. Sus espíritus, felices de ser los causantes de los sentimientos de sus cuerpos…

Y es que sólo un mes después de su encuentro, parecían haber transcurrido años. De ahí que los cuerpos creyeran que en otra vida ya estuvieron juntas…En la nueva vida, otro país, otro cuerpo, otra época…Todo había cambiado. Todo, menos esos dos espíritus que iniciaban una nueva vida…Juntos otra vez…

jueves, 11 de septiembre de 2008

Vuelta al verso


Dolor de dientes desgarrándome
despojada de descanso

desolada, destruida, desquiciada


Deambular de dudas destruyéndome,

doctrina del desencanto
deprimida, desalentada, derrotada

Dime dónde descansar

dime dónde despertar


Desaparecer difinitivamente


Deshacerme del disfraz



(Inspirado por el personaje de Retirada, de Carmen Martín Gaite)

martes, 9 de septiembre de 2008

Carta



Viaje de final de curso de 7º de E.G.B. Muchos años, y muchas cosas. Éramos simples compañeras de clase, y no de las que tienen una buena relación precisamente, pero tu faceta de celestina te pudo, y yo era todo un reto, lo sé. La semana siguiente fue larguísima, siempre hablando de lo mismo, y yo con mi NO constante, creo que era la única palabra que pronunciaba en el camino del colegio a casa. Pero tú no te rendías, en eso no has cambiado nada. Al final acepté, justo una semana después, y ni siquiera te conté que lo había decidido, fue uno de mis primeros impulsos inexplicables, aunque, a diferencia de la mayoría de ellos, aquél no te molestó. Así comenzó todo, pasamos de compartir aula (desde los cuatro añitos, si es que nuestra historia es de toda la vida) a compartir vidas, a ser inseparables, no se concebía a la una sin la otra, y mucho menos a la otra sin la una. El año que siguió está plagado de anécdotas, nos estábamos conociendo de verdad y era muy emocionante, ya desde el principio se intuía que no era una amiga más, no como el resto… y mira que tú tienes amistades de las arraigadas, todas muy especiales, todas con su propia historia.

El punto de inflexión, el primero al menos, llegó en el instituto, en clase de Lengua y Literatura de 3º de E.S.O. Hablamos hace muy poco del tema, de aquel momento, de cuánto significó y por qué, y te dije que justo el día anterior había escrito un post contándolo, pero al final no lo publiqué. Se borró, o al menos no encuentro el borrador, pero no importa. “Nubosidad Variable”, esa fue la recomendación de nuestra profesora para nosotras, sólo para nosotras, y además lo leímos al mismo tiempo, párrafo a párrafo, carta a carta, Mariana y Sofía, Sofía y Mariana… Nunca dijimos quién era quién, ¿verdad? Te dejo que lo decidas tú, siempre se te han dado mejor esas cosas. La cuestión es que ese libro cambió por completo nuestra amistad, por exagerado que parezca, había momentos en los que no sabía dónde terminabas tú y comenzaba yo. Poco a poco fuimos construyendo nuestro mundo, éramos compañeras de clase, vecinas y estábamos juntas en casi todas las actividades extraescolares, y aún así, nos escribíamos, por todas partes. Había carta a las 7.45 de la mañana, en los recreos, a las 14.15 de la tarde, en la siesta… daba igual. No sé si tienes idea de las noches que no he dormido escribiéndote, claro que sí sabes las tuyas. Pero no sólo las cartas, las horas de “estudio”, las conversaciones hasta las tantas, las tardes de domingo, las acampadas con sus noches a luz de las estrellas… Mil cosas.

Los años de instituto, entre nosotras hay un sinfín de momentos, pero, de tener que elegir, creo que me quedaría con los años de instituto juntas, con todo. Aprendimos a apoyarnos en la Literatura, a leerlo todo, a escribirlo todo, quizás es en lo único que nos hemos parecido siempre. Y nos ha ayudado a ambas durante esos tiempos en los que, bueno, en fin, en esos tiempos. No sería quien soy sin ti, este blog no sería lo que es sin ti. Por eso esta carta en la red, por eso aquí. Porque aunque no sueles comentar sé que lo lees, igual que sabes que yo te leo a ti. Porque aunque son blogs muy diferentes, y últimamente lo son aún más, no sé por qué, necesitaba decirte que sigues presente, que alguna vez te cuelas en mis historias, y no veas lo que me tranquiliza eso.

