Hace dos años, me emocionaba dando la enhorabuena desde mi humilde rincón a Olvido García Valdés por este Premio Nacional. Hoy esa emoción se mezcla con otras sensaciones, todas parecidas, todas salidas de un lugar que tú, querídisimo poeta, afirmas que no existe pero que cada vez tengo más claro que llegaremos a conocer.
Después de tanta noticia triste en este año en el que maravillosos poetas nos han abandonado, es un placer poder darte la enhorabuena por el Premio Nacional de Poesía.
Gracias, Juan Carlos Mestre, por tu generosidad, por entregarte a la imaginación como único lenguaje, gracias por tu humildad y por tu poesía (y por ese ángel protector que me acompaña a todas partes).





LA CITRONETA AZUL

A Amancio Prada

En una citroneta azul
haciendo sonar el claxon de la luna

voy de regreso al pueblo donde mis amigos

salen cada noche a esperar los ovnis.


Sueñan en el cielo las estrellas

y las fugaces sombras de las niñas muertas

elevan en los prados sus cometas

con recados para los platillos voladores.


Todo esto se podría decir de otra manera

si allá tras las cortinas del espacio

existiera el silabario, el colibrí, la esfera

del vagabundo aerolito de los pájaros.


Yo no espero otra luz que la tristeza

de quien regresa a una escuela abandonada

donde aletean todavía en la pizarra

las mariposas blancas de la melancolía.


De La casa roja, Juan Carlos Mestre


Sólo conozco tus grabados y tu poesía, por eso te hablo como si te conociera. Mis más sinceras felicitaciones, querido poeta.



(Oswaldo Guayasamin)



"Me he mirado despacio
y no me encuentro
"

(De Si temierais morir, Vicente Gallego)



Perdón por no haber perdido la esperanza. Quizá mi torpeza resida en creer que el punto de apoyo del que hablaba Arquímedes es la imagen que de Roma devuelve un charco en medio del desierto salado. Perdón por soñar con las desapariciones. Tal vez escogí la ingenuidad de una nube de acuarelas porque me aterra la frialdad de los cordones de zapatos. Le pido perdón a la noche que no entendió por qué desgasté mi madrugada en coser el canto del grillo a mis párpados. Perdón también por las luciérnagas y la ración de bienvenidas. Es posible que haya inundado de equivocaciones mi presente sin más aspiración de futuro ni memoria de pasado que la palabra libélula. Perdón por aferrarme al ángel protector que me regaló un poeta entre palabras rojas. Probablemente confunda el lenguaje de las caracolas azules, ése que no cree en el límite de los significados, sí, es muy probable que haya confundido el idioma y la ley moral que me invita a llorar abiertamente por el destino de las flores de los cementerios, pero no me arrepiento. Perdón por mi condescendencia con las tumbas porque no son las culpables de la cruz. Perdón por abrazar la locura y sonreír a los paraguas. Perdón por el ropero lleno de palabras y por los cajones libres de recuerdos. No sé a quién estoy pidiendo perdón y pido perdón por eso, por no saber pronunciar un nombre a tiempo y perderme entre las líneas de un instante banal, siempre me ocurre que dibujo sombreros para no pintar la mirada y me precipito en los abismos por no saludar a los espejos. Perdón por estar reconociendo cuánto miedo tengo. Perdón, y ya termino, por creer que nunca me he ido y decir que estoy volviendo.



"
Amanece una hoja seca dentro del vaso de agua junto a tu ventana"

(Perígrafes, Alejandro Candela Rodríguez)



te observo

como quien presencia un milagro
al borde de la desaparición,
(conmoción en pálpito infinito)

no conoces lo imposible

tu imagen llama a la luz y me ciega,

se eleva
impávida tu sencilla existencia
y mientras, los límites del agua
te besan

ya te he descubierto: tú eres la belleza



(Si queréis, podéis leerme también aquí: El taller)
(El pez volador, Herbet James Draper)


no recuerdo

qué llave de qué puerta

me condujo al murmullo de estas aguas de silencio

que mojan mi nombre y calan tus palabras,


soy ya parte de este río
tan tuyo

tu mirada sola ha ungido mi piel de triunfos

y mis ganas se han vestido de nadas azules,

escamas de tiempo líquido en tu orilla


navego en tu corriente
, anhelando
la desembocadura de mis miedos
en tu boca
(Las horas colgadas, José Hernández)



"se desprende de tu mirar el magnífico abandono de los animales adormecidos"


(De Dispersos De Milfontes, Al Berto)



La ciudad se ha fugado
del incendio que consume los estambres;
busco refugio en sus esquinas pobladas
de reptiles ciegos.

