lunes, 15 de septiembre de 2008

Teoría de los espíritus

Hace un año y dos días Ana me regaló una historia, una historia muy especial, que escribió en un cuaderno muy especial.


Cuenta la historia que tiempo atrás vivían dos amigos que eran el uno para el otro. Su relación se alargaba a través de los años sin tropezar ni una sola vez en los muros y barreras a los que la vida les iba enfrentando día a día. Siempre fuertes. Siempre impasibles. Siempre bajo el abrigo de su dependencia independiente…

Sin embargo, no todo es feliz en esta historia. La muerte, continuamente acechando, sobrevino al joven espíritu de uno de ellos de forma inoportuna.

Tristeza, agonía, pena, culpa, frustración, dolor…Todo ello describía los sentimientos de aquél al que la muerte no había devorado. La tragedia inundó su alma sumiéndole durante el resto de su vida en una amargura jamás comparable. La soledad marcó el fin de sus días. El contraste entre la vida previa al muro de la muerte y su vida posterior era vertiginoso. La sombra que cubría la existencia del superviviente era la peor condena a la que cualquier reo pudiera ser condenado. Pero él era inocente…

Su condena duró seis largos años. El horror dominaba su vida hasta que llegó aquel luminoso día de Noviembre. Se iniciaba un mes y se acababa la condena de un ser… Felicidad. Sentimiento entonces predominante en él.

Su vida mortal, asimismo, fue decisiva para definir su nueva vida espiritual. El ciclo de reencarnación se inició concluyendo en el traslado del alma a un recién nacido, fémina, alumbrado en otra región del mundo completamente diferente…

Dieciocho años de existencia espiritual esperando noticias del paradero de su viejo amigo, nunca olvidado. Fue un viaje a otro país el que les hizo llegar el uno al otro. Casualidades inconexas que dieron sentido a su nueva vida espiritual. La decisión de ese lugar en el último momento, la fecha…Todo ello coincidente y fruto de la más pura casualidad.

En aquella ciudad perdida, desconocida para ambos, contactaron después de casi diecinueve años para uno y veinticinco para el otro… Rápidamente sus cuerpos mortales conectaron ignorado la situación de sus almas.

Veinticinco años antes su amigo había muerto. Veinticinco años antes había iniciado un ciclo de reencarnación que le llevó a un bebé de sexo contrario cuyo destino quiso que, a pesar de sus miedos, acabara aquel Agosto en otro país desconocido…

La comunicación de los espíritus era brutal. Sin palabras transmitían sus sensaciones. Su chi era realmente grande sin necesidad de que sus cuerpos emitiesen señal alguna…

El paso de los días relacionaba los cuerpos hasta llegar a una intimidad incompresible para ambas. La complicidad marcaba su estancia. Se buscaban, se observaban, se ayudaban, se temían…Finalmente, se besaban…

Tristemente, la estancia en esa ciudad ajena terminaba para ambas. La vuelta a la realidad se acercaba. Esa realidad en la que cada una tenía su vida. Cada una tenía su historia y en ninguna aparecía la otra. Simplemente en el recuerdo. Los espíritus, tras años de búsqueda, se distanciaban de nuevo.

En cambio, nunca se produjo totalmente la llegada a la realidad. Ambas se negaban aun habiendo dejado ya aquella ciudad. Continuaban náufragas entre la tierra del ensueño y la realidad que jamás querían alcanzar…

Casualidades ciertamente provocadas hicieron que los dos cuerpos mortales arribaran en la realidad de la mano, deseando no separarse nunca. Sus espíritus, felices de ser los causantes de los sentimientos de sus cuerpos…

Y es que sólo un mes después de su encuentro, parecían haber transcurrido años. De ahí que los cuerpos creyeran que en otra vida ya estuvieron juntas…En la nueva vida, otro país, otro cuerpo, otra época…Todo había cambiado. Todo, menos esos dos espíritus que iniciaban una nueva vida…Juntos otra vez…

8 comentarios:

Nuria dijo...

Me ha gustado muchísimo esta historia! Yo también creo en la reencarnación, y me da envidia la suerte de estos dos personajes que se vuelven a encontrar a lo largo de los años, sin importar cómo ni la manera. Un encuentro precioso.

Me has hecho querer pensar que esto también pueda suceder en la realidad.