Me he quedado en los años de instituto a propósito, pero no olvido ningún detalle de lo que prosigue, cómo hacerlo. Es sólo que quizás todavía tengo la ilusa esperanza de que un día escribamos juntas ese libro, esas dos caras de la misma moneda que son nuestras vidas, que, con el permiso de Martín Gaite que creo que tendríamos, escribamos nuestra propia “Nubosidad Variable”. Ya sé, ya sé, no pensabas tú precisamente en eso, pero quizá un día…


P.D. Para todo el que esta carta le suene a chino, perdón, pero necesitaba hacerlo.


P.D. 2. Para la única persona a quien se dirige esta carta, perdón también, otro impulso… yo qué sé.

sábado, 6 de septiembre de 2008

¿Diga?



- ¿Diga?
- .... hola
- ¿Eso es todo lo que piensas decir? ¿hola? No sé cómo te atreves.
- ¿Qué esperas que diga? tendré que empezar por alguna parte, algo tendré que decir.
- No te entiendo, de verdad, yo en tu lugar ni siquiera habría llamado, eres despreciable. ¿Qué quieres?
- Pues hablar.
- Yo no quiero hablar contigo. Ya lo sabes.
- ¿Por qué has descolgado entonces?
- ... educación supongo. Pero no quiero hablar.
- Entonces cuelga.
- Tengo más educación que tú, no voy a colgar.
- ¿Y eres tú quien no me entiende? Lo tuyo es increíble. No quieres hablar, no quieres colgar. Escucharás al menos, ¿verdad?
- Ya oí todo lo que tenías que decir. Tampoco quiero escuchar, cuelga tú, por favor... no quiero... cuelga, anda...
- No, yo he llamado, yo quiero hablar, y quiero escuchar, yo no voy a colgar. No te entiendo.

(................................) Silencio, un silencio afilante que no duró más de veinte segundos pero que pareció una cruel eternidad.

- Sigues ahí, ¿verdad?
- Ese es el problema, que siempre estoy, joder. Pero me estoy cansando...
- Te echo de menos.
- (suspiro, un suspiro muy hondo)
- De verdad, te echo de menos. No sé qué me pasó. No... no sé cómo explicártelo. Antes de llamarte tenía el discurso preparado, pero ahora. No sé qué decir. Tú me entiendes. Sabes lo que quiero decir, ¿no? Ayúdame. No seas tan dura.
- No soy dura, estoy cansada.
- ¿Por qué has descolgado? Sabías que era yo... también me echas de menos, lo sabías, y también sabías por qué te he llamado y tú has descolgado porque en el fondo me entiendes, porque sabes que te necesito y tú a mí. Todo puede arreglarse.
- Nunca ha estado arreglado, pero siempre nos hemos empeñado en que funcione. A la fuerza. Y a la fuerza nada funciona. Debemos aceptarlo. Yo lo estoy intentando al menos. Y creo que deberías hacer lo mismo. Nos hacemos daño. ¿No lo ves?
- ...... pee..peeero...
- No me hagas esto. Ya hemos llorado bastante. Déjalo estar. Anda cuelga...
- No... no... voy a... no quiero... no es justo... no voy a...
- Ya te perdoné. Déjalo estar así. Ahora no puedo darte más.
- Esperaré.......a..........
- No lo harás. Esperaré yo más que tú, porque soy así de idiota. Pero tú te marcharás con otra, cuando se te pase, y yo lo entenderé. Y seguiré aquí...
- De verdad. No.
- Sí, y lo sabes. Y esta conversación podría ser al revés dentro de muy poco, y podría ser yo quien te suplique a ti... Pero no puede ser. Y ya lo hemos hablado tantas veces. Estoy cansada.

Esta vez el silencio no duele, es mucho más largo que el anterior, pero es de tregua, es dulce.

- Tienes razón. Yo también. Pero me cuesta creérmelo.

