lunes, 18 de febrero de 2008

Días cortos, noches largas

Últimamente no he tenido lo que podría llamarse buena suerte, en ningún aspecto. Pero si me detengo por un momento a pensar con la cabeza fría (algo que ocurre con poca frecuencia) descubro que, aunque es cierto que no me va bien, no puedo decir que me vaya mal, y menos como está el mundo. Tengo que reconocer que soy demasiado impulsiva, excesivamente sentimental y necesito de la ilusión para empujarme todas las mañanas, que sería todo mucho más fácil si fuese diferente, pero soy como soy. Quien me quiera aprenderá a aceptarlo (espero).


HABLO DE NOSOTROS

Hablo de nosotros

(no sé si es un poema),

hablo de nosotros que no somos sencillos,

pero sí vulgares (como se comprende).

Hablo sin tristeza (y no porque esté alegre),

sin resentimiento (mi odio es de agua fria);

hablo de nosotros y alguien debe entenderme.


Hablo serenamente.

Necesito muy poco

(por ejemplo, mi tiempo);

necesito gastar dinero sin pensarlo,

besar dos o tres bocas (sin comprometerme).

Necesito lo justo (superfluo si calculo),

un delirio alegre (razonable en el fondo);

necesito lo poco que nadie quiere darme,

lo mucho que es un hombre.


Pero soy blando y tonto

(¿quién al fin no llora?);

soy de fango informe que dulcemente arrastra,

de tierra que a ti me une.

Soy de miseria pura (o de amor infinito),

soy de nada, del todo que al mirarte comprendo,

¡oh pequeña, pequeña, pegajosa, tan tierna,

tan igual a mi!


Gabriel Celaya

Algún día prometo escribir algo mío, cuando pierda la vergüenza y recupere la fuerza para volver al verso, hasta entonces creo que no hay nadie mejor que Celaya para ayudarme. Gracias, aunque pienses que no tengo motivos, gracias.

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