Y por supuesto, gracias por los comentarios hacia mis textos, no sabes cuánto me alegran :)

Un beso!

elshowdefusa dijo...

Buscando un día fotos para las entradas de Bergai, me encontré con esta que has utilizado para esta historia. Cuánto me impresionó, es increíble.

Tengo que decir que útlimamente ando algo escéptica en cuanto a almas gemelas y todo este rollo, aunque tuve una época en que confiaba en ello plenamente. Sobre la reencarnación nunca he reflexionado, pero más bien no creo. Pero sí creo en una cosa... en las casualidades, en las señales, en esas cosas inexplicables que unen. Y, después de leer este cuento, me doy cuenta de que quizá no todo esté tan alejado... las casualidades, la reencarnación, las almas gemelas...

Qué bonito miras, Gloria.
Un abrazo enorme.

gloria dijo...

NURIA: A mí me encantó esta historia cuando me la regalaron, y decidí esperar un poco... Un año después la he publicado para compartirla, y para demostrarle a su autora que todos tenemos cosas que contar y compartir (por supuesto con su permiso, je). Y ¿sabes? creo que puede hacerse realidad, llámame ingenua, pero lo creo, aunque a veces sea demasiado efímero. En cuanto a mis comentarios, son mi humilde y más sincera opinión, nada de gracias! ;) Besos Nuria.

FUSA: A mí me ha pasado lo mismo con esta foto y me ha parecido muy oportuna para la historia, no sólo por la historia en sí (que también) sino porque sé que es la que habría elegido su autora.
¿Esceptica tú? je, bueno es normal. He de reconocer que yo he tenido mis rachas, pero como te digo no es una historia mía, sólo es "prestada", con la peculiaridad de... bueno, digamos que hay cosas que, aunque las adornemos un poco, tienen su propia magia, y pueden hacerse reales en un momento dado, y las casualidades, las señales, las cosas inexplicables de esta historia son muy reales. Un abrazo para ti mi querida Fusa

Alfonso White dijo...

Una historia impresionante. La reencarnación es un tema que desde luego da para muchísimos cuentos estupendos, pero eso que narras de un reencuentro... me parece alucinante. Sólamente de pensar en la posibilidad de que algo parecido pudiese pasar, se me pone la piel de gallina.
Aunque me ha gustado mucho, me gustaría saber qué ciudad era esa que nombras.

Saludos.

Inuit dijo...

Al ver la fotografía pensé en una canción de Pedro Guerra que habla de un hallazgo de dos cuerpos abrazados. La canción se titula cinco mil años.Hoy, tú, desde otro punto,la reencarnación,las almas gemelas....
Muchas personas se pasan la vida esperando esa hipotética unión de almas o almas gemelas y viven en un anhelo frustrante.
Les almas se reconocen,unas con más afinidad que otras, pero hay que elegir con autenticidad y no siempre sabemos.
Un abrazo

alfaro dijo...

Lo precioso de la foto es que hayan perdurado los dos cuerpos abrazados a través del tiempo y los hayamos descubierto así, es como si se hubieran muerto por casualidad abrazados... y creo que le va bien a cualquier historia en que el amor sea el tema de fondo..., de la reencarnación y esas cosas prefiero no opinar, cada uno es libre de creer en lo que mejor le parezca...
preciosa enrada.
un beso.

gloria dijo...

ALFONSO WHITE: Me alegra que te haya gustado. Y eso que decía Ana que para qué publicarla si no le iba a gustar a nadie. La ciudad es Glasgow (creo, je, no le he preguntado a la autora, pero estoy casi segura) Un beso.

INUIT: No creo que haya que anhelar nada. Está bien soñar, por supuesto, pero crease expectativas demasiado altas pasa factura. Así estoy yo, frustración tran frustración, je. Un abrazo Inuit.

ALFARO: Tienes razón con la foto, le va a esto y a muchísimas cosas más...Y en cuanto a la reencarnación, bueno, insisto en que es una historia, sin más. Gracias Alfaro, un beso.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Creo absolutamente en todo lo escrito...y es precisamente esa "serendipia" la que nos hace ver la magia ;-)
Por cierto, no sé que nos pasa a tod@s últimamente que no hacemos más que escribir cuentitos, de aquellos que deben contarse susurrando...debe ser el otoño, sin duda!