- Lo sé.
- ¿Estás en casa? No oigo ruido.
- ...... sí.
- Iré a darte un abrazo.
- ... es que... no sé si...
- Dime que no quieres.
- Está bien. Ven.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La realidad

He decidido no pensarlo más. Aquí está la segunda parte de la misma historia (Carta en Deberes...). Gracias Santi por la foto:



"Poco a poco sentía cómo naufragaba en medio de la hecatombe en la que se convirtió mi vida. Todo ocurría tan lentamente que se me antojaba irreal, hasta el punto en que, en algunos momentos, no me sentía en mi cuerpo, no era yo, sólo alguien muy parecido a mí. Yo observaba a ese ser desde la distancia, era grotesco, casi cómico. No podía ser yo.

Al principio me resultaba entrañable, no era más que un bache, podría solucionarlo, siempre lo había hecho. Después comenzó a darme lástima, ¿cómo se había dejado arrastrar por la corriente hasta ese punto? No podía reconocerme. Ahora me repugna, cuando ese cuerpo era el mío todo estaba bajo control, lo abandono un momento, por una tontería de nada, y lo pierde todo, no me merece. Yo hice de él quien era, yo a base de esfuerzo y autocontrol le había convertido en un hombre ejemplar, de prestigio, con futuro, con nombre en los negocios, lo tenía todo…

¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿Eso es todo lo que vas a decir? Maldito idiota, que se vaya, no vale nada, ya me tienes a mí. Pero no, tienes que arrepentirte, tienes que ponerme esta absurda mordaza. No sirve de nada. Mírate, que haces ahí delante de esa absurda carta, quémala. Vamos, estás a tiempo, déjame que vuelva a convertirte en el hombre que siempre has querido ser, ya casi lo teníamos.

Uf, por fin. Has hecho lo correcto. ¿Cómo que no puedes? Es muy fácil, ya sé que no hay remite, no aprendes nunca. Mira el sello, no es tan complicado, la localizarás en un momento. Pero si te lo está pidiendo estúpido, es lo que quiere, y después seremos libres. Con suerte sabrá lo que es ir a un hospital, con suerte podrá mirar a sus queridas amigas, ¿no ves que te lo está pidiendo? Ya, ya, tranquilo, después te sentirás mejor. Ya lo verás. Eres mejor que el resto, lo eres…

Sabía que podría encontrarla, nunca fue demasiado lista, seguía en el mismo centro desde el que envió la absurda carta. ¿Por qué la enviaría? Sin esa carta habría conseguido mi objetivo sin ensuciarme las manos. Pero no podía dejarlo estar. Eso nunca. Ella lo sabía y me estaba provocando, así que le obligué a ir allí.

Me ha vuelto a echar, y creo que ya no hay retorno. Aún así ¿por qué iba yo a querer estar aquí encerrado? Y luego ese maldito psiquiatra todos los días, siempre metiéndose conmigo. Pero si todo lo que he hecho, lo he hecho por él. Creo que voy a marcharme, ya no puedo hacer nada. Las primeras semanas me pasaba las noches desesperado pellizcándome una y otra vez, no podía ser, no era yo, no era mi vida, yo lo había planeado todo a la perfección.

Al final no era tan tonta como yo pensaba, la muy zorra. Seguro que no fue idea suya, tuvo que ser idea de su psicóloga, a ella jamás se le hubiese ocurrido protegerse de mí… yo que se lo di todo. Pobre desagradecida.

Así continué durante mucho tiempo, maldiciéndole, siempre a ella, toda mi mierda sobre ella. Después de tres meses de intentos desesperados por convencerme a mí mismo de que todo era un error, comprendí que aquel pelele flacucho y echado a perder, encerrado en una celda de odio y sufrimiento, era yo. Tal vez en eso consistía, tal vez me merecía a mí mismo. Y la lentitud que al principio me había hecho sentir un ente extraño a mi propio ser, fue acelerándose poco a poco, hasta convertirse en vertiginosa celeridad, y yo nunca soporté muy bien la velocidad."

martes, 2 de septiembre de 2008

Deberes...

Estoy tan abrumada por los asuntos pendientes que no sé ni por dónde empezar, pero he de hacerlo, he de hacerlo porque este cuaderno es más mi lugar que ningún otro, y si abandono mi lugar… ya sería demasiada dejadez en mi persona.