El tiempo languidece
contando las horas secas;
inmóvil, me abandono a la agonía
de un recuerdo confundido entre las piedras.

Espero la desaparición
de la sal y el sabor de la espuma,
espero la costumbre
de la herida y el color del frío.

El silencio se acomoda
sobre las calles
moribundas,
en la quietud de la noche
me emborracho de saudade.



"Después

sólo quedó el silencio
como un brazo de luz hurgando en los cristales"

(De Métodos del recuerdo, Pablo Martín Coble)



Porque pudo ser un sueño,
no confío en el ardor de mi cuerpo,
ni en el azul infinito invadiendo la cortina
del amanecer de cualquier día.

Porque pudo no ser cierto,
no escribo versos con tu nombre,
ni busco las huellas del agua
que disuelvan el recuerdo de tu imagen.

Es sencillo soñarte
con los ojos
abiertos y un libro
en blanco, ávido
de palabras de ti.

Me resguardo en el silencio de tu lenguaje,
en la duda de tu sombra, en el reflejo
de un instante sin olvido ni memoria.



Si hay algo de lo que no podría arrepentirme nunca es de haber comenzado este blog, porque es de los pocos lugares en los que siempre recibes mucho más de lo que das. Todos sabéis tan bien como yo a lo que me refiero, y estos dos días anteriores me han vuelto a demostrar que tengo razón. Vuestros comentarios en mi última entrada son la prueba más fehaciente de ello, y a veces pienso que decir un simple gracias no basta (sé que os basta, pero me sabe a poco). Pero de momento, es lo único que puedo decir, gracias a todos por ser y estar en mi vida.

Por si fuera poco, ayer recibí una noticia que me llenó de alegría y que no puedo dejar de compartir. En mi entrada "Quebranto" tenía este comentario:

"en portugués:
http://incomunidade.blogspot.com/2009/07/quebranto.html"

Hace algunos días, Alfaro nos hablaba de la admirable labor de los traductores y nos acercaba la traducción de un poema de Friedrich Hölderlin realizada por Leo de Mar. Yo le comenté en aquella entrada que estoy leyendo poesía portuguesa y que debido a mi escaso conocimiento del idioma sentía que me perdía mucha belleza, lo que confirma lo difícil que es el trabajo de los traductores (de la poesía, especialmente). Ella me animó a seguir, a intentar traducir algún día uno de mis favoritos (no lo he olvidado pero me da demasiado miedo).

Que alguien se haya tomado la molestia de traducir un poema mío es el mejor de los regalos. Obrigado Alberto, no lo merezco...

Estaréis de acuerdo conmigo, vivir es raro y maravilloso.

"A mí no me extraña. Es que todo es muy raro, en cuanto te fijas un poco. Lo raro es vivir. Que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer, que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria y que de esas ganas dependa a lo mejor el destino, es mucho a la vez, tú, no se abarca, y lo más raro es que lo encontramos normal."

(Lo raro es vivir, Carmen Martín Gaite)



Me pierdo en la huellas borradas mientras sigo pisando el aire.

Se me han atragantado los años y todas las horas etéreas.


No puedo detener mi ansia de vida en medio de la locura de dátiles maduros y raíces creciendo.


Y esta realidad extraña se ha enquistado a tu paso, huérfana de ti y de mi esperanza.


Por eso, me ofrezco a ti que no estás más que en mi casa, a ti que me miras desde entonces para recordarme las palabras que olvido.

Tu mirada es rotunda en el secreto de mis sueños, pese a la crueldad de sospecharte perdida en el reflejo del desierto, al que quizás alguna vez te desterré, del que siempre vuelves con arena en los bolsillos para enterrar mis dudas.

Has probado la miel de las sonrisas y lamido la soledad de las heridas.

Tal vez, no pueda ofrecerte más juegos que el de los mordiscos livianos a una vida que no nos pertenece.

Pero no sueltes mi mano, no todavía, aún necesito tu risa para hacerme cosquillas en el ombligo.