Me gustaría no extenderme demasiado, es un propósito que siempre me hago cuando comienzo a escribir, pero esta vez me va a costar más que de costumbre porque no quiero dejar nada en el olvido. Así, queridos amigos, os ruego paciencia entre mis divagaciones pues son las únicas que me proporcionan algo de disciplina en mi ya muy viciada costumbre de escritura. Esta bien, no más rodeos.


Primero a ti, Bruja del Norte. Para agradecerte ese premio de Proximidade (que temo no merecer, por cierto) algo especial:




Eres tú, ésta es tu sonrisa, pícara y sensual. ¿Malvada?, quizás, aunque yo no lo creo. No puedo imaginarte malvada, te imagino serena, ideando un nuevo hechizo con tus ojos ocultos baja el ala del sombrero para que no nos demos cuenta. Te sospecho conjurando un nuevo sueño sobre Gerard, o para él tal vez. Te intuyo danzando en los bosques de nuestra imaginación, animándonos a dejar fluir nuestros mundos. Tus historias están repletas de magia y sólo una hechicera como tú podría emanar tanto encantamiento. Gracias por el premio querida bruja…


Y ahora algo que tenía guardado desde hacía algún tiempo y que he decidido desempolvar:


“Tracé la línea divisoria entre tú y yo, y no me arrepiento. No podía seguir soportando el delirio de tus obsesiones, me asfixiaba con sólo mirarte, y tú sin darte cuenta… ni siquiera sospechabas cuán hondo era mi sufrimiento. ¿A caso te detuviste un solo instante a observarme? Llegaste a repugnarme, y sí, de eso sí me arrepiento, no debí dejar que llegara tan lejos. Decidiste no verme sino imaginarme, preferiste mentirme y engañarte, elegiste un camino peligroso por el que me empujaste a acompañarte. ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué? Sólo sabías hacer esta pregunta. Y era tan obvio… tan abrumadoramente evidente. Pero no puedo culparte de todo, no creas que soy tan injusta, yo tengo la culpa de haber estado ciega, yo tengo la culpa de haberte seguido, yo tengo la culpa de haberte apoyado, yo soy culpable de haberte querido.

Me recuperé hace mucho tiempo, pero me costó demasiado. Cuando por fin abrí los ojos prácticamente había desaparecido mi vida, era un fantasma rondando a tu sombra que casi había olvidado su nombre. Tuve suerte, poco más habría sido demasiado tarde para resucitarme. Y después de tanto tiempo, de tanto esfuerzo, no has desaparecido por completo, sigues persiguiéndome en sueños, sigo asustada por si apareces, sigo teniéndote miedo. Sabes que tengo razón, lo sabes. Sí, sólo fueron dos o tres guantazos los que recibí en muchos años de convivencia, sólo dos o tres guantazos, sólo tres o cuatro patadas, sólo diez o quince agarrones, sólo veinte o treinta forcejeos, sólo cincuenta insultos…

¿hablamos de las vejaciones? No, no voy a seguir, no son necesarios los detalles, sabes de lo que hablo, pero prefieres olvidarlo, bien, yo aún lo intento.

Tuve suerte, tengo suerte, y a pesar de estar viendo el rencor por todas partes en estas palabras, no es exactamente eso, porque ni siquiera te odio, maldita sea, no puedo hacerlo. Esta carta es una recomendación de mi psicóloga porque dice que lo llevo todo dentro, dice que aún no te he dicho todo lo que siento, dice que por eso me persigues en sueños. Y que si te escribo entonces podré odiarte, pero no puedo. Es muy difícil. Yo estoy viva, yo no he tenido que ir ni una sola vez al hospital, no merezco quejarme, yo tuve suerte, no como ellas. No quiero odiarte, sólo olvidarte, no quiero estar aquí, porque ellas han sufrido más que yo y no me lo perdonan, piensan que les tengo lástima porque tuve suerte, pero no es cierto, les tengo envidia. Sus heridas se ven, no hace falta explicar nada. Y no me entienden, no creen que por dentro mis heridas sean como las suyas porque tuve suerte. No es que tú fueras mejor que los demás, es que yo tuve suerte. En eso sí tiene razón mi psicóloga.”