(Gustavo Vásquez)



"Memoria, olvido,
imagen,

luz quebrada"


(de Pájaros de Granito, Alberto Cubero)




De aquellos días conservo
una vasija de palabras consumidas,
olor de barro ajado sudando
ruidos de un pasado prófugo

(busco tras su eco urgente la justificación de tu existencia)

La voz helada de esas noches
me persigue en forma de nubes,
amarillas por el hierro de tus manos,
lluvia férrea tatuada en mi
memoria púrpura

(metales acuáticos, látigos de viento y tu voz oxidada en medio)

Ahora la mañana bebe
de la cuenca de mis ojos, se cuela
por mi pelo empapado, me cura
de ti y de tu risa cóncava

(lloro por asesinar tus palabras y no poder hallarte en el fango)
(Safo, Charles August Mengin)



"Cúbrome toda de sudor helado;
pálida quedo cual marchita yerba;

y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,

muerta parezco"


(Safo de Lesbos)





Esta luz... tan efímera
como la certeza
de las horas
en un letargo
interminable, perecedera
como la prudencia de mi voz

en brazos de la locura,
trama entre mis manos
hilada por alientos
de pájaros moribundos.

Y, sin embargo... tan viva
que puedo advertir sus latidos
interrumpiendo la soledad del ocaso,
vehemente en el incendio
de un instante definitivo,
llaga en mi piel
teñida por la sangre
de guerras fracasadas.

Esta luz perpetua
y, sin embargo, tan necia
se suicida una vez más
en el abismo de mis días.



(Círculo Negro, Malevich)


Tengo hormigas en el cuerpo y arena en los ojos.


Mis manos son raíces arrancadas buscando patria en el viento.


En esta vida de pasos velados, la soledad cristaliza en mis venas.

Quiero deshacer la costumbre de mis horas, perderme entre las páginas del silencio, pero aún estamos mi voz y yo interrumpiendo la nada.

La noche no quiere mi sosiego, dice su murmullo, habla con mi miedo.


Me inunda un lenguaje que desconozco, que no tiene palabras más que en este vacío ciego.

Mi voz pronuncia el verbo. En mis labios se abandona su significado.



(Mond Guter Dinge, Max Ernst)



"¿Qué hacer con este cielo

que se marchita en mis hombros?"


(De "Homenaje a la soledad", Adonis)




Aún advierte mi cuerpo
el vértigo cálido
de tu misterio
y ya veo la caída del péndulo
atravesando la bruma
.

No quiera el tiempo
curar mi anhelo,
cuando busque
entre el olor de tu ausencia
el jazmín de la noche empedrada.

No quiera dejar de llorar
el eco de tu recuerdo,
cuando pierda
la dulzura de la lágrima
en el umbral de mi garganta.

No quieran los cielos
agotar la furia
del relámpago que me atraviesa,
esta sutil angustia
que te entrega a mi memoria.

Me abandono en tu mirada,
todos los cielos regresan
a tus párpados.



(Michel Larionov)


"Igual que en la ética el mal es consecuencia del bien, en realidad de la alegría nace la tristeza. O la memoria pasada es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido"

De Berenice, Edgar Allan Poe


Ahora que el tiempo se detiene
en esta absurda ebriedad de luna,
que los espacios de mis huesos se liberan
de todo antecedente, y no soy
más que el tenue reflejo de un pétalo muriendo;

ahora que escapan las palabras
por las esquinas de mis ojos,
que tus oídos desconocen mis lágrimas
de miedo, y el valor
se esconde al amparo del abandono,

deja que mi aliento descanse
sobre el lecho de tu memoria,
consiente ahora que mi cuerpo sangre
el hastío de tu desvelo,

ahora que no encuento
cómo sobrevivir a este vacío,
de ti tan lleno
(Federico García Lorca)


"Nunca comprenderemos

lo desconocido.

Se ha apagado mi luz.

Estoy viejo y marchito,

y no vi descender

de la rama el rocío"


(El Gusano de luz 3º, en la escena V de "El maleficio de la mariposa", Federico García Lorca)




(Homenaje a Federico, Camarón de la Isla)


Esta tarde buscaba un árbol que me cobijase del lamento de la primavera. Y pensé en tus versos. Recordé esa encina vieja de bellotas metafísicas a la que una vez suplicabas. Recordé cómo pedías que una azul melodía surgiese del fondo de su resina para aliviar tus lágrimas. Qué mejor refugio que tu poesía. Palomas oscuras surgiendo de las ramas del laurel para llevarme lejos, para borrar el negro y profundo pentágrama sin clave que trae la lluvia. Canciones para alejar el llanto, canciones para que no duela tanto querer como quiero, canciones en las que esconder el secreto de la primavera. Ay, poeta, me trajiste el alba clareando la noche y el coral de la vida abrió su rama. Ahora vengo a escribirte y no me sale la voz del cuerpo, no hay palabra que no te hayan dicho, ni verso que no hayas soñado. No hay cigarra, ni luna, ni clavel, ni guitarra, ni chopo, ni hombre, ni mujer, ni niño que no te haya besado. Pero no me iré sin darte las gracias, no marcharé al sueño sin dejar asomar tu nombre, en un susurro, Federico, no hizo falta más que tu verso caliente, y nada más, en un susurro, sólo tu verso caliente, y nada más, Federico, una enorme luz que fuera luciérnaga de otra, en un campo de miradas rotas. Dilo tú, Federico García Lorca:


MADRIGAL APASIONADO

Quisiera estar en tus labios

para apagarme en la nieve

de tus dientes.

Quisiera estar en tu pecho

para en sangre deshacerme.

Quisiera en tu cabellera

de oro soñar para siempre.

Que tu corazón se hiciera

tumba del mío doliente.

Que tu carne sea mi carne,

que mi frente sea tu frente.

Quisiera que toda mi alma

entrara en tu cuerpo breve

y ser yo tu pensamiento

y ser yo tu blanco veste.

Para hacer que te enamores

de mí con pasión tan fuerte

que te consumas buscándome

sin que jamás ya me encuentres.

Para que vayas gritando

mi nombre hacia los ponientes,

preguntando por mí al agua,

bebiendo triste las hieles

que antes dejó en el camino

mi corazón al quererte.

Y yo mientras iré dentro

de tu cuerpo dulce y débil,

siendo yo, mujer, tú misma,

y estando en ti para siempre,

mientras tú en vano me buscas

desde Oriente a Occidente,

hasta que al fin nos quemara

la llama gris de la muerte.


(Emil Nolde)



"Pero al mismo tiempo es todo tan fugaz. Siempre fui e inmediatamente dejaba de ser. El día transcurre a su aire y hay abismos de silencio en mí."

De Un soplo de vida, Clarice Lispector



veo tus ojos posándose en la rama
y acabo mi mirada en la última
sombra del día; vértigo de horas
muertas, bajo el cansancio del alcanforero

permíteme la claridad de los abismos
al amparo del crepúsculo; vacío de ti
la fugacidad de esta añoranza
para deshacerme en la nada transparente

tu voz me abandona lenta
y detengo la palabra al borde

hazme ausencia presa en tu recuerdo
(Yves Tanguy)


"llueve sobre una mujer, la lluvia deja de ser lluvia, la mujer deja de ser mujer"
(De La tumba de Keats, Juan Carlos Mestre)


recibo la vileza del relámpago
cuando extirpa mi sombra,
mientras busco la vereda del camino incuestionable
en mi locura de espuma negra; abandono
la piel de mi presencia
en el recodo donde habitas, y silencio
el lamento del llanto sangriento
que lacera mis oídos

escucho ahora el ruego
del trueno, llega la luz
de la espuma transparente a mis párpados,

será que estoy fluyendo en la corriente
de mi angustia

será esta sequía de ti, naufragando en mi boca
(Georgia O'Keeffe)


"En ciertos casos, mis palabras podrían atravesar tus labios, entrar despacio en tu existencia; no lo que dicen sino las palabras mismas, su exhalación caliente como el amor"

De "Descripción de la mentira", Antonio Gamoneda




como si aparecieras en la bóveda
de mi sueño y rozaras mi pensamiento
para acallar los ruidos metálicos de cuchillos antiguos,

como si tus manos empujasen
el oxígeno con sabor de verso en mis pulmones,
y se perdiera tu claridad por algún rincón de mi abismo,

has llenado mi palabra de existencia
y tú, deshabitado, eres en mí el verbo que devoro,

de ti brotando, en ti me extingo




("Nudo Dolente", Amadeo Modigliani)


Arrastro mi existencia olvidada
de ti, en ejercicio de desarraigo feroz; clamo
la ignorancia del cálido sustento,

ayer curaste mis silencios de ojos sangrantes
y venenos mortales


vísteme hoy del frío que extravíe tu recuerdo,
y en la noche, abandónate
de mí,

vuelve a tu claridad de soles,

estoy enfermando de luz

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